Con los Ojos en Cristo

Asistí por dieciocho años a una escuela cristiana en la cual teníamos una competencia anual deportiva, la cual llamábamos las “Mini-Olimpiadas”. Todos los alumnos concursábamos unos contra otros en diversas categorías como lanzamiento de bala, ajedrez, salto, y otros.
Pero para mí, sólo una competencia importaba: los cien metros planos.
Mi máxima ambición una vez al año era ganar la competencia de los cien metros planos, sin importar si sacaba otras medallas o no. ¿A quién le interesa una medalla de primer lugar en salto? ¡A mí no! ¿Pero los cien metros? Ohhh, sí, a mí. Y no solamente a mí, sino a muchos otros de mis compañeros, ya que por alguna razón ésa era considerada una de las competencias más importantes de la Mini-Olimpiada.
Así que yo me tomaba muy en serio la carrera. Es por eso que algunas semanas antes de la competencia, mi papá y yo (él también se tomaba la competencia en serio pues sabía lo importante que era para mí) salíamos a algún parque a entrenar.
Mi papá tomaba un cronómetro, y medía el tiempo que me tomaba correr cien metros. Además se aseguraba que tuviera una salida rápida. Una vez inclusive trajo a un entrenador deportivo para que me diera tips.
Pero había una enseñanza, un mandamiento de mi papá que era el más importante de todos. Mi papá me decía: “Yo me voy a poner al final de la carrera, exactamente frente a ti, y cuando corras, tienes prohibido mirar a otro lado. Tienes que mantener tu vista fija en mí por toda la carrera. No te distraigas. No mires quién va atrás, adelante o junto a ti, pues si lo haces vas a perder tiempo. Fija tus ojos en mí”.
Así que llegaba la carrera, y con ella la adrenalina. Nos poníamos en posición, y yo podía ver a mi papá justo frente a mí en la línea de meta. Repentinamente sonaba el silbato, y las porras desaparecían, y por ésos segundos que la carrera duraba yo solamente veía a mi papá saltando y agitando los brazos mientras gritaba vamos, vamos, vamos, vamos. Y en un dos por tres terminaba la carrera al llegar a mi papá.
Aunque no soy muy veloz, puedo decir sinceramente que gané muchas más veces de las que perdí.
Hebreos 12:1-2 dice, “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” y luego mi parte favorita: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”
La vida cristiana es una carrera. Antes de nosotros han corrido grandes hombres y mujeres de la fe, quienes como lo escribió el autor de Hebreos de una manera que siempre trae lágrimas a mis ojos, “Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:37-38). Ellos son la grande nube de testigos. Ellos son quienes, por decirlo así, están en las gradas observando nuestra carrera.

¿Pero es en ellos en donde debemos de fijar nuestros ojos? No. Ni siquiera en los que corren con nosotros. Puestos los ojos en Jesús. ¡En Jesús! No en los meros humanos, sino en el Dios-hombre, Cristo Jesús, quien es el que comenzó y consumó nuestra fe, quien sufrió por nuestros pecados sin importarle la vergüenza, y ahora está sentado en majestad como el Rey de reyes y Señor de señores.
¿Dónde tienes tu mirada? ¿En quién has fijado tus ojos? Un himno dice, Fija tus ojos en Cristo… y lo terrenal sin valor será a la luz del glorioso Señor.

Que esta sea una realidad en tu vida y en la mía.

La Palabra de Dios

Para una de mis clases he estado leyendo Christ-Centered Preaching (Predicación Cristo-céntrica) por Bryan Chapell, quien es el presidente del Covenant Theological Seminary, y el libro es excelente. 

Mientras el autor hablaba de la importancia de la Biblia y su poder transformador, Chapell dice que Cristo y la Palabra son uno. Es decir, la Biblia es el perfecto reflejo de Cristo mismo. La Biblia jamás contradice a Cristo, como algunos especulan diciendo que la teología de los Apóstoles y la que enseñó Cristo no concuerdan. 

