Mucha Gente

Me senté en frente del puesto de libros en una de las muchas sillas dentro del aeropuerto, posicionado estratégicamente para poder ver a mi primo cuando llegara a la terminal. Lamentablemente el puesto de libros vendía más revistas (de esas que te dejan más tonto después de hojearlas) y dulces que libros. Y todos los libros eran de ficción popular que, aunque personalmente me encanta la ficción popular, alguna de ella es simplemente basura. Dos libros me llamaron la atención, pero recordé que tengo demasiados libros en mi librero esperando pacientemente ser leídos.

 

Así que permanecí sentado, decidiendo entre sacar mi iPod o cerrar los ojos y tomarme una siesta express, pero decidí no hacer nada. Solamente permanecí sentado, mirando a mi alrededor.

 

A mi derecha, no muy lejos de mí, noté a una señora ya grande de edad con cabello blanco. Lo interesante era su corte de cabello. Casi rapo. Osea, una delgada capa de cabello a penas cubría su cráneo. Hmm. Interesante. Junto a ella, su esposo: vestido en traje y con un singular sombrero gris, estilo gangster. Hmm. Interesante.

 

Segundos después pasaron junto a mí dos muchachos, con pantalones ajustados y camisas polo que a penas llegaban a su cintura. Los dos con sombreros de ala corta («¿Están de moda los sombreros?» me pregunté) y con barba recortada. No sé por qué pensé que eran argentinos o de alguna isla caribeña. Pasaron junto a mí hablando español.

 

Gente. Mucha gente. Mucha mucha gente.

 

Otro pensamiento me cruzó por la cabeza: sin Cristo. ¿Todos? Probablemente la mayoría.

 

Infierno. ¿Todos? Sin Cristo, sí.

 

Mucha gente. Mucha. Sin Cristo.

 

Danos, Señor, la valentía para  cumplir Tu comisión.

 

El mundo se pierde mientras nosotros nos perdemos en el mundo.

Nuestro Buen Pastor

¿Alguna vez has querido ser alguien más? ¿O algo más? ¿Qué tal un animal? Si pudieras ser cualquier animal, ¿cual serías? Tal vez un león, o un águila, un leopardo, o un lobo. Todos estos animales llaman la atención porque son fuertes, rápidos, y depredadores. Cuando pensamos del león, nos imaginamos que es el "rey de los animales". El Águila vuela por los aires con belleza y majestad, ve a su presa desde lejos y se lanza contra ella. El leopardo es veloz, el lobo misterioso.

 

Qué interesante que la Biblia nos compara con un animal que probablemente ninguno de nosotros escogería.

 

Una oveja.

 

El Salmo 23 no tiene sentido a menos que uno piense que, en sentido figurado, ¡somos ovejas! Es por eso que Jehová es nuestro pastor, nos hace descansar en lugares de delicados pastos, y nos pastorea junto a aguas quietas.

 

Aunque queramos pensar que somos fuertes y veloces, la verdad es que somos débiles y de vista corta. Como ovejas nos hemos descarriado del camino del Señor. No hay nadie que, por su propia cuenta, ande por el Camino verdadero.

 

Se necesita un buen Pastor que nos traiga al rebaño. "Mis ovejas oyen mi voz" dijo el Buen Pastor.

 

Señor, necesitamos que con tu cayado nos regreses al rebaño. Ayúdanos a nunca jamás olvidar el timbre de tu voz. Ayúdanos a permanecer en Tu rebaño.

MacArthur y Driscoll

Algunos de ustedes deben estar familiarizados con el Dr. John MacArthur debido a sus libros y a su programa de radio, «Gracia a Vosotros».

 

La semana pasada me pareció interesante que el Dr. MacArthur tomó varios días en su blog para dar una especie de regaño al joven (y famoso) predicador Mark Driscoll, no solamente por su mala interpretación del libro de Cantares, sino también por comentarios que ha hecho en publico (los cuales encuentro personalmente de mal gusto, vergonzosos, y que dan un mal nombre a los pastores).

 

El debate se hizo fuerte cuando la blogósfera comenzó a defender a uno u otro, pero MacArthur siguió firme, diciendo que ya había hablado a través de carta con Driscoll sin que éste hiciera caso; eso por eso que él—MacArthur—decidió tomar manos en el asunto en forma pública.

