T4G

Estoy muy contento con la oportunidad que el Señor me dio de asistir a la conferencia Together for the Gospel, en Louisville, Kentucky. Dos de mis amigos de mi iglesia en México, Gian y Mario, estuvieron allí también.

Tuve el privilegio de escuchar en vivo a grandes hombres de Dios, como John MacArthur, John Piper, Mark Dever, Lig Duncan, C.J. Maheney, y Josh Harris, entre otros. Espero pronto tener las fotos que nos tomamos con ellos, las cuales también publicaré en 2CC.

Estoy exhausto, porque manejé un total de 20 horas, y lamentablemente me enfermé muchísimo, de modo que me tomé todo el día de hoy libre para descansar, pues tenía un horrible dolor de cabeza, un poco de calentura, además de gripa y tos.

¡Pero me divertí mucho! Gracias a Dios por Su Palabra.

Mientras Estemos Aquí

En el capítulo 14 de Job, encontramos a Job prácticamente en depresión. Sus amigos lo están reprendiendo aunque él sabe que es inocente, y además de todo sigue sobre sus hombros la muerte de sus hijos y la pérdida de sus posesiones. Se puede decir que si alguien tiene la "excusa" para estar en depresión, es Job.

 

Job contrasta la vida del humano con la de un árbol. Dice, "Si a un árbol se le derriba, queda al menos la esperanza de que retoñe y de que no se marchiten sus renuevos. Tal vez sus raíces envejezcan en la tierra y su tronco muera en su terreno, pero al sentir el agua, florecerá; echará ramas como árbol recién plantado" (14:7-9, NVI[1]). En otras palabras, cuando un árbol muere, tiene la esperanza de volver a vivir. La naturaleza de los árboles es tal que aún si es cortado, hay esperanza que el agua le de vida de nuevo.

 

Con los humanos es diferente. "El hombre, en cambio, muere y pierde su fuerza; exhala el último suspiro, y deja de existir" (14:10). Job sabe que cuando un humano muere, su vida terrenal llega a su fin. No hay re-encarnación. Nada de quedarse en forma de fantasma hasta que complete su trabajo en la tierra. Cuando un humano muere, muere. Job está tan entristecido en su corazón, que termina el capítulo bastante nostálgico, diciendo que cuando un hombre muere, nunca sabrá si sus hijos son exitosos o perdedores (v.21).

 

Este capítulo nos debe de servir de ejemplo. Estos pensamientos son comunes. Hay momentos en la vida que nuestra pequeñez se hace especialmente evidente, tanto así que es fácil comparar nuestra vida con la "esperanza de vida" de una flor (v.2): prácticamente inexistente. Muchos jóvenes no le creen a sus abuelos cuando dicen, "El tiempo vuela", hasta que pestañean y súbitamente se encuentran frente a sus nietos pronunciando las mismas palabras.

 

Debemos siempre vivir con el conocimiento de que no sabemos cuánto tiempo viviremos. Sólo Dios sabe. Sin embargo, no hay que usar este pensamiento para quedarnos sin hacer nada. Inclusive Job dijo, "Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte" (Job 19:25).

 

Dios nos ha mandado a ser productivos en este corto tiempo que nos ha dado. Dejémonos de vanidades, y busquemos hacer lo que verdaderamente importa. Como dijo el Predicador, "El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre" (Eclesiastés 12:13).

 

Sería bueno preguntarte:

  • ¿Cómo está mi relación hoy con Dios? Si Él lo deseara, ¿estoy listo para verle?
  • ¿Qué he hecho (o haré) hoy que tendrá impacto en la eternidad? ¿Estoy haciendo tesoros en el cielo?

 

 

 

 

 



[1] A menos de que lo indique de otra manera, todas las referencias vienen de la Biblia Nueva Versión Internacional.

Hay que regresar.

En el lado Protestante del cristianismo existen un buen número de denominaciones. Lo que separa a una denominación de otra son las diferencias de opinión en cuanto a la forma de gobierno de la iglesia, algún punto doctrinal específico, o ambas.

 

En algunas ocasiones, las iglesias tienen formas muy específicas de hacer las cosas. En algunas iglesias siempre se abre en oración, se canta, hay peticiones, se canta otro poco, y luego hay una predicación seguida por un canto. En otras, se comienza con un llamado a la adoración, cantos, recitación de un credo, lectura bíblica, más cantos, predicación y se termina con una doxología.

