Mostrando entradas con la etiqueta autor cristiano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autor cristiano. Mostrar todas las entradas

Sobre armarios, anillos, y detectives: Por qué debes leer ficción


A los ocho años descubrí que podía viajar por el mundo sin gastar dinero. El boleto, que compró mi madre, fue un libro: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. La leí tantas veces que hasta el día de hoy puedo recitar de memoria la primera página. Recordar los “quince hombres que van en el cofre del muerto” –o la pata de palo de Long John Silver– me da escalofríos.
Desde entonces he recorrido los callejones de Londres con Holmes. Exploré el mar con el capitán Nemo. Salvé libros de ser quemados con Montag. Llegué hasta Mordor con Frodo y Sam. Y por supuesto, a recomendación de Poirot, he puesto a trabajar mis “pequeñas células grises”.
La ficción es fantástica. Es una de las maneras más reales de viajar.
Quizá consideres la ficción como literatura subpar, por debajo de los libros doctrinales o devocionales. “¿Para qué gastar mi tiempo leyendo cosas que no son reales?”, te preguntarás. Déjame intentar convencerte.
Por supuesto, no se trata de dejar de leer libros doctrinales, sino de ampliar tu gama de lectura. Aunque no lo creas, la ficción puede ayudarte a crecer espiritualmente y como persona. ¿De qué manera?

La ficción apunta a la realidad

El mundo es complejo. Las personas también. La ficción nos ayuda a entender que el mundo no es tan sencillo como a veces pensamos. Abre nuestras ventanas a diferentes culturas, y nos desafía a pensar con discernimiento. Leer ficción nos recuerda que no vivimos en una burbuja. Que el mundo es más grande que nuestra familia, trabajo, e iglesia.
Leer una novela situada en Alemania en los tiempos de Hitler provocará sentimientos y emociones que tal vez no conocíamos. Sentiremos rabia al escuchar en nuestra mente el golpe seco de un soldado nazi a un judío anciano, y repulsión al oler los dormitorios del campo de concentración.
La ficción nos ayuda a entender lo que hace feliz a un colombiano, mientras disfrutamos del aroma del café (que parece brotar de la página) en una esquina de Bogotá.
Una buena novela te hace reír, llorar, y tener miedo. Aún más: puede provocarte hambre y enfriar tu sala de estar.
¿Que no es real? Intenta convencer a un ávido lector que no existe Narnia, o la Tierra Media, y tendrás dificultad. Te responderán que tú no estuviste allí, cuando Aragorn estudiaba cuidadosamente a los hobbits en el mesón del “Póney Pisador”. Qué quizá lo que te falta es un buen armario en tu casa.
La ficción nos apunta a grandes realidades, como el gozo. Dice Tolkien:
“Este efecto [de la alegría] resulta mucho más poderoso y estremecedor cuando se da en un buen cuento de hadas. Cuando en un relato así llega el repentino desenlace, nos atraviesa un atisbo de gozo, un anhelo del corazón, que por un momento escapa del marco, atraviesa realmente la misma tela de araña de la narración, y permite la entrada de un rayo de luz”.1 
Así, los cuentos y las historias nos ayudan a entender mejor nuestra propia realidad y el mundo en que vivimos.

La ficción apunta a nuestra humanidad

En diciembre 31 de 1995, Bill Watterson escribió y dibujó la última tira cómica de Calvin y Hobbes. El mundo creado por Watterson, que descubrí en la primaria, me ha traído incontables horas de alegría. En esa última tira, Calvin le dice a Hobbes, su amigo tigre imaginario: “Es un mundo mágico, Hobbes, viejo amigo”. Luego se lanzan por la nieve en su trineo mientras Calvin grita: “¡Explorémoslo!”.

Copyright: Bill Watterson.

Eso es lo que somos: exploradores. Todos estamos buscando algo. La ficción nos ayuda a entender esa característica de todos los seres humanos. Esa búsqueda constante de satisfacer el alma.
Las novelas están llenas de aventuras, romance, venganza, triunfo y derrota, cantos y poemas, lamentos y traiciones. Pocos de nosotros lograremos experimentar todo esto en nuestra vida.
Los cuentos nos ayudan a explorar por qué los príncipes quieren rescatar a las princesas, por qué los piratas buscan el tesoro, por qué los inocentes luchan por ser vindicados, y por qué celebramos cuando gana el más débil.
De cierta manera la ficción nos alumbra ese verso que dice, “no se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír” (Ecl. 1:8), y por qué el humano siempre busca redimirse.
La ficción nos confronta con la caída y nos apunta a la redención. Nos muestra que somos seres quebrantados —a veces en cientos de pedazos— que no se pueden reconstruir mas que con una Mano maestra.

