
Tuve la oportunidad de visitar Chichen-Itzá la semana pasada. ¡Fue increíble! Ya puedo decir que he visto una de las nuevas maravillas del mundo. La pirámide que más me impresionó fue la de Kukulkán (foto). Lástima que ya no dejan subir a la cima...


Esta balada cuenta
La historia de un viejito
A quien le gustaba cantar
(Pero lo hacía muy bajito).
Lo que pasa es que a Don Pancho
No le queda mucha voz,
Pero tiene una guitarra
(¿Con cuantas cuerdas? Solo dos).
Así que cada día
Don Pancho canta por las calles
Toca y toca su guitarra
¡No hay quien lo calle!
Con una bella sonrisa
Que no muestra ni un diente
Don Pancho su guitarra toca
Mientras lo escucha la gente.
En el case de su guitarra
Alguien lanza tres monedas.
“¡Que Dios me lo bendiga!
¡Se lo agradezco de veras!”
Es así como Don Pancho
Se ha ganado por años la vida,
Es feliz haciéndolo,
Su gozo es sin medida.
La clase de Psicología Infantil es interesante, pero después de dos horas estaba listo para salir. Bajé las escaleras con varias cosas en mente. Primero, iría a mi cuarto a checar qué había en el menú del día en el comedor, y dependiendo de la comida decidiría si comer dentro o fuera de la universidad (tener un auto vaya que es una bendición... excepto por la gasolina, que está carísima).
Bajé las escaleras y en el lobby del edificio vi una edición de la revista Newsweek en la mesa. Me acerqué y la portada me llamó la atención. Hablaba acerca del futuro de los libros, y yo, como todo buen lector y aficionado a los libros (y algunas veces comprador compulsivo de libros... creo que deberían de agregar esa enfermedad al DSM), abrí la revista y me puse a leer.
Hablaba del Kindle, el «revolucionario» aparato que vende Amazon.com. Si no lo has visto y te gusta leer, en serio, tienes que verlo. Puede que sea el futuro de los libros. Imagina poder leer tus blogs favoritos cuando quieras (en especial este, claro), bajar cualquier libro que se te antoje, y si al autor de tu libro se le ocurre un final alternativo o un nuevo capítulo medio mes después de publicado el libro, ¡no hay problema! Un click y listo.
Lo malo es que está muy caro, y no sé si funcione en México y Latinoamérica. Pero si vives en los EEUU y tienes dinero, deberías considerarlo.
Pues me gradué. Caminé por la plataforma con esa toga negra y con ese sombrero cuadrado, recibí la carpeta (sin diploma, por cierto; ese importante papelito me lo mandan por correo después), di un testimonio en frente de casi seis mil personas, me regresé a mi silla, y esperé a que el resto de mis compañeros hicieran la misma rutina.
Cuatro años de estudios. Muchas tareas. Muchos trabajos. Muchas horas de estudio. Muchos libros leídos, muchas libretas llenas. Mucho, mucho, mucho.
Gracias a Dios ahora puedo escribir las tres letras "Lic" antes de mi nombre. No es la gran cosa, la verdad. Es simplemente un título, y aunque me gusta y estoy orgulloso de él, no hay mejor título que el de "cristiano". Ese sí que vale la pena.
Qué bien se siente saber que en menos de un mes voy a caminar por la plataforma, vestido con una toga negra y con una sonrisa en la cara. No, no para recibir un premio por algún arte marcial, más bien... ¡me gradúo!
Después de cuatro años, muchas neuronas quemadas, y mucho dinero, podré decir al presentarme, "Dígame Licenciado". Así es, Licenciado en Medios de Comunicación, con una concentración en Psicología. Suena bien, suena bien.
Pero de todas formas, me faltan muchos estudios. En Agosto comienzo la maestría, así que tengo por delante muchos libros que leer y muchas respuestas que escribir en esas hojitas de alvéolos. Bueno, ni hablar. Dicen que uno nunca para de aprender.