 

Para ver los posteos de MacArthur (en inglés), vayan aquí.

Una alabanza

Doy gracias a Dios por aquellos hombres que, sin importar la persecución, sin importar las amenazas, sin importar vivir sabiendo que mañana podría ser el último día, tradujeron las Santas Escrituras a nuestras lenguas.
 
Muchos de ellos murieron quemados, ahorcados, y torturados. Sin embargo, es por la Divina Providencia y por sus esfuerzos que hoy en día puedo ir a mi librero, tomar una de las diferentes Biblias que tengo, sentarme tranquilamente en mi cuarto, y leer la Palabra de Dios en paz y tranquilidad.
 
Gracias, Señor, por esos hombres. Hoy estamos de pié--de pié sobre sus hombros. Ellos ahora ven tu rostro. Si es posible, Señor, diles que estamos agradecidos, y que su muerte no fué en vano. Amén.

La Autobiografía de Spurgeon

La semana pasada leí un capítulo de la autobiografía de C.H. Spurgeon. El Profesor que nos encargó la lectura nos confesó que la única razón por la cual nos encargó esa lectura es para que compremos esa autobiografía. Él Dr. M, mi profesor, es colector de libros. Tiene una primera edición de un libro por John Owen, una edición especial de El Progreso del Peregrino (cuya tapa fue hecha con la madera de la iglesia de Bunyan), además de la edición en cuatro volúmenes de la autobiografía de Spurgeon.

 

Debo decir que no he comprado esa autobiografía (ahora en dos volúmenes) porque no tengo tiempo para leer más que lo que me encargan, pero sin duda alguna tengo pensado comprar esos dos libros.

 

Hace mucho que no me reía en voz alta al leer un libro. Spurgeon es increíblemente cómico. Sus anécdotas son fantásticas. Habla de sus encuentros con hiper-calvinistas (Spurgeon era un firme calvinista, pero siempre lucho en contra de los extremismos), los antinomians, aquellos que creen en santificación completa (acerca de algunos wesleyanos que creen en esto, Spurgeon tiene una simpatía por ellos, les llama hermanos; pero las anécdotas que cuenta en referencia a ellos me hicieron casi llorar de la risa), e inclusive acerca de los diáconos de su iglesia.

 

Debo investigar si existen estos libros en español. Cuando los lea, publicaré una reseña sin duda alguna.

 

En el presente, estoy tratando de terminar, entre otros, estos libros (en mis ratos libres, que son pocos):

 

  • Mero Cristianismo por C. S. Lewis.
  • Pecados Espectaculares por J. Piper.
  • El Progreso del Peregrino por J. Bunyan

 

Dos reseñas

Hace poco pude terminar de leer los dos siguientes libros, así que aquí presento brevemente mis impresiones de los libros.

 

The Tipping Point por Malcolm Gladwell fue una grata sorpresa. En este libro, Gladwell propone que muchas de las epidemias suceden cuando pequeñas modificaciones ocurren. No solamente epidemias en cuanto a enfermedades; sino modas, movimientos intelectuales, etc. Gladwell analiza el por qué del gran éxito de Sesame Street y Blue's Clues, analiza además cómo ciertos productos llegaron a convertirse en una moda (los ténis Airwalk o los Hush Puppies), entre otros ejemplos. Gladwell usa datos, entrevistas, ejemplos, y hasta acertijos para probar su punto. Es impresionante como el autor usa técnicas como suspenso y ciertos elementos de misterio en este libro, sin importar que no sea una novela. Al final, de forma magistral, Gladwell concluye que el mundo puede ser cambiado no con mucho dinero, sino con saber dónde se encuentra el talón de Aquiles, ese punto que des-balancea todo y crea una epidemia imposible de resistir. Recomiendo este libro por ser informativo y entretenido.

 

The Curious Case of Benjamin Button por F. Scott Fitzgerald. ¡Qué cuento más interesante! Una historia que comienza bastante extraño: un niño que nace viejo. El famoso autor Fitzgeral ni siquiera se toma la molestia de probar cómo tal suceso es posible. La historia simplemente sigue, sin explicación médica alguna, y en unas cuantas hojas, los lectores disfrutan de la vida entera del Sr. Button. No quiero arruinar la historia, así que es mejor leerla. Me tomó solamente unos cuantos días terminarla, y solamente leí (en mi iPod) entre clase y clase. Un cuento que vale la pena leer. Bastante extraño, divertido, algo melancólico.

