Niños, Oración, y yo

"Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos" Mateo 19:14
Me quedé escuchando sus oraciones por unos momentos. Guardé silencio, y escuché. Sus oraciones eran simples, muchas de ellas comenzaban con: "Señor, gracias por este día...". Pero eran oraciones sinceras, que venían desde el corazón. Oraban por los demás, por hermanos de la Iglesia, por decisiones de la Iglesia, y por ellos mismos.

El Miércoles pasado tuve la oportunidad de cuidar a los niños de la Reunión Bíblica que dirige mi papá mientras tenían su reunión de oración. Me senté en la mesita, con ellos, y escuché mientras cada uno de ellos oraba por turno.

Me impresionó la seriedad con la que tomaban la oración. Ellos sabían que estaban orándole a Dios, al Creador del Universo. Me hizo reflexionar en mis propias oraciones. ¿Son verdaderas, o simples vanas repeticiones? Muchas veces me parece que al orar, solamente estamos haciendo un tipo de formalidad. Lo hacemos porque es lo que debemos hacer. No lo vemos como un privilegio. ¡Y sí que lo es! Que el Soberano Rey del Universo se digne a escuchar mis plegarias es algo que no puedo comprender, es algo completamente increíble.

Y sin embargo, nos oye. ¡Gracias, Señor, por escucharme!



Kukulkán


Tuve la oportunidad de visitar Chichen-Itzá la semana pasada. ¡Fue increíble! Ya puedo decir que he visto una de las nuevas maravillas del mundo. La pirámide que más me impresionó fue la de Kukulkán (foto). Lástima que ya no dejan subir a la cima...

"Relámpago" Celestial

"No está tu laptop, Emanuel," me dijo mi Papá. No lo podía creer. Estábamos en una camioneta de camino al aeropuerto, y aún no sé si fue por mi culpa o por la del botones (tal vez ambos), mi computadora se había quedado en el hotel. Le dijimos al chofer, quien dio la media vuelta y aceleró.

En el camino, súbitamente el chofer dijo: "¡No puede ser! ¡Yo también dejé algo en el hotel!" Nos explicó que la tablita en la que tiene su itinerario debe estar encima del cenicero, olvidada. "Y no solo eso, sino que tengo un cupón que debo canjear para mi jefa, ¡y es de mil quinientos pesos!"

Ese fue el comentario que comenzó todo, pues de allí en delante, el chofer comenzó una especie de catársis con nosotros. Nos contó todo sobre su mal sueldo y la horrible jefa--un horrible tirano con un genio demoniaco--para quien él trabajaba.

"Llevo diez dias sin descanso," nos dice. "La patrona nos dijo, 'Hay que aprovechar ahora que hay mucha clientela', pero ¡la que se aprovecha es ella! ¡No nos paga nada y ella se hace rica!"

Yo iba dos asientos justo atrás del chofer, escuchando sus lamentos, un poco extrañado por su comportamiento, con ganas de decirle que la vida es difícil y que no gana nada con quejarse, en especial con nosotros. Voltéo a la ventana de la derecha y admiro un poco el campo de golf que estamos pasando, cuando repentinamente suceden varias cosas al mismo tiempo.

Una, se escucha un sonido sordo, un crlap que retumba en la camioneta. Dos, justo en frente del chofer, en el parabrisas, se materializa una extraña telaraña. Tres, en reacción a los puntos uno y dos, el chofer salta un poco y la camioneta a penas y vira a derecha e izquierda.

Lo primero que pensé fue: alguien nos lanzó una piedra. Pero entonces mi Papá dice acertadamente: "¡Fue una pelota de golf! ¡Nos pegó una bola de golf!". Era cierto. Algún golfista con pésimo tiro lanzó una bola a toda velocidad que vino y golpeó nuestro parabrisas exactamente en frente del chofer, formando una orbe central con muchas ondas cristalinas esparciéndose hacia afuera.

Minutos después seguimos nuestro camino, yo completamente sorprendido por lo sucedido, y tratando de evitar la sonrisa en mi rostro, porque no con frecuencia veo este tipo de extraña coincidencia, esta especie de ironía celestial.