 

Además de esto hay libros de orden, confesiones, catecismos que seguir, etc.

 

"En lugar de eso, deberíamos…"

 

Algunos sugieren que lo mejor es deshacernos de todo esto y regresar a la forma de las iglesias del Nuevo Testamento. De la misma manera que los humanistas del renacimiento decían, "¡A las fuentes!" (refiriéndose a los idiomas originales de diferentes documentos, incluyendo las Escrituras), muchos hoy dicen, "¡A la iglesia primitiva!"

 

Al decir esto, la asunción es que la iglesia primitiva era eso precisamente: primitiva. Se reunían en casas y las reuniones eran de carácter informal, aunque reverente. No había excesiva organización, no había jerarquía, sino que más bien todo era común.

 

Así que la sugerencia es que para volver a este modelo, debemos de deshacernos de programas complicados, credos (ya que tenemos la Biblia), y si eres Presbiteriano, ¿no es ya hora de deshacerse de las ropas ministeriales?

 

Pues…

 

Entiendo la frustración de algunos en cuanto a las iglesias que se han convertido en una institución religiosa en lugar de en una comunidad de hermandad entre creyentes. Entiendo que algunos no pueden ver el cristianismo en programas, credos, himnos y sermones de una hora predicadas por un pastor ordenado para el ministerio.

 

Sin embargo, hay algo que, por así decirlo, no me "checa" con lo de volver a la iglesia primitiva. Mi pregunta es… ¿a cual iglesia primitiva? ¿A la de Corinto? ¿A la de Galacia? ¿Éfeso? ¡A la de Esmirna, sin duda!

 

Lo que intento decir es que ninguna de estas iglesias era perfecta. Tenían virtudes y debilidades. 

Sigue leyendo...

Ya mejor.

Pues resulta que no es bueno para tu cuerpo desvelarte, tomar mucho café, y desvelarte más. Quién iba a pensarlo.

 

La semana pasada, en plena clase de Griego, me dio un dolor en la parte izquierda del pecho. Al principio pensé que era por la nota que saqué en la prueba, pero no, el dolor continuó por unos quince minutos. Así continuó por varios días, hasta que pensé que tal vez debería de decirle a alguien además de mi novia.

 

Yo sé que soy muy joven para tener un ataque al corazón (¿o no? No soy médico, así que puedo estar equivocado). Si me diera uno, sería algo vergonzoso, ya que soy muy delgado, pero en fin. Pensé que era alguna otra cosa, y como podía ser algo serio, me consulté.

 

Total para no hacerla larga, se me dijo que mi corazón está en buenas condiciones. Pero que tengo que mejorar varias cosas: ejercitarme, dormir mejor, y no tomar tanta cafeína.

 

Para los que son estudiantes, especialmente estudiantes de post-grado (o medicina, o leyes, etc.), saben que parte de nuestra vida cotidiana es el desvelo. Que el café es nuestro néctar real. Que el ejercicio es lo que hacemos al correr de clase a clase y al trabajo.

 

En fin. Ya me siento mejor. Creo.

Spurgeon

Creo que me familiaricé con los escritos de Charles H. Spurgeon cuando mi papá compró un libro de sus sermones, como referencia. Recuerdo hojear ese libro y sorprenderme con la habilidad que Spurgeon tenía para organizar los pasajes en tres o cuatro puntos, para así poder predicar de una manera clara a su iglesia, el Tabernáculo Metropolitano en Londres.
 

Hecho para otro mundo (C.S. Lewis)

Dos citas por C.S. Lewis que me gustan mucho:

 

"El hambre físico de un hombre no prueba que esa persona conseguirá pan: puede que muera de hambre en un bote en el Atlántico. Pero sin duda el hambre de una persona comprueba que él viene de una raza que repara su cuerpo al comer, y que habita un mundo donde existen sustancias comestibles".[1]

 

"Si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la razón más probable es que fui hecho para otro mundo".[2]

 

HT: DesiringGod.com



[1] Alan Jacobs, The Narnian: The Life and Imagination of C. S. Lewis (New York: HarperOne, 2006), p. 46. Mi traducción.

[2] Clyde S. Kilby, A Mind Awake: An Anthology of C. S. Lewis, (New York: Harcourt, Brace and World, Inc, 1968), p. 22. Mi traducción.

