Doy gracias a Dios por aquellos hombres que, sin importar la persecución, sin importar las amenazas, sin importar vivir sabiendo que mañana podría ser el último día, tradujeron las Santas Escrituras a nuestras lenguas.
Muchos de ellos murieron quemados, ahorcados, y torturados. Sin embargo, es por la Divina Providencia y por sus esfuerzos que hoy en día puedo ir a mi librero, tomar una de las diferentes Biblias que tengo, sentarme tranquilamente en mi cuarto, y leer la Palabra de Dios en paz y tranquilidad.
Gracias, Señor, por esos hombres. Hoy estamos de pié--de pié sobre sus hombros. Ellos ahora ven tu rostro. Si es posible, Señor, diles que estamos agradecidos, y que su muerte no fué en vano. Amén.
1 comentario:
Amen!!!
Gracias Dios!!
Demosle el valor que merece Su Palabra, reconozcamosla como fuente misma de la voz de nuestro Señor.
Josue 1:8
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