La ficción nos apunta al Gran Cuentahistorias

Jesús es el héroe de héroes. Satanás el arquetipo de todo villano. El evangelio es la más grande historia jamás contada. El más grande amor, la más grande entrega, la más grande traición, la más inexplicable paradoja, el final más feliz.
Y lo mejor de todo: es una historia real, contada magistralmente en las Escrituras.
Para Lewis, quien era profesor de mitos en Cambridge, toda la mitología apuntaba a la verdad del evangelio. Él era un experto en mitos, y veía que todos ellos, con sus héroes, villanos, tragedias, y triunfos, apuntaban a Jesucristo.
Tolkien hablaba de la “eucatástrofe”, con la que se refería al final feliz que no parece venir hasta el último momento, después de toda tragedia. ¿Verdad que nos encantan esos finales? Sabemos que Poirot encontrará al asesino, que el anillo finalmente caerá al fuego, que Aslan no permanecerá muerto. Nos encanta ese revés. Nos encanta que la tragedia se convierta en triunfo.
Así se leen los últimos capítulos de los evangelios. Son una eucatástrofe por definición. Cuando todo parece estar perdido, Cristo triunfa en la cruz. Cuando la muerte está por ganar, Cristo la derrota por completo.
Continúa Tolkien: “El Nuevo Testamento ofrece un relato maravilloso […] que abarca toda la esencia de las historias de fantasía. [...] y entre esas maravillas está la mayor y más completa eucatástrofe que pueda concebirse. [...] El nacimiento de Cristo es la eucatástrofe de la historia del Hombre. La Resurrección es la eucatástrofe de la historia de la Encarnación”.
Y vivieron felices para siempre. Ese es el final cliché de los cuentos. Sin embargo… sin embargo… representa una realidad: que todos buscamos la felicidad. Agustín lo entendía, los filósofos lo defienden, la ficción lo demuestra, el evangelio lo realiza.
Sí. Porque para los creyentes, al final del cuento hay un Rey, que tiene un reino, y una ciudad en la que nosotros somos los ciudadanos, y en la que verdaderamente, y fuera de toda ficción, viviremos felices para siempre.
Atrévete a entrar al armario. A salir del hoyo en el suelo. A darle la vuelta al mundo en ochenta días.
Así que no te gustan los cuentos. Prefieres vivir en la realidad. Quizá lo que necesitas, entonces, es un buen libro de ficción.

Párrafos

Como escritor, hay párrafos que leo y recuerdo que me encantó haberlos escrito.

"Mi Mesías" es hasta ahora la novela más larga que he escrito. Me tomó cinco largos años terminarla, ya que la escribí mientras estaba en el seminario.

Quiero compartir una de las muchas partes que me gustan de la novela. Esto es del capítulo 15. Espero que le guste.

--::--

Seguimos la travesía. El señor Jacob me dijo que llegaríamos pronto al lugar donde pastarían las ovejas. Aunque la región de Belén era relativamente árida, había varios lugares verdes que en mi opinión eran perfectos para las ovejas. Pero el señor Jacob me dijo que a sus ovejas no les daba lo bueno, sino lo mejor. Así que las guiaba a pastos verdes y delicados, junto a aguas quietas y de reposo, en donde podían comer y dormir sin temor.

El señor Jacob y Razzi trataban a sus ovejas bastante bien. Eran unos pastores modelo. En realidad no conocía a otros pastores, pero yo estaba completamente convencido en mi mente que no había en todo Israel mejores pastores que los dos con quienes caminaba en ese momento.

—¡Obstinada!—gritó el señor Jacob al ver a una ovejita que se alejaba hacia la derecha hacia unos árboles medio secos rodeados por matorrales. A esta oveja en particular le quedaba bien el nombre. Ya había intentado huir en tres ocasiones y nunca hacía caso cuando la llamaba el señor Jacob o Razzi. El señor Jacob había dicho que ésta era una de las problemáticas, y que por las noches siempre se aseguraba de tenerla cerca ya que era experta en escaparse. Parecía disfrutar de hacerles la vida difícil.

—¡Obstinada!—grito de nuevo el señor Jacob, y noté que sonaba molesto. Inclusive preocupado. La ovejita seguía su rumbo. Normalmente el señor Jacob caminaba hacia ellas y las tomaba por el cuello con su callado, pero esta ves comenzó a correr.

Con mi vista periférica noté alguien moviéndose rápidamente a mi izquierda, era Razzi, que venía a toda velocidad con algo en sus manos que no era su cayado. ¿Qué estaba pasando?

Cuando miré hacia donde estaba el señor Jacob, lancé un grito. Me di cuenta de por qué los dos pastores corrían.


De los matorrales había salido un inmenso oso.

--::--

Puedes comprar la novela en e-book o pasta suave aquí: http://www.amazon.com/Mi-Mes%C3%ADas-Novela-Redenci%C3%B3n-Spanish-ebook/dp/B008YMC7TS/

Y si te interesa ver mis otros libros, puedes ir aquí: http://www.amazon.com/Emanuel-Elizondo/e/B00589CSCQ/