Un versículo que me pareció muy interesante fue 1 Pedro 1:23, que dice: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. En este capítulo Pedro está hablando de la poderosa redención de Cristo, y de acuerdo a Chapell, es muy probable que en el vs. 23, al hablar de la “palabra de Dios”, Pedro está jugando con palabras, es decir, éste pasaje se se refiere a la Biblia y también a Cristo, quien es el Verbo, o la Palabra (en griego, logos; en este pasaje Pedro usa la expresión logou theou, que quiere decir la Palabra de Dios). 

Así que cuando leemos la Biblia, podemos estar seguros que concuerda perfectamente con Cristo, y que tiene el poder sobrenatural de darnos vida.
 

Nuevo Semestre

Pues las clases han comensado de nuevo. Es mi tercer año en el seminario (de cinco) y el primero de profesor. Hasta ahorita ningún alumno se ha dormido en mis clases, así que vamos bien.

Hoy he estado meditando en la bondad de Dios, y en lo bueno que es con sus hijos. "Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12). Increíble que uno pueda recibir la potestad de ser un hijo de Dios tan sólo por creer y recibirle. Es uno de los misterios del infinito amor de Dios.

Este año será uno ocupado ya que como siempre tengo que leer cientos de hojas, componer muchos trabajos, memorizar versículos, nombres y lugares, seguir aprendiendo Griego (materia que sigue siendo la más dificil), y además de todo, la gran responsabilidad de enseñar español en una universidad de alto grado académico.

Pues bien, un nuevo año en el seminario, y una nueva etapa en la docencia; no se me quita la emoción. Termino con una frase de William Carey, el gran misionero: "Espera grandes cosas de parte de Dios; procura hacer grandes cosas para Dios". 




Lo que México desesperadamente necesita.

Un candidato brutalmente asesinado. Un alcalde muerto. Setenta y dos indocumentados acribillados por grupos delictivos. México está viviendo una ola de delincuencia y brutal violencia sin precedentes.
¿Qué es lo que se necesita para que todo esto cambie?
¿Mejor educación? Sí, México necesita mejor educación.
¿Mejores penas a los criminales? Sí, México lo necesita.
¿Mejores gobernantes? Sin duda.
La lista podría continuar. México necesita de todo esto para mejorar. Pero éstas cosas no son lo que México necesita desesperadamente.
Lo que México necesita desesperadamente es que la Iglesia despierte y con verdadero amor y convicción comparta el Evangelio a toda persona y haga discípulos de aquellos que creen.
Lo que México necesita desesperadamente es el poder transformador del Evangelio de Jesucristo.

No te la creas

A mi departamento llega mucho correo basura, el cual inevitablemente termina en el cesto de reciclaje. Esta semana me llegó uno que tenía pegado una llave de un auto, y me llamó la atención el pensar cuánto habría gastado la compañía en mandar fabricar posiblemente miles de llaves genéricas para llamar la atención de la gente, cosa que habían logrado conmigo.
Entonces vi que en ese mismo panfleto había una sección de “Rasca y gana”, con un premio de 25,000 dólares, y como tenía la llave en mano lo hice y los números que aparecieron eran los mismos que los números ganadores.
No, no me emocioné, en serio. Después de todo, este panfleto era de una compañía de autos usados, y no es por querer ser un “estereotipador” (¿palabra inventada?) pero cuando pienso en un negocio confiable, un lote de autos usados no es lo primero que se me viene a la mente.
Leí la letra pequeña y vi que había que hacer algo más, pero estaba redactado de una forma suficientemente vaga como para que me entrara la curiosidad.
Le conté a un amigo lo sucedido y me preguntó, “Digamos que sí te ganas el dinero. ¿Qué harías con 25,000 dólares?” Buena pregunta. Pensé en dar el 10% a misiones, el 10% para gastos personales, y el resto para pagar el seminario (aunque eso de pagar el seminario con dinero ganado al azar… hmmm…). O tal vez gastarlo todo en comprar una mega biblioteca del tamaño de la de el monstruo de la Bella y la Bestia, ¿quién no sueña con tener una biblioteca así? (Iva a escribir: “una biblioteca del tamaño de la de la bestia”, pero eso suena mal por muchas razones. Pista: Apocalipsis).
Bueno para no hacerla larga, en lugar de ganar 25,000 dólares, los cuales me pertenecían, gané tres monedas doradas las cuales valen la exhorbitante cantidad de $1 cada una.
¿Moralejas? 1) Los estereotipos nos son buenos, pero por algo son estereotipos. 2) Si no te lo estás ganando con el sudor de tu frente, probablemente no deberías de querer tener ese dinero.
¿Salió algo de bueno de esto? Sí. Ahora tengo tres monedas doradas para mi próximo truco de magia.

Seguidor de Cristo

Por lo menos para mí (y creo que para muchos otros también), el pecado que  ocurre en la mente es el más fácil de cometer. Allí, en la parte más recóndita de nuestro cerebro, nos sentimos a gusto y a salvo, lejos del ojo acusador de cualquiera, y en nuestra ignorancia creemos que tal vez, quizá, Dios tampoco pueda vernos.
Ayer por la tarde algunos pensamientos querían invadir mi mente, y doy gracias a Dios que se encontraron con un muro: un versículo.
Este versículo vino de la nada—por decirlo así—, ya que no le he leído últimamente. Son las ventajas de la memorización.
Fue Lucas 9:23, “Y [Jesús] decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.
Las palabras de Cristo pueden ser algo escandalosas. Si uno se pone a pensar qué es lo que Jesús está pidiendo de aquellos que quieren seguirlo, parece demasiado exigente. ¿Negarse a uno mismo? ¿Tomar la cruz—cada día? 
Negarse a sí mismo.
El mensaje del mundo secular es el de auto-satisfacción. Conocemos algunos de los slogans famosos, los cuales nos dicen que cuando se trata de nuestra vida, debemos de “sólo hacerlo” o “seguir nuestros instintos”.
Y sin embargo Cristo dice algo completamente opuesto. “Si quieres ser mi seguidor” dice Cristo, “niégate a ti mismo”. ¿Puedes imaginar si un producto tuviera esta frase como su slogan? ¿Que dijeran algo como: “Sólo niégate”? ¡No se vendería el producto!
Pero eso es exactamente lo que Cristo pide de aquellos que quieren ser Cristianos. Es interesante que en ese versículo Cristo usa dos palabras que significan lo opuesto en Griego: “niéguese” vs. “sígame”.
Negarnos a nosotros mismos incluye muchas cosas, pero creo que una de las principales es negarnos el supuesto derecho a controlar nuestra vida. Es cederle el timón al Señor. Es darle el control de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Es pensar, “Aunque este pensamiento inmoral me traerá placer inmediato, voy a negarme este placer porque no me sirvo a mí mismo, sirvo a otro”.
A aquellos que piensan que esto es pedir demasiado, la respuesta es simple: no puedes ser un discípulo de Cristo.
Tomar la Cruz.
En aquel tiempo la cruz era un símbolo de vergüenza y sufrimiento. Se dice que aquel que era sentenciado a muerte por crucifixión debía de cargar con por lo menos uno de los postes de madera hasta el lugar de su ejecución. Era como tortura que culminaba con una muerte lenta, dolorosa y cruel.
Cristo nos llama a estar dispuestos a vivir una vida de sufrimiento—la cual puede inclusive culminar en la muerte terrenal. Y aún más, nos llama a renovar esa disposición cada que damos el primer parpadeo del día: “tome su cruz cada día”.
Pero eso no es lo que el mundo nos dice. Cada nuevo gadget tiene como propósito hacernos la vida un poco más fácil. El sueño de toda persona es tener un buen trabajo, una casa grande y un carro nuevo.
Si pudiéramos personificar al mundo, diría: “Si alguno quiere ser mi discípulo, satisfágase a sí mismo, simplifique su vida cada día, y sígame”.
El Costo de ser Cristiano.
No creo que como Cristianos debamos de deshacernos de nuestras computadoras, comprar un auto último mugrero y mudarnos a una casa sin luz y agua. Sin embargo, creo que sin duda se nos pide negarnos los placeres mundanos, pecaminosos y terrenales, y estar dispuestos a vivir una vida de sufrimiento si Dios lo quiere.
Si alguien no está dispuesto, la respuesta es simple: dejarse de llamar Cristiano.
Así que aunque las tentaciones son duras y el placer inmediato del pecado nos seduce, debemos de negarnos a nosotros mismos. Nuestro dueño es Cristo. Él nos salvó, y los placeres de la vida santa son aún mayores que cualquier deleite pasajero. Las promesas y recompensas que Cristo da a aquellos que hacen lo que Él manda son infinitamente superiores a cualquier cosa que Satanás y el pecado puedan ofrecer. Pero la pregunta es, a la hora de la hora, ¿estamos dispuestos?
Tal vez tú te llamas Cristiano. Si piensas que lo que Cristo pide de ti es algo que no estás dispuesto a dar, te recomiendo pensarlo dos veces antes de presentarte como un seguidor de Cristo.

Conferencia: Doctrinas Básicas de la Fe

En un mundo lleno de información, es importante que el Cristiano sepa lo que cree, por qué lo cree, y por qué es importante creerlo. En estas conferencias se expondrán algunas de las bases de la Fe Cristiana desde un punto de vista Bíblico, para así equipar a los asistentes con no solamente conocimiento, sino también pasión por Dios.

Conferencista: Emanuel Elizondo

Temas:
La Trinidad: ¿Cómo puede ser un Dios en tres Personas?
Dios: ¿Existe Dios?
Cristo: ¿Cómo puede ser Dios y hombre al mismo tiempo?
La Biblia: Su inerrancia, inspiración y autoridad.

Fechas: Miércoles 11, Jueves 12, Viernes 13 de Agosto, 2010.

Hora: 7:30 p.m.

Lugar: Iglesia Vida Nueva, Emaús Sur.

Costo: ¡Gratis!

Qué traer: Una Biblia, libreta y pluma.

Invitados:

Invitación abierta. Primordialmente cristianos, pero incrédulos pueden asistir.

Orando por la iglesia perseguida


“Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (Hebreos 13:3).

Creo que la gran mayoría, si no es que todos los lectores de este blog viven en algún país en donde ser cristiano no es un crimen. No es así en todo el mundo. Desde hace tiempo he tratado de orar frecuentemente por la iglesia perseguida, y para ello tengo como recordatorio un mapa justo encima de mi estudio en donde aparecen en rojo aquellos países en donde ser cristiano trae encarcelamiento, tortura, o muerte.

Para ver un mapa donde aparecen países restringidos, haz clic aquí.

En la página en inglés de La Voz de los Mártires (www.persecution.com), uno puede ayudar a financiar el contrabando de Biblias en donde es prohibido imprimir o tener una, también mandar cartas a hermanos y hermanas en prisión, mandar “paquetes de acción” con literatura y ayuda humanitaria como ropa y comida, y mantenerse al tanto de la situación de la iglesia perseguida.

Yo estoy suscrito gratuitamente a la revista de la Voz de los Mártires en inglés, y en español se pueden leer algunos de los boletines aquí.

Debemos pensar que hay gente muriendo y siendo torturada por creer lo mismo que tú y yo creemos—que Cristo es el Salvador del mundo, y que la salvación es solamente a través de Él (como Cristo mismo lo dijo en Juan 14:6). No olvidemos a nuestros hermanos en cadenas, sino apoyémolos como podamos, ya sea en oración o monetariamente, sabiendo que nuestro sentimiento debe ser “como si estuvierais presos juntamente con ellos”.

¿Cuándo fue la última vez que oraste por la iglesia perseguida en China, Belarús, India, Paquistán, Comoros, Sudán, Afganistán, y todas las demás naciones restringidas? Puedes hacerlo al terminar de leer esta línea.