El Bien y el Mal son para nuestro bien

«¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» Job 2:10

 

Llegué a la sala de urgencias con un dolor tan fuerte que me era difícil llenar la forma de datos que me pedía la enfermera. Me encontraba en una silla de ruedas, tratando de llenar la forma con una mano que me temblaba. Finalmente llené mis datos, y entregué la forma. Respiraba con fuerza, y sentía que algo no estaba bien en mi estómago. Me pasé la mano por el cabello varias veces, y bajé la cabeza para que la gente en la sala de espera no viera mi expresión.

 

Minutos después me admitieron, finalmente, al hospital. El dolor era tan intenso que devolví toda la cena. La enfermera me acostó y pronto me inyectó medicina. «Te vas a sentir un poco extraño» me dijo. «Es una medicina muy fuerte».

 

Tan pronto como me inyectó sentí que mi brazo se tornó caliente, era como si pudiera sentir la medicina subir por mi brazo hasta llegar a mi cabeza, la cual comenzó a dar vueltas. «¿Es esto normal?» pregunté. Me sentía como drogado. La enfermera me contestó que sí.

 

Repentinamente el dolor se esfumó por completo. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir, habían pasado un par de horas.

 

Creo que las enfermedades son muy parecidas a una buena cachetada. Nos despiertan de nuestro estupor y nos recuerdan que somos mucho más frágiles de lo que pensamos. No importa qué tanta educación uno tenga, cuantos libros haya leído, qué tan altas y bajas las calificaciones, cuanto dinero en el banco, cuantos idiomas domine, al estar en cama, con dolor insoportable, es inevitable darse cuenta que como humanos somos frágiles. Hoy somos, y mañana puede que ya no seamos. Un latido nos separa de la eternidad.

 

Estos días que he estado en cama pude meditar en la siguiente frase, dicha por Job: ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? Dios ha sido tan bueno conmigo. Me da bendiciones a diario. Disfruto de su gracia común (como el sol, el aire, la lluvia, etc.) a diario, y de su gracia especial como hijo de Dios.

 

¿Y entonces qué? ¿Voy a reclamarle cuando me manda una enfermedad? ¡Por supuesto que no! Dios da, y Dios quita. Su Nombre sea siempre alabado.

 

¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? La respuesta es sí a ambas.

 

 

A Causa del Temor de Dios

«Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios». Nehemías 5:15

 

El temor es bastante convincente. El temor nos impulsa o nos detiene. Evitamos ciertos sectores de la ciudad por temor; no salimos fuera cuando llueve a torrentes por temor; no desobedecemos la ley de nuestro país por temor; y la lista puede seguir.

 

En Nehemías 5, vemos a Nehemías lidiando con un pueblo en persecución, en miedo a causa de sus enemigos, en pobreza extrema, y además de ello, siendo oprimidos por gente de su propio pueblo. Nehemías intenta erradicar la opresión a los pobres, lo cual era contra la Ley de Dios (Deuteronomio 23:19-20), y en el versículo 15 se nos relata que, aunque algunos de los «primeros gobernadores... abrumaron al pueblo», Nehemías no fue como ellos. ¿Y por qué no lo fue? No porque era una persona moral, o con un código ético excelente, o porque era muy «buena onda», sino porque temía a Dios.

 

La Biblia nos habla una y otra vez que a Dios se le debe temer. Recuerdo cuando un muchacho que visitó mi iglesia me dijo, «Mira, yo creo todo lo que dice la Biblia, excepto eso de que se le debe de temer a Dios». Justo allí lo llevé a Proverbios 1:7 «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová». En la Biblia tenemos un sin número de ejemplos de gente santa y piadosa que, al ver la Santidad de Dios, cayeron en completo espanto (por ejemplo: Isaías, Manoa, Pedro, Juan, Jacobo, Zacarías, Pablo), porque Dios es tan increíblemente Santo y Sublime que se le debe de tener temor. No solo temor, sino inclusive espanto (Hebreos 10:31).

 

No me malinterpreten. Dios es Amor, y Dios es Bondad; pero con Dios no se juega. Mi conducta y la de usted debe ser regida por la misma convicción de Nehemías: «Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios».