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Bibliaventura

Estamos en la era digital. Así que para no quedarme atrasado, mi libro para niños "Bibliaventura", que en el pasado sólo había estado disponible en pasta suave, ahora está en ebook en formato Kindle, a $.99 USD. 


No necesitas un Kindle para leer la novelita. Simplemente baja la Kindle App completamente gratis, y podrás leerlo en tu iPod, iPad, smartphone, o en tu computadora. (Para bajar la Kindle App, clic aquí).


Aquí les paso la sinopsis del libro:


Alex y Sara son dos niños ordinarios con una imaginación extraordinaria. Un día su mamá les trae un libro llamado: Bibliaventura. Usando su imaginación, Alex y Sara se trasladan a una tierra regida por la malvada reina Jezabel, quien obliga a todos a adorar a su dios Baal. Pero Alex y Sara no tienen pensado adorar a un dios falso.

Ésta es una historia de aventura y emoción, en donde Alex y Sara viven emocionantes aventuras y conocen a personajes interesantes, incluyendo al profeta Elías. Por lo más importante, aprenden el valor de la Fe en Dios.

Para niños de cero a noventa y nueve años. 



Para comprar, da clic aquí.

Braulio

Braulio levantó las manos y dijo, “¡Gané!”. Le dije que era mi turno. Tomé una roca del suelo y la lancé hacia la tapa de una tina de pintura que habíamos puesto en el suelo. El punto del juego era lanzar una roca hacia la tapa y que cayera dentro, sin salirse del círculo.

Braulio, de acuerdo a su propio testimonio (levantó dos dedos cuando le pregunté), tiene dos años y vive en un barrio de remolques junto con su pequeño hermano, su mamá y papá. El barrio es pobre y algo sucio,aunque he visto mucho peores. He estado visitando este barrio junto con varios amigos los sábados por la mañana para tener un club bíblico y compartir el evangelio. Como la semana pasada se canceló la ida, un amigo y yo visitamos en martes.

Nos estacionamos en el parque, en donde hay una cancha de básquet con sólo una canasta, una mesa de madera muy vieja que usamos los sábados para el club, unos columpios y algunos otros juegos. Fuimos primero a tocar a la casa de don Rafael, pero nadie abrió la puerta. Lo visitaremos de nuevo, ya que la semana pasada le dejamos una Biblia en su buzón y esperamos que la esté leyendo.

Caminamos, entonces, y tocamos en varias casas sin éxito, hasta que por fin llegamos a una donde nos abrió una señora, y al instante salió de la casa Braulio, con su camisa celeste con un balón de futbol dibujada en el centro.

Mi amigo le entregó un folleto a la señora y comenzó a compartirle el evangelio, pero ella se distraía mucho porque Braulio andaba corriendo por todos lados, e inclusive se subió al auto detrás de nosotros, caminó por el techo, se bajó por el cofre, y repitió su hazaña varias veces, asegurándose de que lo viéramos.

Decidí jugar con él. Como no traía conmigo dulces, globos, libros, ni siquiera un truco de magia, tomé del piso la tapa verde y jugamos al frisbee. Después de unos diez minutos, Braulio se aburrió y decidió que lanzar piedras era una mejor idea. El problema es que las lanzaba hacia arriba y caían peligrosamente cerca de su propia cabeza, así que modifiqué el juego, y terminamos jugando a “lanza la piedra a la tapa sin que se salga de ella”.

“¡Gané!” me decía cada que lanzaba la piedra y ésta no salía de la tapa. (Claro, la lanzaba a unos cuantos centímetros por encima de la tapa, pero bueno). Luego para su sorpresa hice “desaparecer” varias veces la piedra en mi mano, así que él intentó imitarme varias veces, fingiendo poner la piedra en la mano pero manteniéndola en la otra, para luego gritar, “¡Dapareció!”. “Sí, desapareció” le confirmé.

Jugamos como por unos diez minutos más. Escuché que mi amigo terminaba la conversación. El esposo de la señora le había subido bastante al volumen de la TV, de manera que podíamos escuchar claramente la narración del partido de futbol. Tal ves era su forma de molestar a mi amigo; quizá intentaba distraer a su esposa; o puede que simplemente tiene problemas auditivos, pero aún así mi amigo siguió con su conversación hasta terminar.

“Ya me voy, Braulio”. Él me miró. No sé si feliz o triste, no pude descifrar su mirada. “Pero tú ganaste” le dije. Pronto me alejé de allí, pensando en Braulio, su pequeño hermano, su mamá y su padre enviciado con la TV. No tengo idea de que clase de familia es la de éste pequeño, pero espero que se conviertan a Cristo, de lo contrario no sé qué tan feliz será la infancia de Braulio y su pequeño hermano. Cuando miré atrás, Braulio nos decía “adiós” con la mano. O tal vez “nos vemos pronto”.

Niños, Oración, y yo

"Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos" Mateo 19:14
Me quedé escuchando sus oraciones por unos momentos. Guardé silencio, y escuché. Sus oraciones eran simples, muchas de ellas comenzaban con: "Señor, gracias por este día...". Pero eran oraciones sinceras, que venían desde el corazón. Oraban por los demás, por hermanos de la Iglesia, por decisiones de la Iglesia, y por ellos mismos.

El Miércoles pasado tuve la oportunidad de cuidar a los niños de la Reunión Bíblica que dirige mi papá mientras tenían su reunión de oración. Me senté en la mesita, con ellos, y escuché mientras cada uno de ellos oraba por turno.

Me impresionó la seriedad con la que tomaban la oración. Ellos sabían que estaban orándole a Dios, al Creador del Universo. Me hizo reflexionar en mis propias oraciones. ¿Son verdaderas, o simples vanas repeticiones? Muchas veces me parece que al orar, solamente estamos haciendo un tipo de formalidad. Lo hacemos porque es lo que debemos hacer. No lo vemos como un privilegio. ¡Y sí que lo es! Que el Soberano Rey del Universo se digne a escuchar mis plegarias es algo que no puedo comprender, es algo completamente increíble.

Y sin embargo, nos oye. ¡Gracias, Señor, por escucharme!