Saber Reírse



Caminaba con unos amigos hablando de no sé que cosa cuando se me ocurrió algo gracioso qué decir. Estaba a punto de decirlo cuando me di cuenta de que era un comentario algo sarcástico en el que me burlaba—ligeramente—de uno de mis amigos con quien caminaba.

Me sorprendí al darme cuenta de que me daba un gusto el pensar en cómo reaccionarían los demás. Quería que se rieran. A expensas de mi amigo, claro. ¡Pero era un buen chiste!–al menos en mi mente.

¿Y entonces? Normalmente lo hubiera dicho, pero esta vez me detuve y decidí hacer algo diferente. En lugar de dirigir el comentario hacia mi amigo... lo dirigí a mí. Es decir, me burlé de mi mismo.

Mis amigos se rieron. El comentario tenía suficiente aguijón como para hacer sentir mal a alguien, pero como lo dirigí a mi mismo, no me importó.

Nos encanta reirnos de otros, pero muchas veces nuestro sentido del humor no nos incluye. Es decir, queremos reírnos de otros, pero no de nosotros mismos. Somos, por así decirlos, intocables, al menos en nuestra mente.

¿Pero por qué? Orgullo, sin duda. Y si alguien se ríe de nosotros, luego luego pensamos en cómo contestar, ya que el que ríe al último, ríe mejor, ¿verdad?

Acabo de leer un artículo que me hizo pensar en este tema. Me parece que como Cristianos, el Evangelio de Cristo debe darnos un sentido de humildad, y un sentido del humor.

Debemos reconocer que no somos perfectos. Que metemos la pata (o el cuerpo entero) seguido.

No estoy sugiriendo necesariamente que te burles de ti mismo. Mejor, ten cuidado con tus palabras y con lo que dices. Las palabras hieren. Un humor pesado es, generalmente, anti-Cristiano. Gente con humor pesado tiende a reírse sólo con sus amigos, porque el resto de las gente evita a dichas personas.

Pero sí, hay que mantener un sentido del humor. En esta vida hay mucho de que reírse. Y asegúrate que te incluyas a ti mismo.

Escuché un dicho: “Bendito el que se ríe de sí mismo. Nunca dejará de divertirse”.

¿El que ríe al último ríe mejor? Prefiero: El que sabe reírse, ríe mejor.

Una Muerte Celebrada


Hoy celebramos la muerte de Jesucristo. Ponte a pensar... suena un poco raro. ¿Celebrar la muerte de una persona? Normalmente celebramos la vida de las personas. Su muerte, por lo general, es vista como trágica, o como el desenlace natural e inevitable de la vida.

Con Cristo es diferente. No sólo su vida, sino también su muerte es motivo de regocijo. ¿Por qué?

La Muerte de Cristo era Necesaria
¿Tenía Cristo que morir? La respuesta es sí. De hecho, era el plan de Dios que Cristo muriera. Aunque aquellos que entregaron a Jesús y lo crucificaron son culpables por haberlo hecho, la Biblia enseña que todo esto era parte del plan soberano de Dios (Ac. 4:27-28).

Dios mandó a su Hijo a morir por nuestros pecados. Su muerte estaba profetizada (por ejemplo en Is. 53). La muerte no tomó a Dios por sorpresa. Era un plan perfectamente bien orquestrado.

La Biblia dice acerca de la muerte de Cristo, “Quien llevó él mismo [es decir, Cristo mismo] nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pe. 2:24).

Así que la muerte de Cristo era necesaria para darnos vida. Vida eterna, la cual comienza desde el día que creemos en Él.

La Muerte de Cristo nos da Victoria
La muerte de Cristo era necesaria también porque en ella el Cristiano encuentra la victoria sobre la muerte.

1 Corintion 15 es el gran capítulo en donde el apostol Pablo defiende la resurección de Cristo. Es increíble que hay “cristianos” que niegan la importancia de la resurección de Jesús.

Pablo le da suma importancia a la resurección: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1Cor. 15:14). Algo vano es hueco, sin estabilidad, una tontería. La importancia de la veracidad de la resurección es vital en el Cristianismo.

Si Cristo no hubiera muerto, tampoco hubiera resucitado. Pero si Cristo murió y resucitó, entonces Él puede hacer lo mismo con nosotros. Él nos puede dar vida.

Pablo continúa: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Cor. 15:22).

La muerte de Cristo nos da la victoria porque Cristo conquistó la muerte. Al resucitar, Él se ha declarado vencedor y por lo tanto es capaz de salvarnos por siempre.

Celebramos la muerte de Cristo porque es motivo de celebrar. Si Cristo no hubiera muerto, las profecías no se hubieran cumplido y Dios sería hallado falso. Y si Cristo no hubiera muerto, tampoco hubiera resucitado. Pero murió. Y no se quedó en la tumba.

Sí, hoy es viernes. Cristo murió un día como hoy. Como dijo un predicador, “Es viernes... pero ya viene el domingo”.

Ya viene el domingo. El día en que Jesús resucitó.

Martín Lutero


La vida de Martín Lutero me facina. El Domingo pasado me tocó dar una clase en la iglesia y mi tema fue la vida de Lutero.

En 35 minutos enseñé su vida y logros. Lo que más me impresiona de Lutero es cómo él, un hombre con muchos defectos (y muchísimas virtudes), fue usado poderosamente por Dios. Nadie hubiera pensado que un monje pudiera contra la poderosa institución Romana de su tiempo. 


Gracias a Dios a través de Lutero, comenzó la Reforma, de la cual muchos de nosotros nos hemos beneficiado.

Encontré en el internet un buen resumen de su vida, en español, así que les comparto la liga para que le den un vistazo.

Bibliaventura

Estamos en la era digital. Así que para no quedarme atrasado, mi libro para niños "Bibliaventura", que en el pasado sólo había estado disponible en pasta suave, ahora está en ebook en formato Kindle, a $.99 USD. 


No necesitas un Kindle para leer la novelita. Simplemente baja la Kindle App completamente gratis, y podrás leerlo en tu iPod, iPad, smartphone, o en tu computadora. (Para bajar la Kindle App, clic aquí).


Aquí les paso la sinopsis del libro:


Alex y Sara son dos niños ordinarios con una imaginación extraordinaria. Un día su mamá les trae un libro llamado: Bibliaventura. Usando su imaginación, Alex y Sara se trasladan a una tierra regida por la malvada reina Jezabel, quien obliga a todos a adorar a su dios Baal. Pero Alex y Sara no tienen pensado adorar a un dios falso.

Ésta es una historia de aventura y emoción, en donde Alex y Sara viven emocionantes aventuras y conocen a personajes interesantes, incluyendo al profeta Elías. Por lo más importante, aprenden el valor de la Fe en Dios.

Para niños de cero a noventa y nueve años. 



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Cómo tratar a tu enemigo



Hace poco una persona que prácticamente no conozco me insultó. Me acusó de ser un reprobado mental, una persona con falta de iluminación, un mentiroso, engañador, y para coronarlo todo, un incrédulo. Todo porque no compartía una de sus opiniones.

¿Alguna vez has sido insultado? Probablemente sí. Muchas veces reaccionamos con enojo, incredulidad, o caemos en depresión. O una mezcla de las tres.

Éste episodio me hizo pensar: Siendo cristiano, ¿cómo debo responder a ésta situación? Aunque no considero un enemigo al hombre que me insultó, su feroz antagonizmo hacia mi persona me llevó a meditar en las palabras de Cristo narradas en Mateo 5:43-48.

(43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. (44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; (45) para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (46) Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? (47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Fuertes declaraciones, ¿no? En este pasaje, nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos enseña una sencilla lección, pero una bastante radical. Cristo nos dice: debes amar a tus enemigos.

La pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué debo amarlos? Bien, veamos tres razones.

Cristo lo Manda (versículos 43-44).
El mandamiento es bastante claro. Cristo dice, No debes aborrecer a tus enemigos, sino todo lo contrario. Por cierto, dice vuestros enemigos. No está hablando hipotéticamente de malas personas en el mundo, sino de personas que personalmente te odian.

Cristo entonces da cuatro acciones que debemos tener hacia nuestros enemigos. ¿Cuales son?

