¡Así Soy Yo!

Serie: "Frases Míticas que los Cristianos Dicen". Parte 2.

Muchos—inclusive yo—somos culpables de la frase mítica que quisiera analizar hoy a la luz de la Biblia.

Recuerdo que una vez escuché a una persona a quien llamaré Fulanita (no se me ocurre nada mejor) relatar cómo había herido verbalmente a otra persona en respuesta a algo que la dicha persona le había comentado. Fulanita decía ser una Cristiana. En mi mente, yo pensaba, “Qué increíble que esté confesando su pecado delante de nosotros ¡y ni siquiera le da vergüenza!”

Pero Fulanita tenía una justificación. “Lo que pasa es que ¡así soy yo!”.

Ahora, lo que Fulanita dijo es verdad… ¡pero una malísima excusa!

Por supuesto que así es ella. ¡Así somos todos! La Biblia dice que todos tenemos una predisposición a pecar. El pecado nos resulta atractivo y seductor. Es por eso que Pablo escribió,

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne [naturaliza pecaminosa], no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí (Romanos 7:18-20).

¡Vaya que tiene razón! Es por eso que Fulanita respondió en pecado en lugar de en santidad. Es por eso que cuando alguien se te atraviesa mientras manejas se te vienen a la mente todo tipo de maldiciones. Es por eso que te trae deleite burlarte de otros. Es por eso que piensas en hacer trampa cuando no estudias bien para un examen. Es por eso que la lujuria y la pornografía son difíciles de vencer. El pecado mora en nosotros.

Entonces sin duda: hay en nosotros una tendencia a pecar. ¿Pero es esa tendencia una buena excusa? ¿Podemos excusar nuestro pecado como Fulanita, con un simple así soy yo?

Santiago nos dice, “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15, NVI).

Básicamente, Dios dice que todos somos responsables por nuestro pecado. Sí, es verdad que tenemos una naturaleza pecaminosa, pero la Biblia dice que aún así somos responsables por nuestras decisiones.

Tal vez te preguntas, está bien… ¿pero ahora qué hago?

Aquí van las buenas noticias: Si alguna vez viene a tu mente la frase, “Es que así soy yo”, entonces combátela con ésta: “¡Pero así no tengo que ser!”

La vida del Cristiano nunca es estática. Es una de constante cambio. El Cristiano está siendo transformado día con día por el poder del Espíritu Santo, con el fin de conformarnos más a la imagen de nuestro Señor Jesucristo (2 Cor 3:18). A esto le llamamos la doctrina de la santificación progresiva, ya que si bien no sucede de un día para otro, no se detiene. Es progresiva. Es continua.

Sólo piensa en el cambio que ya ha ocurrido en tu vida: pasaste de las tinieblas a la luz (1 Pe 2:9); has sido libertado del pecado (Jn 8:36); has sido lavado, santificado y justificado (1 Cor 6:11); has sido transformado (2 Cor 5:17); has sido hecho un hijo de Dios (Jn 1:12); y eres un co-heredero con Cristo (Rom 8:17).

El proceso de transformación no se detuvo al momento de que te arrepentiste de tus pecados y creíste en Cristo. Dios no termina su labor allí, Él quiere cambiarte por completo. La Biblia dice que el proceso de santificación es compartido con Dios; nosotros hacemos nuestra parte mientras que Dios hace la suya (Phil 2:12-13). Ni por un momento creas que tú sólo puedes cambiar tu vida. Necesitas la gracia de Cristo Jesús para poder hacerlo. Debes clamar a Él cuando estás en medio de la tentación, y rogarle en tus momentos de oración que te muestre lo que debes cambiar. Y después, ¡manos a la obra!

Ya es hora de hacer guerra a nuestra naturaleza pecaminosa. Es verdad que somos como somos, pero no tenemos que ser como somos.


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Para ver la parte uno, da click: "Sigue tu Corazón".


¿Sigue tu Corazón?

Serie: "Frases Míticas que los Cristianos Dicen". Parte 1.


Probablemente has escuchado la frase, “Sigue tu corazón”. Esta frase, dicha en forma figurada, básicamente nos insta a no ponerle mucha cabeza a la situación o dificultad en la que uno se encuentra, sino más bien tomar la decisión basada en nuestros instintos.


Esta frase tiene muchas derivadas, la mayoría las hemos escuchado en la televisión. Los medios de comunicación nos dicen que hay que simplemente seguir nuestros instintos; que no hay que esperar para tomar decisiones; que solamente hay que hacerlo; en otras palabras… ¡sigue tu corazón!


No es de sorprender que los medios quieren que tomemos decisiones basadas en impulsos. Si lo pensáramos bien probablemente no compraríamos tantos refrescos, tantas barras de chocolate o tantos ténis caros.

Lo peor es que la mencionada frase es a veces dada como el consejo a la pregunta: “¿Con quién debo casarme?” Entonces, ¿es esa la respuesta? ¿Hay que seguir el corazón?

Bueno, en una palabra la respuesta es: ¡No!

¿Por qué? Veamos qué dice Dios acerca de nuestro corazón. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Este pasaje nos da tres características de nuestro corazón:
  1. Es engañoso. ¿Qué tanto? Más que todas las cosas. La razón por la que el corazón es más engañoso que cualquier cosa es que todo engaño procede del corazón (eso es lo que Cristo argumenta en Mat 15:18-19; ver también Lu 6:45; Jms 4:1).
  2. Es perverso.
  3. Es imposible de descifrar. El único que lo puede hacer es Dios (Jer 17:10; también 1 Chron 28:9; Rom 8:27).

La forma de tomar decisiones no es siguiendo el corazón, sino más bien siguiendo la Palabra de Dios (Ps 119:105), deleitándonos en Él (Ps 37:4), y tomando decisiones sabias (muchos pasajes aplican aquí, sobre todo en el libro de los Salmos, Proverbios, y Santiago).

Pero entonces… ¿qué hacemos con el corazón? La Biblia dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). No sigas tu corazón, más bien guárdalo; es decir, protéjelo, nútrelo, aliméntalo (espiritualmente, por supuesto).

Deja las decisiones a la luz de la Palabra, y no al engaño de tu corazón.


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Este es el primer post de la serie, "Frases Míticas que los Cristianos Dicen". La siguiente frase mítica a examinar será: "¡Así soy yo!".

Dios El Todo


Oh Dios, cuya voluntad lo conquista todo,

No hay confort en nada aparte de deleitarse en ti
y estar ocupado en tu servicio;

Tú lo eres Todo en todo, y todo deleite es para mí lo que tú decidas, y nada más.

Estoy satisfecho en tu voluntad, sea cual sea,
o la que será en cualquier aspecto,

Y sí tú quieres que decida por mí mismo en algún asunto,
escogería remitirlo todo a ti,
porque tú eres infinitamente sabio y no puedes equivocarte,
y yo estoy en peligro de hacerlo.

Me regocijo en pensar que todas las cosas están a tu disposición,
y me deleita dejarlas allí.

Entonces la oración se torna completamente en alabanza,
y todo lo que puedo hacer es adorarte y bendecirte.

¿Qué puedo darte por tus beneficios?

Estoy indeciso entre dos cosas, sin saber qué hacer;

Anhelo regresarte algo, pero no tengo nada que ofrecer,
y sólo puedo regocijarme en el hecho de que tú lo haces todo,
que no hay nadie en el cielo o en la tierra que comparte tu honor;

Yo, en mí mismo, no puedo hacer nada para glorificar tu bendito nombre,
pero puedo a través de la gracia rendir con gozo toda mi alma y cuerpo a ti.

Sé que tú eres el autor y consumador de la fe,
que toda la obra de redención es tuya solamente,
que toda buena obra o pensamiento que se encuentra en mí es el efecto de tu poder y gracia,
que el sólo motivo por el cual trabajas en mí el querer como el hacer es para tu buen deleite,

Oh Dios, es increíble que los hombres hablan tanto
del poder y la bondad humana,
cuando, si tú no nos refrenaras cada momento, seríamos demonios encarnados.

Esto, por amarga experiencia, es lo que me has enseñado acerca de mí mismo.

(De The Valley of Vision. Mi traducción)

Satisfaccion en Cristo

Cuando caemos en pecado (lo cual sucede a diario), es una tontería no confesarlo delante de Dios. Es verdad que uno se siente culpable por haber violado la Ley de Dios, pero hay que reconocer que ése sentido de culpa es la obra del Espíritu redarguyéndonos. Así que lo mejor es actuar rápidamente y ponernos a cuentas con Dios (recuerda lo que dice Prov 28:13).

Cuando sabes que Dios es un Dios que se deleita en perdonar, el sentimiento de paz que proviene del perdón es inigualable. Sin duda que todo pecado tiene sus consecuencias, pero cuando Dios perdona, Él ya no castiga, ya que si castigara querría decir que no nos ha perdonado (Ps 103:12; Ps 32:1; Is 53:6; Rom 8:1).

Para mí, una de las bendiciones más grandes del perdón es el darme cuenta que solamente Cristo satisface verdaderamente. Aunque el pecado me seduce y me promete placer o felicidad, al final sólo me trae un sentido vacío.

Pero con Cristo no es así. El tener una relación íntima y sin obstrucciones con Él trae felicidad y gozo.

Así que odio pecar. Pero cuando lo hago y vengo a Él en busca de perdón, y al hallarlo inmediatamente, una vez más recuerdo que en Cristo encuentro no solamente salvación, sino también satisfacción.

