Feliz Cumpleaños, John Wesley. Dos Cucharas de Plata. Miles de Almas

El siguiente artículo me causó mucho impacto. Fue escrito por John Piper en su blog, y lo he traducido. Espero que les sea de impacto.
---------------------


Gracias, John Wesley, por practicar lo que predicabas acerca del dinero. John Wesley nació hoy en 1703 (mismo día que Jonathan Edwards). Él fue uno de los grandes evangelistas del siglo 18. Hoy quiero celebrar su actitud al dinero.


Él es famoso por haber dicho: “Habiendo, primero, ganado todo lo que puedas, y luego ahorrado todo lo que puedas, entonces da todo lo que puedas”. (Sermón 50, “El Uso del Dinero” en Las Obras del Reverendo John Wesley [The Works of the Reverend John Wesley], 1840, editado por John Emory, Vol. I, 446). Veamos cómo es que lo puso en práctica.


En 1731 él comenzó a limitar sus gastos para tener más dinero para dar a los pobres. En el primer año sus ingresos eran 30 libras y se dio cuenta que podía vivir con 28, así que dio dos. En el segundo año sus ganancias se doblaron pero mantuvo sus gastos igual, así que tuvo 32 libras para dar (el ingreso de un buen año). En el tercer año sus ingresos saltaron a 90 libras y él dio 62 libras. En su larga vida sus ingresos avanzaron hasta tener 1,400 libras al año. Pero rara vez dejaba que sus gastos subieran más de treinta libras. Él dijo que casi nunca tenía más de cien libras en su posesión.


Esto desconcertó tanto a los Comisionados de Impuestos Ingleses que lo investigaron en 1776 insistiendo que un hombre con sus ingresos debía tener bandejas de plata y que no estaba pagando impuestos por ellas. Él les respondió:


“Tengo dos cucharas de plata en Londres y dos en Bristol. Esos son todos los platos que tengo en este momento, y no compraré más mientras que tantos a mi alrededor necesitan de pan”.
Cuando murió en 1791 a la edad de ochenta y siete, el único dinero mencionado en su testamento fueron las monedas que se encontraron en sus bolsillos y su buró. Casi todo el dinero--30,000 libras--que había ganado en su vida lo había dado a otros. Él escribió,
 “No puedo evitar dejar mis libros cuando Dios me llame; pero en lo que a lo demás concierne, mis propias manos serán mis ejecutoras”.
En otras palabras, pondré control en lo que gasto, e iré más allá del diezmo por causa de Cristo y Su reino.


(Las citas vienen de Mission Frontiers, Sep./Oct. 1994, nos. 9-10, pp. 23-24.)


Escrito por John Piper para DesiringGod.org. El artículo original en inglés se encuentra aquí: http://www.desiringgod.org/blog/posts/happy-birthday-john-wesley-two-silver-spoons-and-thousands-of-souls



Circo, Maroma y Teatro


“Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados;  y toda la ciudad se agolpó a la puerta. [...] Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1: 32-33, 35).

Marcos capítulo 1 nos narra el principio del ministerio de Cristo en la región de Galilea. La misión de Jesucristo es simple: predicar el Evangelio del Reino, el cual se nos es dado en el capítulo 1, versículo 15: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Sin embargo, la gente de Galilea no parece estar muy interesada en el mensaje central del Evangelio, el cual tiene que ver con su vida espiritual (arrepentirse y tener fe); más bien la gente se interesa en el poder sanador de Cristo. Después de que Cristo sana a la suegra de Pedro, la gente se entera de lo sucedido y pronto toda la ciudad se amontona a la puerta de la casa de Pedro para ser sanados por el Señor.

Uno pensaría que la situación era ideal. De la noche a la mañana Cristo se ha convertido en una celebridad, tanto que muchísima gente quiere verlo para ser sanado. ¡Excelente! ¿No?

Cristo no piensa igual que nosotros. De hecho, el próximo día se aleja a un lugar solitario. Al parecer ni siquiera les avisa a sus discípulos ya que éstos tienen que irlo a buscar (“rastrear”, en Griego). En el Evangelio de Marcos, Jesús se aleja a un lugar solitario en tres diferentes ocasiones, siempre en relación con alguna crisis.

