En la
Biblia encontramos mandatos y principios bíblicos. Como creyentes, seguimos
ambas cosas. Por supuesto, es más sencillo seguir los mandatos, ya que son
explícitos. Con los principios es un poco más complicado ya que en algunas
ocasiones los encontramos de manera indirecta.
La Biblia
contiene historias y personas que nos proporcionan principios bíblicos a
seguir. Encontramos un buen número de versículos bíblicos que nos exhortan a
seguir el ejemplo o ejemplos que encontramos en las Escrituras (aquí algunos: 1
Cor. 10:6, 11; Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; Tito 2:7; Sant. 5:10; 2 Pedro 2:6).
Aún
más, Cristo mismo nos exhorta no solamente a obedecer sus mandatos, sino
también a seguir su ejemplo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también
hagáis” (Jn. 13:15; ver 1 Pe. 2:21).
Es
bien sabido que no encontramos un mandato bíblico explícito para celebrar la
Navidad. ¿Quiere eso decir que es anti-bíblico? ¿O habrá algunos principios
bíblicos para celebrarla? Me parece que sí. Quisiera sugerir algunos a
continuación.
1. El ejemplo de los ángeles.
Me
sorprende cuando algunos dicen que la Biblia no da ejemplo de celebrar el
nacimiento. ¡Los ángeles mismos celebraron el nacimiento de Jesucristo con un
canto! “¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra paz, buena
voluntad para con los hombres!” (Luc. 2:14). Una de las formas en la que los
judíos celebran un evento, es cantando. ¿Es la encarnación un evento digno de celebrarse?
¡Por supuesto que sí!
Cuando
Jesucristo nació, el cielo festejó. Los ángeles lo hicieron con un canto, y
siendo que los ángeles son mensajeros de Dios, y que solamente hacen lo que
Dios les manda, podemos inferir que Dios también celebró el nacimiento de su Hijo.
La Palabra nos manda celebrar las obras de Dios (Sal. 89:5; 145:4; Is. 12:4), ¡y
que obra tan grande es la encarnación de Jesucristo!
Por
cierto, ¿cuál fue la reacción de los pastores al ver a Jesús? ¡Celebraron! “Y
volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que
habían oído y visto, como se les había dicho” (Luc. 2:20).[i]
2. El ejemplo de los magos.
Los
magos llegaron tiempo después el nacimiento de Jesús (aunque Mateo no
especifica cuánto tiempo). Quizás, en parte, llegan después debido a que
viajaron desde el oriente. Cuando llegan, se postran en adoración, indicando
que reconocen que Jesús es Rey, y le ofrecen tres presentes: oro, incienso, y
mirra.
Se
pudiera objetar: “¡Los magos vinieron a adorar, no a celebrar!”. Sin embargo,
celebrar y adorar no son dos conceptos opuestos. Por ejemplo, este verso: “Y
todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén,
subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los
ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zac. 14:16). Este no
es el único ejemplo. En las siete fiestas judías, adorar y celebrar eran dos
cosas que se hacían juntas. Entonces, por lo menos en las fiestas bíblicas, la
adoración se hacía en el contexto de celebración.
Así
como los magos, los creyentes debemos celebrar la Navidad como un tiempo de
adoración. Si no hay adoración en nuestra celebración, nuestro festejo es
hueco.
3. El ejemplo de Jesucristo.
He
escuchado la siguiente objeción: “No debemos celebrar la Navidad, ya que la
Biblia no manda su celebración”.[ii]
Sin embargo, en el Evangelio de Juan vemos que Jesucristo mismo celebró una fiesta
que no era mandada en las Escrituras.
Leemos
lo siguiente: “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el
pórtico de Salomón” (Jn. 10:22-23). ¿Qué hacía Jesús en el templo? ¡Celebrando,
por supuesto!
Se
celebraba la fiesta de la dedicación, la cual “no estaba autorizada por las
Escrituras Hebreas; era una institución relativamente reciente”.[iii]
Esta fiesta se había este intuido en el periodo entre los dos testamentos,
“para marcar la rededicación del templo después de ser desecrado por Antíoco
Epifanes en el 164 a.C.”.[iv]
La
fiesta de la dedicación era celebrada por los judíos ya que era algo digno de
celebrarse. Jesucristo, siendo judío, la celebró. Nosotros no somos judíos, así
que no tenemos por qué celebrar esta fiesta (además, el Nuevo Testamento es
claro en el libro de Hebreos que toda celebración del Templo, con sus rituales
y fiestas, se han cumplido por y en Jesucristo). Sin embargo, encontramos este
principio: que la Biblia admite (por el ejemplo de Jesucristo mismo) el derecho
a celebrar algo digno de celebrarse.
¿Es
la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo algo digno de ser
celebrado?
4. El principio de Pablo.
El
apóstol Pablo era muy práctico. Pero su práctica estaba basada en teología
profunda. En Romanos y Corintios escribe principios similares (aunque la
situación en las dos ciudades no era idéntica). El debate en cuanto a celebrar
ciertas fechas, comer o abstenerse de ciertas comidas es resuelto de la
siguiente manera:
“6 El que le da importancia
especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el
Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor
se abstiene, y también da gracias a Dios. 7 Porque
ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. 8 Si
vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues,
sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.9 Para
esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han
muerto como de los que aún viven. 10 Tú, entonces,
¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos
que comparecer ante el tribunal de Dios!” (Rom. 14:6-10, NVI).
Pablo
nos recuerda lo que en verdad importa: glorificar a Dios. Independientemente de
si celebras o no celebras, no eres mejor o peor creyente. Dios ve tu corazón.
Dios no se centra en si celebras,
sino por qué celebras.
Algunos
hermanos, por razones bastante legítimas, deciden abstenerse de celebrar la
Navidad. Esa es una libertad que la Biblia otorga (hay buenos ejemplos de
hermanos en Cristo que se han abstenido de la celebración navideña, por ejemplo
los Puritanos).
Pero
de igual manera, hay libertad para celebrar la Navidad, y la gran mayoría de la
iglesia por 1800 años (aproximadamente) ha celebrado el nacimiento de Jesucristo.
Así que si celebras, ¡hazlo para la gloria de Dios!
Conclusión.
La
Biblia dice: “hacedlo todo para la gloria de Dios”. Este mes de diciembre
tenemos la oportunidad como creyentes de ser luz en las tinieblas. Cada vez más
la fiesta del nacimiento de Jesucristo se convierte en una excusa para todo
tipo de exceso. Nosotros podemos ser el ejemplo de lo contrario, celebrando con
gozo y alegría, participando de dar regalos y recibirlos, comer pavo y tomar
chocolate, cantar himnos navideños (¡y enseñarlos a nuestros familiares!), sabiendo que es un tiempo principalmente de
adoración. Hagamos de esta celebración un tiempo de adoración, recordando el motivo de la Encarnación.
Si
vas a celebrar la Navidad, celébrala para la gloria de Dios.
[i] Celebrar
y glorificar no son cosas opuestas: “Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron
la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban
a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos
resonantes a Jehová” (2 Crón. 30:21).
[ii] Esta parece ser una aplicación del “principio
regulativo” de adoración. Sin embargo, este principio ha sido abusado y
aplicado de manera excesiva, tanto que algunos han prohibido el uso de
instrumentos en la congregación debido a dicho principio. Aunque estoy acuerdo
con este principio en bastantes aspectos, creo que usarlo para prohibir la
Navidad es un exceso.
[iii] D. A.
Carson, The Gospel According to John (PNTC; Grand Rapids: Eerdmans, 1991), 391 (mi trad.).
[iv] New Bible Commentary: 21st Century Edition (ed. D. A Carson et al.; Downers Grove: InterVarsity Press,
1994), 1047 (mi trad.).
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