Por poco y le digo al chofer, "Haber, ya deje de quejarse porque capaz y nos chocan". Pero gracias a Dios llegamos con bien al aeropuerto y aterrizamos sin problemas en nuestra ciudad.

¿Y del chofer? No tengo la menor idea. Pero espero que le sirva de lección. Con quejarse uno no gana nada. O bueno, sólo pelotazos en el parabrizas.

Cumpleaños

El día de mañana cumplo años. El tiempo vuela.

Yo comencé a escribir en un diario a los diez años, y ayer me puse a leer algunas de mis primeras entradas. Me pareció muy interesante leer cómo me preguntaba yo qué iba a estudiar y cosas como esas, y ahora que ya terminé con la carrera me doy cuenta que el Señor ha guiado mis pasos.

Me quedan quince días (aproximadamente) de vacaciones, y luego entro al seminario teológico en Carolina del Sur, EUA. ¡Ya veremos cómo me va!

Por cierto, le hice ciertos cambios al blog, no sólo en su look, sino también en dirección. ¡Espero que les guste!

Don Pancho y su guitarra

Esta balada cuenta

La historia de un viejito

A quien le gustaba cantar

(Pero lo hacía muy bajito).

Lo que pasa es que a Don Pancho

No le queda mucha voz,

Pero tiene una guitarra

(¿Con cuantas cuerdas? Solo dos).

Así que cada día

Don Pancho canta por las calles

Toca y toca su guitarra

¡No hay quien lo calle!

Con una bella sonrisa

Que no muestra ni un diente

Don Pancho su guitarra toca

Mientras lo escucha la gente.

En el case de su guitarra

Alguien lanza tres monedas.

“¡Que Dios me lo bendiga!

¡Se lo agradezco de veras!”

Es así como Don Pancho

Se ha ganado por años la vida,

Es feliz haciéndolo,

Su gozo es sin medida.


Una foto


He aquí una foto de mi graduación. Yo soy el de la mera derecha. El que casi no se ve.

El Futuro de los Libros

La clase de Psicología Infantil es interesante, pero después de dos horas estaba listo para salir. Bajé las escaleras con varias cosas en mente. Primero, iría a mi cuarto a checar qué había en el menú del día en el comedor, y dependiendo de la comida decidiría si comer dentro o fuera de la universidad (tener un auto vaya que es una bendición... excepto por la gasolina, que está carísima).

 

Bajé las escaleras y en el lobby del edificio vi una edición de la revista Newsweek en la mesa. Me acerqué y la portada me llamó la atención. Hablaba acerca del futuro de los libros, y yo, como todo buen lector y aficionado a los libros (y algunas veces comprador compulsivo de libros... creo que deberían de agregar esa enfermedad al DSM), abrí la revista y me puse a leer.

 

Hablaba del Kindle, el «revolucionario» aparato que vende Amazon.com. Si no lo has visto y te gusta leer, en serio, tienes que verlo. Puede que sea el futuro de los libros. Imagina poder leer tus blogs favoritos cuando quieras (en especial este, claro), bajar cualquier libro que se te antoje, y si al autor de tu libro se le ocurre un final alternativo o un nuevo capítulo medio mes después de publicado el libro, ¡no hay problema! Un click y listo.

 

Lo malo es que está muy caro, y no sé si funcione en México y Latinoamérica. Pero si vives en los EEUU y tienes dinero, deberías considerarlo.

¡Terminé!

Pues me gradué. Caminé por la plataforma con esa toga negra y con ese sombrero cuadrado, recibí la carpeta (sin diploma, por cierto; ese importante papelito me lo mandan por correo después), di un testimonio en frente de casi seis mil personas, me regresé a mi silla, y esperé a que el resto de mis compañeros hicieran la misma rutina.

 

Cuatro años de estudios. Muchas tareas. Muchos trabajos. Muchas horas de estudio. Muchos libros leídos, muchas libretas llenas. Mucho, mucho, mucho.

 

Gracias a Dios ahora puedo escribir las tres letras "Lic" antes de mi nombre. No es la gran cosa, la verdad. Es simplemente un título, y aunque me gusta y estoy orgulloso de él, no hay mejor título que el de "cristiano". Ese sí que vale la pena.