¿Cuál era la crisis en este caso? Que la gente lo buscaba para ser sanada físicamente, pero no espiritualmente. La gente prefería ser sanada de su ceguera física antes de su ceguera espiritual.

¿Y no es igual hoy en día? La gente viene a Cristo porque piensa que encontrará prosperidad, dinero, etc. Pero poca gente viene a Cristo por su mensaje. Poca gente viene a Cristo para ser sanada de su pecado. Para ser reconciliada con Dios. Los estadios se llenan cuando viene un supuesto (y farsante) hacedor de milagros, pero cuando se trata de la predicación del Evangelio, es difícil atraer a las multitudes. La gente quiere ver lo espectacular. Quiere ver a los cojos saltar. Quiere ver a los mudos gritar. Pero no le interesa ver a un alma ser trasformada espiritualmente. Eso no es emocionante. Preferimos el circo, maroma y teatro.

Cuando Pedro y otros encuentran a Jesús, uno casi puede escuchar la exasperación en su voz: “Todos te buscan”. Como diciendo, «Señor, ¿qué haces aquí? ¡Tengo una casa llena de gente, y tú aquí en medio de la nada!»

Cristo les responde: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (1:38). Aquí vemos la importancia que Cristo le da a la predicación del Evangelio del Reino.

Hoy en día la verdadera predicación ya no es popular en el Cristianismo. Ha sido suplantada por monólogos, obras de teatro, películas, coros, etc. No que éstas cosas sean malas en sí (excepto tal vez los monólogos, sobre todo cuando el que habla parece más un comediante que un predicador), pero cuando suplantan, hacen a un lado, o menosprecian la pura y santa predicación de la Palabra, entonces se ha perdido el Evangelio; lo hemos puesto a un lado ya que es demasiado ofensivo, demasiado aburrido, demasiado impráctico en nuestra sociedad post-moderna. En su lugar preferimos un poco de circo, unas cuantas maromas, y mucho teatro.


Miscelánea


Ha pasado algo de tiempo desde la última vez que escribí un post, y creo que hay buenas razones por ello.

Primeramente, hace aproximadamente un mes y medio me contactó una pequeña iglesia Hispana, la Iglesia Bautista Sonpoint, pidiéndome que fuera su predicador por los próximos dos años que me quedan en el seminario.

Después de consultarlo con el Señor en oración, y al identificar en mi corazón un fuerte deseo a responder a este llamado, lo consulté con mis padres y mi pastor actual y al ver la unanimidad en Espíritu, atendí al llamado. Así que desde hace aproximadamente un mes, sirvo en función de Predicador de la Palabra en esta iglesia.

Ya que tengo la convicción de esparcir el Evangelio a toda persona a través de todos los medios posibles, pondré en el blog un podcast con los sermones dominicales y los devocionales de mitad de semana, con la esperanza segura de que la Palabra de Dios nunca vuelve vacía, y tiene el poder para convencer, desafiar, y dar gozo y descanso al que la escucha.

Así que aquí está el link a mis sermones: http://sermon.net/emanuelelizondo

Hablando de sermones, otro link a la página de sermones de una de las iglesias en Monterrey a la cual pertenezco: http://www.grupovidanueva.com.

Por último, mi amigo Gian escribió un excelente y acertado post acerca de la pregunta: “¿Puede Dios crear una piedra que no pueda levantar?”  http://www.theolo-gian.com/2011/05/puede-dios-crear-una-piedra-mas-grande.html

La Guía

Hace poco vi un reportaje el cual aseguraba que es imposible para los humanos caminar en línea recta con los ojos vendados. Los experimentos son fascinantes. Aunque mucha gente ha intentado, por alguna razón indescifrable para los científicos hoy en día, los humanos simplemente no pueden caminar en línea recta a menos que tengan algún punto de referencia—como una estrella, una montaña, o una brújula. De lo contrario los humanos tienden a caminar en círculos. ¡Muy interesante!
 

En la vida Cristiana, ¡qué facil es caminar en círculos! ¿A qué me refiero? Pues a ésas temporadas por las que todos pasamos en las que nada parece ser nuevo. Todo es rutinario. Leemos la Biblia por la mañana (si nos acordamos); oramos por los alimentos—una oración rápida y robótica; y nos reunimos con la iglesia, pero echándole un vistazo a nuestro reloj cada quince minutos.
 

Caemos en los mismos pecados, el tráfico nos sigue llevando al punto del desquicio, la misma gente nos cae mal y nos juntamos con la misma gente.
 

Nada es nuevo. Todo es circular. Si pudiéramos vernos en un espejo espiritual, veríamos que tenemos los ojos vendados. Que caminamos en círculos por andamos sin guía.
 

Quisiera animarte. La vida Cristiana no es aburrida sino todo lo contrario. Vivir para Cristo es el privilegio más grande del mundo. Ahora no estoy diciendo que nuestra vida deba ser casi como la de Indiana Jones, tampoco creo que debamos querer una vida sitcom, ya sabes, con amigos graciosos que dicen chistes cada que abren la boca y situaciones que se resuelven en treinta minutos. Lo que sí estoy diciendo es que la vida Cristiana debe de disfrutarse. Tienes mucho que disfrutar; todo lo bello viene de Dios; todo lo amoroso viene de Dios; toda verdad proviene de Dios, y puedes y debes disfrutarla. (Dios nos manda disfrutar la vida en el libro de Eclesiastés).
 

En cuanto a caminar sin guía, recuerda que la Biblia es nuestra guía (recuerda el Sal 119:105). Si tu lectura bíblica es aburrida es probablemente porque no le pones atención, porque lo haces como un deber y no un privilegio, o porque la lees cuando estás medio sonámbulo por la mañana o tarde en la noche.
 

Déjame darte algunos tips para tu lectura diaria. Recuerda que son solamente recomendaciones y no mandatos.
 

  • Lee el Antiguo y el Nuevo Testamento. Yo tengo una pequeña hojita de papel (y también una aplicación en mi iPod) en la que puedo tachar cada vez que leo un capítulo. Cada que leo la Biblia leo dos capítulos del Antiguo y uno del Nuevo. ¿Por qué? Porque así siempre estoy leyendo o un Evangelio o una Epístola, las cuales me enseñan de Cristo y de la vida Cristiana.
  • Lee con un marcador o con una libreta (o computadora en mano). Cuando leas algún pasaje, puedes hacerte las siguientes preguntas: ¿Hay alguna verdad que debo recordar? ¿Una promesa que pedir? ¿Un mandamiento a seguir? ¿Un pecado que evitar?
  • Lee diferentes versiones. Aunque en Latinoamérica no hay tantas versiones disponibles como en inglés, hay varias que yo uso en mi estudio personal, como la Reina Valera 1960 y 1995, la Biblia de las Américas, la Biblia de los Hispanos, la Biblia Dios Habla Hoy, y la Nueva Versión Internacional. Leer la Biblia en diferentes versiones puede ayudarte a ver un pasaje de una nueva manera. A mí me ha ayudado mucho.
  • Medita en lo que leíste. Ya lo he dicho varias veces, pero recomiendo escribir en una pequeña tarjeta algún versículo o meditación, y a diferentes horas del día puedes sacar tu tarjetita, leerla, y meditar en lo que aprendiste. ¡Inténtalo!

 

No tienes que caminar con los ojos vendados. Tienes una guía, un mapa escrito nada más y nada menos que por tu Padre Celestial. Úsala.










Impresiones de: Nueve Marcas de una Iglesia Saludable

Mark Dever, pastor de la Iglesia Bautista Capitol Hills en Washington DC es un hombre que toma su llamado bastante en serio. Para él, ser un pastor es algo serio, y pastorear una iglesia no se debe tomar a la ligera. Su deseo es ver iglesias Cristianas que verdaderamente son bíblicas y tienen una pasión por Jesucristo. Dever llama a este tipo de iglesias saludables.
 
El libro Nueve Marcas de una Iglesia Saludable es uno que todo pastor debe leer, y del cual todo Cristiano se puede beneficiar. Por “marcas” Mark Dever quiere decir “características”. Así que las nueve características o marcas son:
 
1) Predicación. 2) Teología Bíblica. 3) El Evangelio. 4) Conversión. 5) Evangelismo. 6) Membresía. 7) Disciplina. 8) Discipulado. 9) Liderazgo.
 
Todos los capítulos son excelentes, y en todos encontré mucho que subrayar y pensar. El primero, “Predicación”, es uno que es absolutamente esencial no solamente para el Cristianismo en los EUA, sino en Latinoamérica. En Latinoamérica escuchamos muchos sermones basados en la Biblia, pero pocos que son realmente expositivos, ya que una predicación expositiva demanda del predicador mucho estudio y exégesis. Para Dever, la predicación expositiva es la labor más importante del pastor. Dever escribe, “Mi rol principal, y el rol principal de cualquier pastor, es la predicación expositiva” (39) [1]. Pero, ¿qué es la predicación expositiva? Dever explica: “La predicación expositiva no es simplemente producir un comentario verbal de algún pasaje de las Escrituras. Más bien, la predicación expositiva es la predicación que toma como el punto del sermón el punto de un pasaje en particular en las Escrituras” (40).
 
Muchos predicadores hoy en día creen que el llamado a predicar es el llamado a hablar delante de mucha gente temas bíblicos. Pero la predicación es mucho más que eso. Dever argumenta que los profetas en el Antiguo y Nuevo Testamento eran llamados a hablar no sus propias palabras, sino la Palabra de Dios. “No importa qué tan elocuente sea un predicador, los predicadores no han sido mandados simplemente a ir y predicar. Han sido mandados a predicar la Palabra. Eso es lo que han sido mandados a predicar” (41).
 
En el tercer capítulo, el cual habla del Evangelio, Dever primero explica lo que no es el Evangelio. No es simplemente un mensaje de amor, y definitivamente no es un mensaje acerca de cómo todos andamos bien. Es un mensaje acerca de un Dios santo y justo quien mandó a su Santo y Divino Hijo a rescatarnos de nuestros pecados y nuestro destino en el infierno. Es acerca de cómo Dios nos declara justos por la obra de Cristo en la cruz, y es acerca de vivir una vida santa y piadosa para Él.
 
En el último capítulo el autor da su defensa en cuanto al gobierno de la iglesia por una pluralidad de ancianos. Dever enfatiza que no cualquiera debe ser nombrado anciano; solamente aquellos que cumplen los requisitos delineados en la Biblia pueden ser ordenados. Al mismo tiempo, Dever dice que la Biblia le da bastante autoridad a la iglesia, así que la iglesia misma debe estar envuelta en la toma de decisiones. Para ello, la iglesia debe tener miembros que son piadosos. Así que hay un balance; los ancianos no deben ser dictadores, sino siervos de la iglesia de Jesucristo.
 
Recomiendo mucho este libro.
 
Para descargar un resumen en español del libro (en formato PDF), da click aquí.

------------------
1. Las citas son del libro en inglés, traducidas por mí.

“¡Que Él venga a mí!” (Parte B)

Serie: Frases Míticas que los Cristianos Dicen. Parte 3b

Supongamos que alguien, un Cristiano o Cristiana, te ha ofendido. ¿Ahora qué vas a hacer? Tienes muchas opciones (aunque no todas correctas). Puedes hacer un feo berrinche al estilo Don Ramón de la vecindad del Chavo; puedes tomar el teléfono y hablarle a algún amigo para decirle lo mal que te cae la persona que te ofendió; puedes planear tu dulce venganza; puedes simplemente tratar de olvidar lo sucedido; o puedes hacer lo que Cristo dijo: ve y arréglate con tu hermano.
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:15-17).
Ya que se han escrito libros con respecto a este tema, en este artículo sólo veremos un pequeño resumen de lo que Cristo nos manda.
 