El Valle de la Visión: La Trinidad (Parte 1)

La siguiente es una oración puritana:

Tres en Uno, Uno en Tres, Dios de mi Salvación, 

Padre celestial, bendito Hijo, eterno Espíritu, 
Te adoro como un Ser, una Esencia, 
un Dios en tres distintas Personas, 
por traer a pecadores a tu conocimiento y tu reino. 
Oh Padre, tu me has amado y enviado a Jesús a redimirme; 
Oh Jesús, tu me has amado y tomado mi naturaleza, derramaste tu propia sangre para limpiar mis pecados, trajiste justicia para cubrir mi indignidad; 
Oh Espíritu Santo, tú me has amado y has entrado en mi corazón, implantaste allí vida eterna, y me revelaste las glorias de Jesús. 
Tres Personas y un Dios, te bendigo y adoro, por un amor tan inmerecido, tan inexpresable, tan increíble, tan poderoso para salvar a los perdidos y resucitarlos a gloria. 

"The Trinity", The Valley of Vision (El Valle de la Visión). Mi traducción.

El Deleite en la Ley


La semana pasada, como parte de mi lectura diaria, leí el Salmo 119, y una vez más me llamó mucho la atención el deleite y la alegría que el salmista encuentra en la ley de Dios. El salmista una y otra vez habla de cómo se deleita en cumplir la ley de Dios, en leerla, en meditar en ella, ¡es casi como si estuviera completamente enamorado de la ley!

¿Y por qué es esto tan raro, al menos para mí? Porque estamos hablando de la ley. Con todas sus reglas, mandamientos y rituales. ¿Quién de nosotros no batalla al leer el Pentateuco? Hay partes en las que uno necesita todos los poderes de concentración para no dormitar. Además, son tantos los mandamientos que es difícil mantenerlos todos en mente; uno fácil pierde la cuenta de cuántos son. Sin embargo, en otro salmo se nos dice que los mandamientos son "deseables más que el oro" y "dulces más que miel, la que destila del panal" (Salmo 19:10).

Creo que en parte no podemos concebir tal deleite en la ley porque en el Nuevo Testamento vemos a los fariseos, quienes tenían una obsesión por la ley que había llegado a convertirse en pecado. ¡Qué tragedia! Los fariseos, al menos muchos de ellos, eran gente hipócrita que en lugar de seguir la ley, habían puesto sus tradiciones por encima de ella.

Así que el problema no estaba en la ley, sino en que los fariseos le habían añadido a ella. La ley en sí es perfecta y pura, y un reflejo perfecto de la santidad de Dios. Cristo mismo dijo, "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo 5:18). Y agregó, "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mateo 5:17).

Dicho esto, hay que poner en claro que la ley nunca fue suficiente para salvar a nadie. Pablo nos aclara que la salvación siempre ha sido por gracia, inclusive en el Antiguo Testamento (Pablo discute esto en Rom 4).

¿Y qué de nosotros, hoy en día? Primero que nada, la ley del Antiguo Testamento ya no tiene yugo sobre nosotros, y ha cumplido su propósito en los cristianos, el cual es apuntar a Cristo, mostrarnos nuestro pecado y traernos a Cristo. Pero eso no quiere decir que esté completamente abrogada, ya que ésta debe seguirse tomando en cuenta pues refleja a Dios, ya que Él es inmutable. Es decir, la ley del Antiguo Testamento sigue siendo muy importante hoy en día.

Además, la Palabra enseña que estamos bajo la ley de Cristo (1 Cor 9:21; Gal 6:2). Hay muchos que, en nombre de la libertad cristiana, cometen todo tipo de pecado sin darse cuenta que su libertad es falsa. Para el verdadero creyente, la libertad se encuentra en cumplir la ley de Cristo. Y ésta ley no es una pesada carga, sino todo lo contrario. El Apóstol Juan dijo, “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn 5:3).

No son gravosos para aquellos que tienen el deseo de ser como Cristo. Para el mundo los mandamientos de Dios son locura. Inclusive para el creyente son difíciles. Nadie ha dicho que bendecir a los que nos maldicen es fácil. Que hacer bien a los que nos aborrecen es fácil. Que poner la otra mejilla es fácil. Sin embargo, para el creyente, la ley de Cristo es un yugo fácil y una carga ligera (ver Mat 11:30), ya que uno no la carga sólo. Cristo siempre nos da de su gracia para poder hacer lo que Él nos manda que hagamos. Jamás nos deja solos.

¿Y qué de ti? ¿Te deleitas en cumplir los mandamientos de Cristo? ¿Meditas en ellos? Te esfuerzas (por la gracia de Cristo) en amar a Dios sobre todo y amar a tu prójimo como a ti mismo?

