Ayer por la tarde algunos pensamientos querían
invadir mi mente, y doy gracias a Dios que se encontraron con un muro: un
versículo.
Este versículo vino de la nada—por decirlo así—,
ya que no le he leído últimamente. Son las ventajas de la memorización.
Fue Lucas 9:23, “Y [Jesús] decía a todos: Si
alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y
sígame”.
Las palabras de Cristo pueden ser algo
escandalosas. Si uno se pone a pensar qué es lo que Jesús está pidiendo de
aquellos que quieren seguirlo, parece demasiado exigente. ¿Negarse a uno mismo?
¿Tomar la cruz—cada día?
Negarse a
sí mismo.
El mensaje del mundo secular es el de
auto-satisfacción. Conocemos algunos de los slogans
famosos, los cuales nos dicen que cuando se trata de nuestra vida, debemos
de “sólo hacerlo” o “seguir nuestros instintos”.
Y sin embargo Cristo dice algo completamente
opuesto. “Si quieres ser mi seguidor” dice Cristo, “niégate a ti mismo”.
¿Puedes imaginar si un producto tuviera esta frase como su slogan? ¿Que dijeran algo como: “Sólo niégate”? ¡No se vendería el
producto!
Pero eso es exactamente lo que Cristo pide de
aquellos que quieren ser Cristianos. Es interesante que en ese versículo Cristo
usa dos palabras que significan lo opuesto en Griego: “niéguese” vs. “sígame”.
Negarnos a nosotros mismos incluye muchas cosas,
pero creo que una de las principales es negarnos el supuesto derecho a
controlar nuestra vida. Es cederle el timón al Señor. Es darle el control de
nuestras acciones, palabras y pensamientos. Es pensar, “Aunque este pensamiento
inmoral me traerá placer inmediato, voy a negarme este placer porque no me
sirvo a mí mismo, sirvo a otro”.
A aquellos que piensan que esto es pedir
demasiado, la respuesta es simple: no puedes ser un discípulo de Cristo.
Tomar la
Cruz.
En aquel tiempo la cruz era un símbolo de
vergüenza y sufrimiento. Se dice que aquel que era sentenciado a muerte por
crucifixión debía de cargar con por lo menos uno de los postes de madera hasta
el lugar de su ejecución. Era como tortura que culminaba con una muerte lenta,
dolorosa y cruel.
Cristo nos llama a estar dispuestos a vivir una
vida de sufrimiento—la cual puede inclusive culminar en la muerte terrenal. Y
aún más, nos llama a renovar esa disposición cada que damos el primer parpadeo
del día: “tome su cruz cada día”.
Pero eso no es lo que el mundo nos dice. Cada
nuevo gadget tiene como propósito
hacernos la vida un poco más fácil. El sueño de toda persona es tener un buen
trabajo, una casa grande y un carro nuevo.
Si pudiéramos personificar al mundo, diría: “Si
alguno quiere ser mi discípulo, satisfágase a sí mismo, simplifique su vida
cada día, y sígame”.
El Costo
de ser Cristiano.
No creo que como Cristianos debamos de deshacernos
de nuestras computadoras, comprar un auto último mugrero y mudarnos a una casa
sin luz y agua. Sin embargo, creo que sin duda se nos pide negarnos los
placeres mundanos, pecaminosos y terrenales, y estar dispuestos a vivir una
vida de sufrimiento si Dios lo quiere.
Si alguien no está dispuesto, la respuesta es
simple: dejarse de llamar Cristiano.
Así que aunque las tentaciones son duras y el
placer inmediato del pecado nos seduce, debemos de negarnos a nosotros mismos.
Nuestro dueño es Cristo. Él nos salvó, y los placeres de la vida santa son aún
mayores que cualquier deleite pasajero. Las promesas y recompensas que Cristo
da a aquellos que hacen lo que Él manda son infinitamente superiores a
cualquier cosa que Satanás y el pecado puedan ofrecer. Pero la pregunta es, a
la hora de la hora, ¿estamos dispuestos?
Tal vez tú te llamas Cristiano. Si piensas que lo
que Cristo pide de ti es algo que no estás dispuesto a dar, te recomiendo
pensarlo dos veces antes de presentarte como un seguidor de Cristo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario