Hay un estereotipo de que el hombre
espiritual es una persona seria, que no sonríe, casi aburrida.
El año pasado leí un libro en donde
algunos de los personajes, quienes eran teólogos en la época medieval, pasaban
un largo tiempo discutiendo si Jesús jamás sonrió. ¿Tendría Cristo un buen
sentido del humor? ¿Se habría reído? Por varias razones (quizá después hablaré
de ellas) pienso que sí.
Contrario a lo que a veces pensamos, Dios
quiere que disfrutemos de la vida. Eclesiastés 2:24 dice: “No hay mejor cosa
para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo.
También he visto que esto es de la mano de Dios”. A muchos creyentes, este
versículo les resulta extraño. Salomón no está hablando de un simple hedonismo.
Hay que notar la frase: “...esto es de la mano de Dios”.
Salomón sabe que lo que escribirá Santiago
es cierto: “Todo lo que es bueno y perfecto desciende a nosotros de parte de
Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia
ni varía como una sombra en movimiento.” (1:17, NTV)
Por supuesto, debemos mantener a Dios
siempre en prioridad. Nuestro disfrutar de la vida debe ser un disfrute teo-céntrico, de lo contrario,
sí, nos convertiremos en hedonistas.
Si Dios es tu
primer lugar, disfruta de todo lo que Él te ha dado. Y principalmente disfruta
de Él. Como escribieron los teólogos de Westminster; el propósito de nuestra
existencia es “Glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre”.
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