Piensa en la comida más deliciosa que puedas imaginar. Lo que más te gusta. Ahora piensa si estarías dispuesto a no comer ésa comida con tal de ayudar a alguien necesitado, o con tal de perdonar a alguien, o con tal de mostrar amor a un niño. Ojalá puedas decir como el salmista que los mandamientos de Dios son “dulces más que la miel, y que la que destila del panal”.



Cuando no puedas dormir...

Últimamente he tenido problemas para dormir por la noche. No, no son pesadillas, tampoco por tomar café antes de dormir. Simplemente me da insomnio, el cual corre en mi familia. Pero, como diría el Chavo (¿o el Chapulín?), a veces hay que tomar las cosas por el lado amable.

Así que, para ustedes que padecen o han padecido de insomnio, o si alguna vez se les ocurre la locura de tomarse un expresso a éso de las nueve de la noche, aquí les va una breve lista de cosas qué hacer en ésas horas en donde los párpados no se quieren quedar cerrados.

  • Recitar. A mí me gusta recitar las porciones Bíblicas que he memorizado, ya sea un Salmo, o alguna porción en una Epístola, etc. Recitar la Escritura trae paz.
  • Leer. Primero, la Biblia. Recomiendo los Salmos. De ésa manera puedes transicionar de la lectura de un Salmo a...
  • Oración. Usa el Salmo que leíste como modelo para orar. Alaba a Dios por las cosas que el Salmista lo alaba. Puedes aprovechar la noche para ponerte a cuentas con Dios, arrepentirte de pecados que vengan a la mente, y pasar un tiempo de comunión.
  • Leer otro libro. Si de plano no haz podido dormir, le toca el turno a alguna buena novela. Tal vez una novela de misterio, ya que éstas se leen mejor en el silencio de la noche.
  • Escribir. Si tienes blog, problema resuelto. Haz lo que yo estoy haciendo en estos momentos. Pero hay más opciones. A mí me gusta escribir un diario (aunque no escribo diariamente), así que aprovecho la noche para escribir alguna memoria. Si te gusta la poesía, pues aprovecha la quietud de la noche para escribir ése poema que dejaría a Robert Frost impresionado. Y si la ficción, pues no estaría nada mal agregarle una escena más y unos cuantos diálogos a tu cuento.
  • Salir. Si tienes un bonito patio, podrías salir a sentir el frío de la noche y contar algunas estrellas. La soledad y quietud son buenas en éstos tiempos llenos de ruido, tráfico, y agendas llenas.
Y ahora, qué NO hacer.
  • Tomar más café. Si éso te pasa por la mente, no es insomnio lo que tienes--es delirio.
  • Comer. Un estómago pesado no ayuda a dormir. Algunos dicen que comer una media manzana ayuda, pero francamente no lo he intentado.
  • Cantar. A menos que quieras amanecer al siguiente día sólo para notar las miradas asesinas de tu familia, cantar no es recomendable. Aparte a esas horas un gallo está más entonado que tú.
  • Tocar un instrumento. Los resultados pueden ser muy parecidos al de cantar. Si tienes hermanos o hermanas pequeñas, debes pensar en que probablemente están planeando una venganza, así que si una noche te despiertas con la cara mojada o si tu alarma suena misteriosamente a las 4 am, cúlpate a ti mismo.
  • Contar ovejas. No sé a quién se le ocurrió eso ni por qué es popular, pero nunca me ha funcionado.
  • Ver una película. ¿Y si te quedas picado? Aparte, lo que no quieres es ruido, sino tranquilidad.
  • Serenata. No, ahora no es el momento para hacerlo, te lo aseguro.
Bien, esa es mi lista básica. Si algo más se me ocurre, ya lo agregaré.

¡Buenas noches!

¿Te dices Cristiano?

Esta mañana leí lo que comparto con ustedes. ¿Te dices Cristiano? ¿Sabes lo que éso significa?

"Alguna vez te has detenido recientemente a pensar en lo que dices creer si eres Cristiano? B.B. Warfield lo describió así: Una docena de campesinos ignorantes proclamando a un Judío crucificado como el fundador de una nueva fe; portando como el símbolo de su adoración un instrumento que era el símbolo de la ignominia, esclavitud y crimen; predicando lo que debió parecer una doctrina absurda acerca de la humildad, sufrimiento paciente y amor a los enemigos [...]; demandando lo que debió parecer una adoración absurda a uno que había muerto como malhechor y esclavo, y dando lo que debió parecer una promesa absurda de vida eterna a través de uno quien había muerto, y no sólo eso, sino muerto entre dos ladrones" (Mark Dever, 9 Marks of a Healthy Church [9 Marcas de una Iglesia Saludable]).

Me recuerda lo que dijo Pablo. "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios" (1 Corintios 1:18).