¡Japi Verdei, Vicky!
¡Campamento!
Flash Informativo:
Acabo de llegar de un retiro, organizado por una Iglesia hermana y la nuestra. ¡Estuvo increíble! Debo aceptar que me sentí algo incómodo en la predicación acerca del matrimonio, pero todo fue excelente. Además, dos personas recibieron a Jesucristo, así que gloria a Dios por ello.
Más detalles del campamento pronto. A la misma hora y por el mismo canal. Digo... en el mismo blog... y de la hora, no sé. Cuando termine de estudiar, supongo.
Mañana: examen de Teología Sistemática y una prueba de Griego. Lo bueno: el material es excelente. Lo malo: debido al campamento, casi no estudié. Oh oh.
Un día de esos
Eran pasadas las doce de la noche. Abrí la cajita y saqué dos píldoras, las cuales prometían no solamente ayudarme a deshacerme de mi resfriado, sino también ponerme a dormir como un oso en invierno después de haberse cenado unos cuantos salmones y tomado una Coca-Cola. Así que, después de pasarlas con la ayuda de un poco de agua, me metí debajo de la colcha y puse mi alarma a las cinco de la mañana, para tener tiempo de terminar la lectura de Teología Sistemática. Cerré los ojos--
--y los abrí de nuevo. Miré mi reloj. ¿Qué? ¡Las seis y media de la mañana! ¿Y la alarma…? Bueno, adiós a la lectura.
Normalmente me levanto una hora y media antes de clase para tener tiempo de bañarme, planchar la ropa mientras veo una predicación en la computadora (mis favoritas son las de R.C. Sproul, John Macarthur y John Piper. Aunque Mark Dever y Al Mohler acaban de ser agregados a mi lista de podcasts), y tener mi devocional. Así que una hora y media después salí de mi dormitorio rumbo a ese edificio que tanto me gusta: el seminario.
Entré a la clase de Sistemática algo enojado conmigo mismo por no haber terminado la lectura (un artículo por L. Gaussen acerca de la inspiración de la Biblia), pero sin nada más qué hacer al respecto, abrí mis notas y esperé ansiosamente a que comenzara la clase. Lamentablemente esas dos píldoras eran más poderosas de lo que pensé, porque no recuerdo nada de lo sucedido en esos cincuenta minutos. Solo recuerdo pensar: «Tengo algo de sueño. Voy a cerrar los ojos…».
Sonó la campana y salí rumbo a Griego, pestañeando mucho, tratando de despertarme. Me dolía el estómago, así que por hacer una parada en el baño, llegué tarde a clase. «Y aquí está Emanuel» dijo el maestro cuando entré. Me regresó mi examen, el cual presenté hace poco.
Me senté y miré la calificación: una B. Hmm… ni bien, ni mal. Lo peor es que muchos de mis errores son sencillos: una letra que falta aquí, otra que falta allá. El muchacho a mi izquierda tiene su examen doblado y entre sus piernas, cuidando de que nadie lo vea. Es por eso que decidí no preguntarle qué tal le fue. De todas maneras, su cara lo dice todo.
La última clase del día es la clase ministerial, en donde todos los estudiantes del instituto y del seminario llenamos un auditorio y escuchamos a diferentes predicadores hablar de todo tipo de temas. El día de hoy el tema era dirigido a los estudiantes del instituto. El decano del seminario hablaría de por qué deberían de seguir con sus estudios en el seminario. Una vez más tengo que echarle la culpa a esas dos píldoras, porque lo único que recuerdo de esa sesión provienen de los momentos en las que las risas de mis compañeros me levantaron de mi excelente siesta. (Me es un misterio cómo le hizo el decano para hacerlos reír, especialmente con el tópico de su cátedra).
Terminó la clase. Fui a capilla y, gracias a Dios, no me dormí. Luego a la comida, luego al trabajo.
Ha sido un día interesante. La moraleja: eh… no estoy seguro. Tal vez es, «no tomes píldoras para la gripa a menos que tengas un día libre».
La segunda moraleja sí sé cual es: aunque las cosas no salgan como lo planeamos, debemos de… mejor dejo que el Apóstol Pablo lo diga: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4).
Bueno y Soberano
Hay dos verdades bíblicas que deben traer paz a todo hijo(a) de Dios. La primera es que Dios es soberano. Dios está en completo control de todo lo que sucede en el universo. Dios conoce cuantos cabellos tenemos, sabe cuando muere un pajarito en el Amazonas, sabe lo que pensamos en lo más profundo de nuestro corazón, sabe cuando muere un pececito en lo profundo del océano, manda la lluvia, saca el sol; no hay nada que Él no sepa, no hay nada que Él no controle. Nada sucede sin que Él lo permita. Nada se sale de Su voluntad. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él (Romanos 11:36).
La segunda es que Dios es bueno. Dios no puede ser malo porque Dios no puede hacer nada que vaya en contra de su naturaleza. Dios no puede ser tentado por el mal ni el tienta a nadie (Santiago 1:13). Inclusive Su justicia refleja que es bueno, porque si Dios no fuera justo, entonces sería malo. Es como si un juez le dijera a un asesino: «Eres culpable, pero no te preocupes, porque soy bueno, te voy a dejar ir». ¡Ese juez en realidad sería malo! De la misma manera la justicia de Dios refleja su benignidad.
Ahora, si Dios fuera soberano pero fuera malo, eso sería bastante—malo, pues. Un Dios malo con control absoluto sería muy peligroso para nosotros. Imagínate, sería como uno de esos "dioses" antiguos que cuando andaban de malas, miraban desde su nube a algún humano infortunado paseándose por un prado y ¡zap! con un rayo lo convertían en palomita de maíz.
Y si Dios fuera bueno pero no soberano, entonces este mundo ya se hubiera consumido hace mucho tiempo. Además de eso, no podríamos orar, no podríamos decir, «Si Dios quiere», no podríamos verdaderamente adorarlo. Un Dios que no es soberano no es un verdadero Dios.
¡Pero que increíble es saber que Jehová nuestro Señor es un Dios absolutamente bueno, y absolutamente soberano! Eso debe traer mucha tranquilidad a los creyentes. ¿Porque? Porque nuestro Padre Celestial nos ama, y no solo eso, sino que además está en completo control de todo lo que nos pasa.
Examen de Griego
Los titulares:
Mañana, a las nueve en punto, tengo mi primer examen de Griego. Sinceramente no creo reprobarlo, pero sacar una A tampoco se ve muy posible.
En otras noticias, hoy dejé la llave dentro de mi cuarto por segunda ocasión, y me quedé sin poder entrar por un buen rato. ¿Será que estoy perdiendo la cabeza, además de mis llaves?
El domingo pasado prediqué en la Iglesia acerca de la locura de la predicación, basado en I Corintios 1:18-25. El Señor bendijo el mensaje.
Estos fueron los titulares vespertinos del día de hoy. Gracias.
Consejos y Consejeros
El otro día un amigo me pidió un consejo. Creo que pasa a menudo, especialmente con buenos amigos. «¿Qué piensas de…?», «¿Crees que debería…?», «No se sí…». Los humanos somos criaturas dependientes y por lo tanto nos gusta (y necesitamos) recibir guía de otros. Proverbios repetidas veces nos desafía a recibir el consejo de Jehová, de nuestros padres, de los Proverbios mismos, de situaciones de la vida, y así.
Lo que me hizo pensar un poco fue lo peligroso que puede ser dar consejos a otra persona. En especial cuando nuestro consejo es «nuestro». Lo que quiero decir es que cuando doy un consejo, ¿refleja lo que Dios diría? Si soy cristiano y la Biblia es mi máxima autoridad, cada que aconsejo a alguien debe ser de acorde a lo que Dios dice. En otras palabras, ¡debo ser un consejero bíblico!
A lo largo de mi vida (algo corta hasta ahora, es verdad) he escuchado muchos consejos, y algunos de ellos malos. La mayoría de las veces provenían de gente con una muy fuerte «opinión opinionada»--como dice un amigo. Gracias a Dios la gente que Él ha usado para aconsejarme, como mis padres, pastores y amigos, han sido gente con un deseo genuino de glorificar a Dios, así que puedo decir con una conciencia limpia que yo en particular he recibido muy buenos consejos.
La pregunta es, ¿he dado yo buenos consejos? ¿Puede una persona chequear su Biblia y decir, «Sí, tu consejo está de acuerdo con la Palabra de Dios»?
Entonces, de forma práctica, lo que debo hacer primeramente es leer la Biblia, meditarla y estudiarla bien, y asegurarme de que entiendo lo que Dios quiere decirme a través de ella. Porque solamente así, al estar familiarizado con la Palabra de Dios, es que podré saber Su voluntad, y al saberla, podré aconsejar a otros en lo que Dios quiere que hagan en esta o aquella situación. Y así, cuando alguien me pida un consejo, pueda yo no solamente decir, «Yo creo», sino más bien, «La Biblia dice».
Haciendo Tiempo
Jesucristo, al ser tentado por Satanás, dijo: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Cada vez que el Señor fue atacado por Satanás, contestó con las Escrituras (Mateo 4:1-11). Eso nos debe dar la confianza de que ellas son poderosas, y útiles para «enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (II Timoteo 3:16). En ellas encontramos todo lo que necesitamos para vivir una vida santa y recta delante de Dios.
Hoy en capilla el predicador nos desafió en cuanto a nuestro tiempo personal con Dios. Nos dijo que si no estábamos teniendo un tiempo real de devoción era probablemente porque no habíamos hecho tiempo para ello.
Casi todos nosotros estamos muy ocupados, y no tenemos tiempo para algunas cosas. El punto no es que «siempre hay tiempo» para leer, el punto es que, si no hay tiempo, hay que hacerlo. «¿Qué hay en tu tiempo que puedes recortar para poder pasar más tiempo con la Biblia y en meditación» nos dijo el predicador. «Cuando uno tiene un novio o novia, separa un tiempo especial para pasar con esa persona. ¡De la misma manera con Dios! Si la relación con Él en verdad te importa, tienes que reservar un tiempo sólo para Él».
¿Has leído la Biblia hoy? Si no, tal vez es hora de que dejes de hacer algunas cosas que no van a importar en la eternidad, y te ocupes de lo que en realidad importa: tu relación con Dios.
¿Por qué a mí?
Estaba en mi cubículo cuando se me acercó una persona y me pidió un favor. «¿Puedes ir a aspirar el Estudio F?». Le dije que sí, claro que sí, pero en mi mente pensé: «¿Porqué me está pidiendo esto a mí? Para eso están los estudiantes. ¡Yo soy asistente graduado!».
Esa misma mañana había escuchado una predicación por John Piper acerca de estimar a los demás como mejores a uno mismo. Inclusive Piper se puso como ejemplo y dijo que aunque él es el pastor principal de la Iglesia Bethlehem, inclusive él debe estimar a todos los demás como mejores que él.
Qué fácil es creerse mucho. Que fácil es pensar que al igual que la Tierra en tiempos antiguos, todo gira a nuestro alrededor. Nuestros títulos nos vuelven arrogantes y presumidos, en lugar de mejores siervos de los demás. En lugar de amar al prójimo, exigimos que el prójimo nos ame a nosotros.
El Señor Jesucristo fue el máximo ejemplo de servidumbre, quien siendo el gran Maestro le lavó los pies a sus discípulos, y siendo el Dios y Creador del universo, murió de forma brutal y dolorosa por nuestros pecados.
Confesé mi pecado ante Dios y aspiré ese piso lo mejor que pude.