  • Amar. Este debe ser un amor real y no fingido. Nada de decir entre dientes, “¡Que te vaya bien!” y entre susurros, “Que te vaya mal que te pique un animal”. ¡No! Debe ser un amor verdadero que brote del corazón.
  • Bendecir. Debemos de bendecir a los que nos maldicen. Literalmente, “a los que [te] están maldiciendo”. En una ocasión me encontraba con un grupo de amigos de la iglesia en un pequeño pueblo al norte de México, compartiendo a Cristo en la calle. Un hombre en una bicicleta azul se me acercó y preguntó qué hacía. “Estamos compartiendo acerca de Jesús”, le respondí. Y así de la nada el hombre comenzó a maldecirme. Me tomó por sorpresa. No me lo esperaba para nada. Después de un rato, ya que el hombre se había desahogado, logré hablar con él un poco. Pero me maldijo de nuevo y se fue. Cristo dice, “¡Bendigan a los que los estén maldiciendo!”
  • Hacer bien. ¿A quienes? ¿A nuestros amigos, familiares y cuates? Bueno, ser bueno con ellos no es malo, pero aquí Cristo dice que debemos ser buenos con los que nos aborrecen. Ésa es una palabra bastante fuerte. Quiere decir, “Detestar; odiar”. Antiguamente, en el idioma Griego, había una expresión que se usaba con la idea de aborrecer. La expresión era, “Escupirle en el corazón a alguien”. ¡Qué imagen más horrible! Sin embargo, Jesús dice, Haz bien inclusive a los que te escupen en el corazón. Van tres y falta una más.
  • Orar. ¿Por quienes? Por los que nos abusan. Por los que nos tratan mal. Hoy en día miles de nuestros hermanos alrededor del mundo son perseguidos, torturados, y asesinados sin piedad por causa de Cristo. Oremos por nuestros hermanos, pero también por quienes los persiguen. Que Dios tenga misericordia de ellos y se conviertan.


Ya vimos que debemos amar a nuestros enemigos porque Cristo lo manda. Pero sabes, Dios no solamente manda, Él tambien pone el ejemplo. Ésa es la segunda razón por la cual debemos de amar a nuestros enemigos.

Dios lo Ejemplifica (v.45).
Dios demuestra su amor sobre buenos y malos. En la teología, hay una doctrina que llamamos la “gracia general”[1] de Dios. Se refiere a la benevolencia que Dios tiene para con todos: ricos, pobres, buenos y malos. Por ejemplo, Él hace llover sobre todos, Él da vida a todos (cuando podría fulminarnos por nuestro pecado), Él le da a todos la capacidad de amar, disfrutar, etc. Todas éstas cosas son regalos de Dios sobre todos, sin importar si la persona es un filántropo o un sicario.

No tratar a los malos con benevolencia es reflejar mal el carácter de nuestro Padre celestial. Ésto no quiere decir que Dios no sea justo y que los vaya a juzgar si no se arrepienten. Tampoco quiere decir que no debamos buscar justicia en la tierra. Sin embargo, aún así debemos de demostrar amor por aquellos que nos odian.

Hay una razón más por la cual debemos amar a nuestros enemigos.

No somos como el mundo (vv. 46-48).
En el v. 46 vemos que amar a aquellos que nos aman es lo normal. Hasta los pecadores hacen lo mismo. El versículo 47 tiene una idea similar. Ser amable con la gente que conoces es bueno... pero no tiene nada de especial. Éste comportamiento, por lo tanto, no tiene recompenza. Como dijo Cristo en otro pasaje, “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Luc. 17:10).

Jesús nos dice que no debemos de comportarnos como el mundo normalmente se comporta. El estándar del Cristiano es más alto, ya que no somos como el mundo. Jesús dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Quizá digas, "¡Eso es imposible! ¡Nadie es perfecto!" Tienes razón. Jesús aquí no está diciendo que debemos llegar a un punto de nuestra vida en la que ya no pequemos. Eso contradeciría otros pasajes de la Biblia.[2] Lo que Jesús está diciendo es que debemos de aspirar a ser perfectos ya que nuestro Padre lo es. Debemos de esforzarnos en hacer aquellas cosas que Dios nos manda.

Sin embargo, tratar de cumplir este mandamiento de ser perfectos sería completamente imposible de no ser por la gracia de Cristo. En cierto sentido, con éste mandato Cristo nos está apuntando hacia Él mismo. ¡Sin Cristo no podemos realmente amar a nuestros enemigos! Necesitas de Su gracia, de Su ayuda, del poder de Su Espíritu, de lo contrario te frustrarás mucho, o te convertirás en un legalista.

Así que, ¿cómo debes tratar a tus enemigos? Los debes de amar. ¿Por qué? Porque Cristo lo manda, Dios lo ejemplifica, y porque no somos como el mundo sino debemos ser como Cristo.

Te dejo con una pregunta. Si así debemos de tratar a nuestros enemigos... ¿qué del resto de las personas? ¿Qué de esa persona que te cae mal? ¿Qué de tu papá, mamá o hermano que te exaspera? ¿Qué de tu jefe que siempre se enoja por la nada? ¿Qué de tu hijo que no te obedece?

Pienso que la respuesta es obvia.



[1] Típicamente se le llama “Gracia común”, la cual es una referencia no a su inferioridad, sino al hecho de que es otorgada a todos por igual. No me gusta mucho el término “común” en español porque se presta para ser malentendido, es por eso que prefiero “general”.
[2] Esta forma de pensar, llamada "Perfeccionismo", contradice varios pasajes, por ejemplo, 1Jn. 1:10, “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Sermón: El Pecado Imperdonable

¿Cual es el pecado imperdonable? ¿Cómo se comete? ¿Quién lo puede cometer? En este pasaje Cristo explica lo que es, y quienes lo cometen.

 

PDF del sermón: click aquí.

Más sermones en: www.sermon.net/emanuelelizondo

Sermón: El Llamado Radical de Cristo

El llamado al Reino de Dios es radical. En este pasaje, Mateo el publicano ejemplifica éste llamado. ¿Has tu respondido al llamado de Cristo?




Más predicaciones en: www.sermon.net/emanuelelizondo

¿Debemos celebrar la Navidad?


Por estas fechas, cada año, escucho de algunos Cristianos que no celebran la Navidad, o algunos aspectos que culturalmente asociamos con la Navidad, como las luces, el pinito, Santa Claus y los regalos. Quisiera dar algunas razones por las cuales yo sí celebro la Navidad, algunos aspectos que no me gustan o no celebro, y una palabra para aquellos que no la celebran.

¿Qué es la Navidad?
Es importante tener una definición de lo que es la Navidad. Navidad viene del latín nativitas,[1] que quiere decir “nacimiento”. Así que, básicamente, la Navidad es la celebración de la encarnación; es decir el nacimiento del Dios hecho Hombre, nuestro Señor Jesucristo. En la Navidad se celebra algo que ninguna otra religión alega: que Dios se hizo carne con el propósito de salvar a sus criaturas de su pecado y su destino, el infierno.

Esa es, entonces—idealmente—la razón por la cual existe la Navidad. No son los regalos, ni las luces, ni el pinito, ni dar amor. Principalmente es una celebración. Es una fiesta de cumpleaños.

Sin embargo, muchos alegan que no debemos celebrar la Navidad. Me parece interesante que la mayoría de las personas que proponen esto no son ateos o personas de otra religión (ellos simplemente ignoran la razón y disfrutan de la época), sino Cristianos, normalmente conservadores, y con buenas intenciones. Una de las principales alegaciones es que no sabemos si Cristo nació el 25 de diciembre, y que más bien ésta es una celebración Católica con orígenes paganos que no tienen nada que ver con el deseo Cristiano-Protestante de ser regulados sólamente por la Palabra de Dios. Démosle, entonces, un vistazo al origen de ésta celebración.

El Origen de la Navidad[2]
Dejemos en claro algo: la Biblia no dice cuando nació Jesucristo. La mayoría de los teólogos hoy en día están de acuerdo que muy probablemente Cristo no nació el 25 de diciembre, y no voy a discutir las fechas que se proponen porque al final es hacer lo mismo, tratar de poner una fecha cuando simplemente no sabemos.

El registro histórico muestra que la primera persona en asociar el 25 de diciembre con el nacimiento de Cristo fue un historiador Cristiano llamado Sextus Julius Africanus, y ésto fue en el año 221 después de Cristo. Estamos hablando, entonces, que ésta asociación entre el nacimiento de Cristo y el 25 de diciembre comenzó hace más de mil quinientos años.

¿Pero qué no era la Navidad, especificamente el 25 de diciembre, una festividad romana/pagana que celebraba el dies solis invicti nati, es decir, “el día del nacimiento del sol inconquistable”? Hay que dejar otra cosa en claro: esta alegación no es segura. ¿Una posibilidad? Sí. Pero el registro histórico no es claro al respecto, y hay otras teorías del porqué de la Navidad, así que decir con toda certeza que la Navidad no es más que una tradición pagana es ingenuidad. R.C. Sproul, teólogo y pastor, argumenta que la decisión de los Cristianos de mover la celebración Navideña al 25 de diciembre fue consciente y con el propósito de combatir, competir y suplantar la religión pagana que adoraba al sol.

Digamos que sí, la Navidad es la “cristianización” del dies solis invicti nati. ¿Entonces qué hacemos? Ésto que voy a decir ahora es mi opinión, aunque basada en mi teología del Reino de Dios.

El Reino de Dios, representado por los hijos de Dios, es superior al Reino Terrenal. Por lo tanto los Cristianos tenemos el deber y el poder de “redimir” ciertos aspectos de nuestra cultura, siempre y cuando se haga con cuidado y con el propósito de expandir el Reino. Un ejemplo contemporáneo sería cómo muchos Cristianos celebran el Día de la Reforma el 31 de Octubre, en lugar de celebrar el Halloween.

Si hace mil quinientos años, los Cristianos, cuya Fe se expandía vorazmente por el Imperio Romano y hasta los lugares más remotos del mundo conocido, decidieron cambiar ésa tradición pagana por una tradición Cristiana... ¡bien por ellos! Hicieron una buena labor, porque hoy en día nadie sabe lo de la tradición pagana, y todo mundo sabe de la tradición Cristiana.

Es increíble que la celebración de la Navidad tiene aproximadamente mil años, cuando hoy en día nadie sabe ni se acuerda de la tradición pagana del dies solis invicti nati. Es decir, los Cristianos ganamos, si pudiera ponerlo de ésa manera.

¿Pero... qué del pinito, las decoraciones, y Santa?
Es verdad que antiguamente algunas naciones paganas adoraban árboles. Igualmente, algunas civilizaciones (incluída la Hebrea) veían el árbol como símbolo de la vida eterna.

El uso del pinito como decoración navideña se remonta a aproximadamente el siglo 16, en Alemania. En el siglo 17 se introdujo a los EUA a través de colonos alemanes, y en el siglo 18 era una tradición muy popular entre los Luteranos alemanes. Para el siglo 19 y 20 ya era una tradición Cristiana popular alrededor del mundo, y algunos argumentan que la figura del pino representa la Trinidad por su forma triangular; y por supuesto, la estrella en la cima representa la estrella de Belén.

Aunque puede ser que el pino venga de ciertas tradiciones alemanas no-Cristianas, para los Cristianos alemanes era ciertamente una tradición Cristiana.

La tradición de las luces es relativamente moderna por el obvio motivo de que la electricidad es una invención moderna. Sin embargo, esta tradición se remonta al siglo 17, en donde los Cristianos decoraban sus casas con velas para celebrar la Navidad.

La tradición de dar regalos data de los finales del siglo 18, y es un recordatorio de que así como Dios dio a su Hijo, y como los Magos trajeron presentes a Cristo, los Cristianos debemos igualmente ser dadivosos y dar regalos a los demás. Un regalo siempre es inmerecido, al igual que Cristo.

En cuanto a Santa... no tiene nada que ver con la Navidad, en mi opinión. Yo no soy uno que demonice a Santa Claus. No me "rasgo las vestiduras" cuando veo a un Santa en el centro comercial, o en la TV tomándose un refresco popular. Sin embargo, creo que aquellos que incluyen a éste personaje en su celebración deben de hacerlo con cuidado. Yo, personalmente, no tengo problema con ponerme un gorro rojo de vez en cuando, ya que lo hago en broma. Sin embargo no tengo pensado decirle a mis hijos que Santa les dio los regalos. No señor, si yo los compré entonces yo se los regalé, no un hombre de barba larga con extraña vestimenta.

A mis hermanos que no celebran la Navidad
Ya di algunas razones por las cuales yo celebro la Navidad. Una última: la gran mayoría de la gente está espiritualmente un poco más sensible en ésta época. Es más probable que acepten una invitación a la reunión de la iglesia, que lean algun folleto, vean una película evangelística, escuchen villancicos o acepten una lectura de los Evangelios en Nochebuena.

Además, no celebrar la Navidad es visto con desconfianza por los que no creen. “¿Qué no son Cristianos? ¿Y no celebran el nacimiento de Jesús? Han ser de alguna secta”. Es decir, no celebrar la Navidad resulta muchas veces contra-producente.

Pero si tú, mi hermano, por motivos de conciencia, o por cualquier otro motivo (por ejemplo, la secularización de la Navidad, lo cual a mí también me preocupa), no celebras la Navidad... estás en tu derecho. La Biblia dice que tenemos la libertad, y también la obligación, de no ir contra nuestra conciencia. Igualmente, ya que la celebración de la Navidad no es mandada en la Biblia, no estás obligado a celebrarla. Los Puritanos no la celebraban, y tú no tienes qué hacerlo. No me molesta ni me enoja, aunque no creo que sea la mejor decisión.

En cuanto a mí, sí celebro la Navidad. Me gustan las luces, el pinito, y dar regalos (¡y recibir también!). Y es verdad que el verdadero motivo de la Navidad se está perdiendo y está siendo suplantado por otras cosas. Pero por la gracia de Dios, no será así en mi vida.


Así que... ¿debemos celebrar la Navidad? No debemos (no es una obligación), pero podemos (es una oportunidad).

Sin más qué decir...

¡Feliz Navidad!




[2] Un buen lugar para consultar es la Enciclopedia Britannica, http://www.britannica.com/EBchecked/topic/115686/Christmas