Sin Sentido Aparente

Ayer leí Marcos 6. Los versículos 14-29 me dejaron pensando. Aquí se relata la muerte de Juan el Bautista. Él estaba en la cárcel porque reprendía a Herodes por su relación ilícita con Herodías, la mujer de su hermano.

 

Resulta que un día, en la fiesta de cumpleaños del Rey, la hija de Herodías danza de tal manera que el Rey Herodes le promete darle lo que quiera, "hasta la mitad de mi reino" (6:23). La muchacha, aconsejada por su mamá, pide la cabeza de Juan el Bautista en un plato. Aunque al Rey le entristeció la petición, pues le gustaba oír a Juan y porque sabía que era un "varón justo y santo" (6:20), por causa de su juramento, mandó decapitar a Juan.

 

Y así murió éste gran hombre de Dios.

 

Qué episodio más triste. Este gran hombre muere de una forma tan horrible que uno se pregunta cómo algo así pudo haber sucedido. Murió gracias a la danza inmodesta de una muchacha, la sed de venganza de una mujer adúltera, y un Rey sin escrúpulos. Y así nada más, entró el verdugo a la celda, sacó su espada y le pidió al profeta que se inclinara.

 

¿Cómo puede ser que le haya pasado algo así a Juan el Bautista? Al mismo Juan que anunció la venida de Cristo, que reprendió sin temor a los hipócritas, y cuya venida había sido profetizada cientos de años antes. ¿Cómo puede ser?

 

Y luego escucho de historias como la de la familia de misioneros que fueron confundidos por traficantes, y en segundos la esposa y la hijita del misionero fueron asesinadas por el ejército. O la historia de Jim Elliot y sus amigos, asesinados con lanzas y flechas. Y aunque menos impactante pero igual de triste, historias de fervientes cristianos que mueren en accidentes o por cáncer.

 

Luego pienso en mi vida, y me doy cuenta que no soy absolutamente nadie en mí mismo, y que todo lo que soy es por Cristo, y que Dios tiene el derecho de hacer conmigo lo que Él quiera. Y que sólo porque estudie teología no me exenta de morir mañana en un accidente o en cinco años por alguna enfermedad.

 

Pero lo que me reconforta es que lo que Dios quiere es siempre lo mejor. E inclusive cuando pasan horribles tragedias, como la muerte de Juan el Bautista o la de un pastor que muere en un accidente automovilístico, todo tiene un propósito, todo es parte de un plan más grande que nosotros. A veces no lo podemos entender, y en ocasiones lo entendemos años después.

 

Al final, la verdad es que Dios es Soberano, y todo lo que hace lo hace para Su gloria. Mi deber es reconocer eso y confiar en que Dios sabe lo que hace, y no tiene por qué explicármelo a mí. Mi tarea es tener fe.

Por la Fe

"Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá". Romanos 1:17

Martín Lutero, el Reformador Protestante, trataba desesperadamente de entender Romanos 1:17, pero no podía. Había una frase que lo atormentaba: "la justicia de Dios". Martin Lutero escribió, "Yo odiaba esa frase, 'la justicia de Dios'", pues a Lutero se le había enseñado que esa frase se refería a la justicia con la cual Dios, quien es Justo, castiga a los pecadores.

Lutero casi de forma blasfema (como él mismo lo describió) murmuraba contra Dios, quien además de todos los pesares del humano, agregaba un castigo sobre ellos. Pero entonces, al ver todo el contexto del versículo, entendió la verdad. Él escribe, "Entonces comencé a entender (que) la justicia de Dios es aquella por la cual el justo vive por un regalo de Dios, el cual es la fe. (…) Aquí sentí que había completamente nacido de nuevo y entrado al paraíso mismo".

             Lutero entendió que la justicia de Dios es aquella que Dios impone sobre el pecador cuando éste se arrepiente y cree en Cristo. ¿La justicia de quién es impuesta en el pecador? ¡La de Cristo! Él vivió una vida perfecta, y cuando nos arrepentimos y creemos en Él, nuestros pecados son puestos sobre Él y Su justicia sobre nosotros. Así que Dios ya no ve mi pecado, sino a Cristo en mí. Como dijo Pablo, "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" Colosenses 1:27.

             En esta verdad se gozó Carlos Wesley al escribir: "Vivo en Él que es mi salvación, vestido en Su justicia voy. Libre acceso al Padre gozo ya, y entrada al trono celestial. ¡Oh maravilla de su amor! ¡Por mí murió el Salvador!"