Dolor, Pecado, y el Control de Dios

Cada vez leo menos las noticias. Y eso no es normal para mí. Soy una persona a la que le gusta leer el periódico, así que no hay día que no visite la página en línea del periódico de mi ciudad, además de uno o dos sitios americanos. Me gusta leer las noticias de un punto de vista conservador y del lado liberal, y así tratar de ver bien los dos lados.


Pero resulta que cuando leo los titulares, casi me deprimo cada día. Hace dos días mi compañero de cuarto me enseñó un video de como un policía en Brazil accidentalmente mató a un hombre que trataba de huir de unos disturbio después de un juego de futbol. Según la nota que acompañaba el video, antes de morir, el joven miró al policía y le preguntó, "¿Por qué me disparaste? Yo no hice nada". Pero el policía no sabía qué responder. Había sido un accidente.


Curiosamente leí hoy una entrevista con un pastor americano bastante famoso (aunque no creo que sea muy buen expositor, personalmente; aún así lo respeto y creo que es un hombre de Dios) quien dijo que no entendía perfectamente bien el llamado "problema del dolor".


Muchos libros han sido escritos al respecto, por personajes como Lewis y muchos otros teólogos, así que no me voy a tomar el tiempo de explicar mis pensamientos al respecto, pues ellos han sido moldeados por las enseñanzas de buenos hombres de Dios mucho más inteligentes que yo, y primordialmente, por la Palabra de Dios, la cual enseña bastante acerca del amor de Dios, el pecado, la soberanía de Dios y la libertad del hombre.

Hoy, en el desayuno, platiqué con una amiga al respecto. Me preguntó, «Pero ¿por qué le pasan cosas malas a gente buena». «Bueno» le respondí. «La verdad es que no hay nadie bueno. Todos nacemos en pecado. Así que la verdad es que cosas malas le pasan a gente muy muy mala que es un poquito mejor que otras, pero mala de todas formas». Y aunque ese comentario no responde la pregunta por completo, es, creo yo, un buen lugar donde empezar.


Pero cuando llega la noche y estoy por dormir, elevando mis últimas oraciones del día, con toda la información en mi cabeza, y sintiéndome de todas formas algo triste y con dolor en el corazón por la condición de la humanidad y por mi propia condición, lo único que puedo hacer es confiar en que Dios es Dios, y que Él sabe lo que está haciendo, y que aunque yo no puedo comprenderlo todo, Él sí. Y es con ese pensamiento que puedo dormir tranquilo.

Estaré en casa para la Navidad

La Navidad se acerca cada vez más. Las calles se han llenado de luces; las canciones navideñas se oyen en las tiendas, restaurantes y supermercados; la gente comienza a poner sus pinitos en sus casas, y el frío de la noche, aunque incómodo a veces, trae gratos recuerdos de ésta época en que recordamos el nacimiento de Jesucristo.

 

Yo, por mi parte, estoy por terminar mi primer semestre en el seminario. Esta semana que entra comienzan mis exámenes finales. Estoy cansado y algo nervioso, pero listo para terminar y regresar a casa por dos semanas. Sólo dos semanas, sí, porque tengo que regresar a trabajar aquí.

 

El día de ayer fui con mi hermana y unas amigas a cantar villancicos a un asilo, y fue bonito poder compartir nuestras voces y el mensaje de Cristo con las personas del asilo, quienes nos escucharon con mucha alegría y lágrimas en los ojos.

 

La semana pasada se juntaron unas cinco mil personas aquí en la Universidad a cantar, y en la nota más alta de "Santa la Noche", se prendieron las luces y el pinito navideño. Hace unos cuantos días vino el mundialmente famoso guitarrista Christopher Parkening y el cantante Jubilant Sykes, quienes dieron un concierto navideño.

 

Me encanta la Navidad. Ya estoy listo para regresar a casa. Ya comienzo a oler los tamales, el pavo, el menudo; ya comienzo a anhelar ver a mi familia, a mis primos, tíos, tías y abuelos.

 

Me encanta la Navidad.

Libros por leer

Como lo he dicho anteriormente, debido a la alta cantidad de tareas, exámenes, etc., no he podido leer mucho este semestre a parte de mis libros de texto y lecturas requeridas. Aún así, he adquirido varios libros (algunos los he comprado, pero la mayoría me los han regalado o los he adquirido gratis a través de promociones, regalos, y así) que espero poder leer. Algunos no tengo interés de leerlos, y simplemente van a ocupar espacio en mi librero hasta que tenga que meterlos a una caja para dar espacio a libros más importantes.

 

Pero bueno, esta es una lista de libros que tengo y quiero leer en el futuro, pero por ahora están de pié muy tranquilitos en mis libreros. La mayoría los tengo en inglés, así que voy a darles una traducción al español no-oficial.

 

  • John MacArthur: Historia de dos Hijos (su nuevo libro, el cual conseguí al 70% de descuento); El Asesinato de Jesucristo; ¿Por qué un camino?; Un Llamado al Balance.
  • John Piper: La Supremacía de Cristo en la Predicación; Pecados Espectaculares (en progreso).
  • El Evangelio y el Evangelismo Personal por Mark Dever.
  • Cien Años de Soledad por Gabriel García Márquez. (en progreso)
  • Adán por Ted Dekker.
  • Monstruo por Frank Peretti.
  • La Isla Misteriosa por Julio Verne.
  • Oliver Twist por Charles Dickens (en progreso).

 

Pues bien, los demás no los voy a leer porque no tengo tiempo. De por sí no sé cuando voy a leer estos, pero creo que valen la pena. Tal vez una o dos de las novelas va a tener que ser tachada, pero aún no lo sé.

 

Cuando termine uno de ellos—y eso puede ser hasta Enero—trataré de publicar una crítica del libro.

 

Por cierto, si alguien tiene alguna recomendación de algún buen libro, ya sea ficción o no ficción, devocional o teológico, "cristiano" o "secular", por favor me dicen.

Ya lo necesitaba

Hoy regresé a clases después de unos cuantos días de vacaciones por el Día de Acción de Gracias. Creo que es un excelente día festivo que se celebra por acá. Tenemos tanto de qué dar gracias. Pero este post no es acerca de eso.

 

Después de tres meses de clases, este pasado fin de semana me tomé la libertad de leer unos cuantos capítulos de Oliver Twist, novela de Charles Dickens. ¡Vaya que lo disfruté! No es que no me guste leer libros de Teología Sistemática, o artículos acerca de la inspiración de la Biblia, o repasar una y otra vez vocablos griegos, pero sinceramente hay pocas cosas que me traen más placer que sentarme en un buen sillón--con una taza de café lo suficientemente cerca para disfrutar no solamente de su sabor, sino también de su aroma--a leer una buena novela.

 

Cada vez que pienso en libros como 20,000 Leguas de Viaje Submarino, La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, Miguel Strogoff, Cinco Semanas en Globo (soy un fan de Julio Verne… ¿se nota?), Jurassic Park, Life Expectancy, Las Aventuras de Sherlock Holmes, Dejados Atrás, Esta Patente Oscuridad, Las Tumbas de Anac, etc., etc., recuerdo esos momentos en mi cama o silla en la que pasé horas fascinado por esos personajes, historias y mundos, totalmente absorto en un mar de palabras que me traían diversión increíble. Si no te gusta leer, lo que acabo de decir debe ser no solamente extraño, sino una completa locura.

 

Si a alguien no le gusta leer, es porque no ha leído un buen libro. Esa es mi filosofía. En cuanto a mí, me encantan las buenas historias. Me encantan los buenos libros. Esos libros que merecen una ovación de pié cuando uno los termina (y son pocos los que han merecido ese privilegio, debo admitirlo).

 

Obviamente no he terminado Oliver Twist. Llegué hasta el capítulo 12. Pero mi meta es terminarlo en las vacaciones navideñas. Desde hace mucho que he querido leer un libro de Dickens, porque para mi vergüenza, solamente he leído Un Cuento de Navidad, y eso fue hace unos seis años.

 

No sé que planes tengas para tus vacaciones navideñas, pero tal vez ya deberías de estar pensando en qué libros vas a leer. Yo he estado pensando en ello desde principios de semestre.

La Voz de Dios

Afuera, la lluvia caía. No muy fuerte, pero lo suficiente para necesitar un paraguas. Paraguas que no tengo, por cierto, pues está perdido. Me senté en la silla azul, dentro de ese pequeño taller mecánico, a esperar a que le cambiar el aceite a mi auto para poder viajar tranquilamente en unos días más.


Se abrió la puerta y entraron dos personas: un señor joven, con un sombrero amarillo estilo safari, vestido con jeans y botas, y un medallón con la bandera de Puerto Rico en su cuello. Junto a él, un señorito, con un gorro estilo El Chavo del Ocho, color azul y blanco, y con dos monitos en sus manos: un Batman y un Power Ranger rojo. Se sentaron allí, a unos cuantos metros de mí.


«Quiero dulces» le dice el niño al Sr. Sombrero Amarillo, apuntando a una maquinita que promete dar un puñado de chocolates M&Ms por tan sólo 25 centavos. «Está bien» le contesta, con una sonrisa cálida, y minutos después los dos disfrutan de los coloridos chocolates.


Estoy convencido que fue el Espiritu Santo el que me habló. No escuché Su voz audible, no sentí que un rayo iluminó mi rostro, mucho menos escuché el Aleluya de Handel, pero la sentí en la forma en que mi corazón se aceleró y en ese cosquilleo que tanto incomoda. Háblales. Pero, ¡no tengo idea de quiénes son! Háblales. Además, estoy muy ocupado… eh… esperando. Entonces un pensamiento vino a mi rescate: mi iPod. Rápidamente lo saqué de mi bolsillo, me acomodé los audífonos, y escuché mi música cristiana. Esa que habla de glorificar a Dios en todo lo que hacemos, y de cómo Cristo dejó Su trono a morir por nosotros.


Por desgracia, la Voz fue más potente que la música. Miré al señor, y al niño, quienes dialogaban acerca de no tengo idea qué. Los dos con sonrisas en la cara y una necesidad interior tremenda. Y allí estaba yo, el estudiante de seminario, el estudiante de teología y de lenguas antiguas, sentado y sin hacer nada.


«Está bien, Señor. Pero me tienes que ayudar». Me quité los audífonos y los metí a mi bolsillo. «¿Cómo se llama?» le dije al señor, refiriéndome al niño. «Alberto» me contestó. Y al niño le dije, «Beto, ¿te gusta Batman?». El niño me volteó a ver. Después de parpadear una o dos veces comenzó a decir rápidamente y casi sin respirar: «Batman, Superman, Gatúbela, Flash, Robin, Spiderman, los Cuatro Fantásticos…». No pude evitar reírme, y pronto entablé una conversación casual con el hombre de sombrero.


Le pregunté de dónde era, a qué se dedicaba, y lo invité a visitar mi Universidad algún día. Me dijo que le gustaría ir a algún concierto de los que se organizan en el auditorio, en especial porque muchos de sus familiares son músicos. «Aunque yo soy roquero» añadió. «La de los ochentas. Esa es mi música». Le dije que yo tocaba la guitarra. «O bueno, intento tocarla». Pronto dirigí mi plática hacia mi Iglesia, y lo invité a asistir. Me dio las gracias, y poco después de eso, anunciaron que su carro estaba listo.


Yo me levanté, corrí a mi carro, ignorando la lluvia, y saqué un folleto el cual incluye una invitación a mi Iglesia y la dirección para llegar. Se lo di antes de que saliera. «Lo invito a mi Iglesia. Sin compromiso, obviamente». Con una sonrisa, me dio las gracias, y pronto se marchó en su camioneta junto con el pequeño súper héroe.


Regresé a mi asiento. De nuevo saque mi iPod. Me pregunté si algún día los volvería a ver. No tengo idea. Sólo me queda orar, y rogar a Dios que tenga misericordia de ellos y los atraiga a Él.


Y con la música en mis oídos, y la lluvia a mis espaldas, le rogué a Dios que nunca me dejara estar tan ocupado que su voz me pareciera inaudible.

Dios, Nuestro Gran Dios

"¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." Isaías 40: 28-31

La Biblia dice que "la gloria de los jóvenes es su fuerza" (Proverbios 20:29). Muchas veces he escuchado a gente mayor decir, "Yo ya estoy viejo para eso". Normalmente se refieren a alguna actividad que requiere de energía o fuerza física. La juventud siempre es caracterizada por su energía, su vitalidad, su fuerza. Sin embargo, aún los jóvenes no pueden tener fuerza para siempre. Todos nos cansamos. Todos nos fatigamos. Llega un momento en el que tanto estudio, tanto trabajo, tantas cosas qué hacer, nos dejan medio muertos y con ganas de hibernar por una década o dos.

Isaías 40: 28-31 es un pasaje de consuelo y aliento. Este pasaje da una serie de atributos--características únicas--acerca de Dios: es eterno, es creador, es omnipotente, es omnisciente. Es este Dios quien, por su pura misericordia, da fuerzas a aquellos que están en el suelo, no por flojos, sino por tanto esfuerzo.

A aquellos que de tanto luchar tienen ya la espada impregnada a la mano; a aquellos cuyos brazos comienzan a temblar de tanto tenerlos alzadas al cielo; a aquellos que se sienten rodeados por los ejércitos enemigos; a aquellos que, como Elías, prefieren morir.

Sin embargo, a ellos Dios manda fuerzas; a aquellos que esperan en Jehová: eso quiere decir, a los que tienen su fe depositada en Él. ¡Sí, a ellos Dios levanta! Dios manda a alguien a sostener sus brazos, Dios manda un ejército innumerable para dar salvación, o manda un ángel para dar un bocado de pan.

¿Te sientes cansado, fatigado, angustiado? Espera a Jehová. Y prepárate para correr. Prepárate para lanzarte al aire y volar.

Un versículo de aliento

"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro". Hebreos 4:16

 

Leí este versículo hoy en la mañana y me fue de bendición. Todo el capítulo me sirvió mucho. Es increíble que, gracias a Jesucristo, tengamos acceso directo al Padre. Por miles de años atrás nadie podía acceder a Dios de la misma forma que nosotros; tenían que hacerlo a través del Sumo Sacerdote, quien entraba a ver a Jehová una vez al año. Pero ahora no es así. Cristo lo cambió todo.

 

Y ahora podemos llegar hasta el trono de Dios, confiadamente y con toda reverencia, para alcanzar la misericordia y gracia que necesitamos día con día.

 

Espero que este versículo te sea de bendición.

Hechos a la imagen de Dios

De todas las criaturas, solamente el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios (Gen. 1:26). Es interesante notar que, aunque Dios habló todo el universo en existencia, con el hombre no vemos que lo habló. En Génesis 1:26 vemos a la Trinidad planeando el crear al género humano, y en el vs. 27 Dios los crea. No vemos un pasaje que diga, "Y Dios dijo, hágase el hombre. Y el hombre fue hecho".

 

¿Y eso qué tiene de significativo? Hay teólogos que creen que, a diferencia del resto de la creación, Dios se "ensució las manos" al crear al género humano. Dios formó cuidadosamente al humano, pues serían ellos quienes llevarían su imagen y semejanza. La humanidad tiene el toque especial del Dios Todopoderoso. Él escogió a la humanidad como quienes portarían su imagen, para que fueran como Él (importante: no igual a Él sino como él). Es por eso que la humanidad tiene dignidad. Es por eso que el asesinato, el canibalismo, el modificarnos el cuerpo, el burlarse de otro, la exterminación racial, el racismo, etc., está mal, pues va en contra de la imagen de Dios. El asesinato, por ejemplo, es malo, no porque el hombre es bueno intrínsicamente, sino porque es portador de la imagen de Dios. Es por eso que no podemos maldecir a nuestro hermano, pues como lo dice Santiago 3:9, los hombres «están hechos a la semejanza de Dios».

 

Esto nos debe de humillar pues no importa quienes seamos, de que nacionalidad, de que lengua, o de que tono de piel, lo único que nos hace como humanos importantes es lo mismo que todos tienen. Así que nadie es más que otro. Todos fuimos creados como Dios, para reflejarlo a Él, y últimamente, para glorificarle.

 

¿Te has preguntado porqué hay gente tan buena, creativa, y talentosa, quienes sin embargo son personas ateas o que creen en una religión basada en mérito? Bien, aún bajo su pecado, la imagen de Dios es tan potente que brilla a pesar del pecado. Lamentablemente, nada de eso que hacen les puede ameritar el cielo, porque lo bueno que hacen no es nada de ellos, sino de Dios, pues es Su imagen la que están reflejando.

 

Ya dicho esto, la Biblia explica que debido al pecado, la imagen de Dios ha sido manchada. Y aunque el pecado no la puede borrar completamente, esa naturaleza que tenemos tiene que ser redimida por Jesucristo y Su sacrificio expiatorio en la cruz. Nadie entrará al cielo a no ser que haya sido completamente justificado por el Hijo a través de la fe (Romanos 5:1).

 

Cristo Jesús vino a redimir a sus propias criaturas. A aquellos que con amor creó a Su propia imagen, quienes sin embargo se rebelaron contra él.

 

«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:11-13).