Paso 1: Confrontación Personal
 
La Fe Cristiana es una fe activa. Lo primero que Cristo dice que debemos de hacer cuando una persona peca contra nosotros es ir personalmente con esa persona para reprenderla. En el Cristianismo no hay lugar para chismes. Ahora, cuando dice que reprendamos a la persona, no quiere decir que vayamos y le gritemos y le digamos todo lo que tenemos en mente. Eso iría en contra de la Biblia misma (Col 4:6). El amor debe de siempre regir en toda conversación, inclusive en la reprensión, ya que el fin de la reprensión es la reconciliación (por eso dijo Cristo, “si te oyere, has ganado a tu hermano”. Ver también: Mt 18:15 y 2 Cor 2:5-8).
 
¿Pero qué pasa si la persona que pecó contra ti no se arrepiente?
 
Paso 2: Confrontación con Testigos
 
El segundo paso es tomar a otras personas para que ellos sean testigos de todo, y se aseguren que todo está en regla. Los testigos deben ser personas espirituales que puedan juzgar correctamente la situación. Si tomas como testigos a tus mejores amigos, por supuesto que van a estar de tu lado. Pero la función del testigo es poder ver que la situación se está llevando a cabo de forma correcta.
Otra función de los testigos es—si ven que la persona verdaderamente está en pecado—implorarle que se arrepienta y confiese su pecado, para así restaurar su comunión con Dios y con la persona a quien ofendió.
 
Paso 3: La Iglesia
 
Si el pecado continúa, y si los testigos se dan cuenta que la persona en pecado no se arrepiente, entonces el asunto se debe llevar a la iglesia. Dios ha dado autoridad a la iglesia para juzgar a sus miembros con justo juicio y en la autoridad de Cristo. Una de las funciones principales de los pastores es la de disciplinar a miembros que, llamándose Cristianos, niegan a Cristo con sus actos (1 Cor 1:1-15; 2 Thess 3:6-15). ¿Pero, si no hay arrepentimiento?
 
Paso 4: Exclusión
 
Cristo dice que aquel que no oye a la iglesia debe ser tomado como “gentil y publicano”. Quiere decir que debe ser considerado como si no fuera Cristiano (no está diciendo necesariamente que no lo es, sino que debe ser considerado por la iglesia como si no lo fuera).
 
Cuando una persona es expulsada de la iglesia, los miembros deben seguir orando por esa persona para que Dios tenga misericordia de ella y se arrepienta, y así vuelva a la iglesia y pueda ser restablecida delante de todos. El punto siempre es la reconciliación y restauración; nunca la venganza o represalia. Una iglesia que usa la excomunicación indebidamente (como lo hacía Diótrefes en 3 Jn 9-10) ha abandonado la verdadera Fe.
 
Cristo, como vemos, toma bastante en serio cuando hay pecado entre aquellos que lo siguen. Él toma bastante en serio cuando dos miembros de su Iglesia están en enemistad. La excusa de “Si él pecó contra mí, él debe venir a mí” no es válida. Cristo quiere que tú seas activo en re-establecer tu comunión con otro hermano en Cristo.
 
Toma la oportunidad para, en amor, reprender a tu hermano y ayudarle a crecer en su vida cristiana.
 
¿Ha pecado alguien contra ti? ¿Qué vas a hacer?
 

Un excelente libro que aborda este tema más a fondo es: “Capacitado para Orientar” por Jay Adams.
------------
Otros posts en la serie (da click en el nombre):

La Biblia, un Tesoro

Me he tomado una breve pausa de la serie de posts que he estado escribiendo ya que he cambiado de computadora, así que no he tenido computadora hasta ayer, y por lo tanto no tuve mucho acceso a internet. ¡Es increíble cómo uno se puede sentir casi desesperado sin la computadora!

Por otra parte, esta semana en la Universidad en la que estudio y enseño tuvimos una semana entera de conferencias bíblicas, las cuales terminan hoy. He aprendido mucho, escuchando tres sermones al día y meditando en lo que Dios quiere de mí.
 

Una de las predicaciones que me ha hecho meditar fue basada en el libro de Santiago, y sin ir a muchos detalles, el predicador nos hizo ver la gran bendición que es escuchar, leer, y estar expuestos a la Santa Palabra de Dios.
 

Me encanta pensar que Dios es un escritor. Él decidió expresarse a través de escritores; algunos más preparados que otros, de diferentes trasfondos, nativos de diferentes regiones, pero todos inspirados por el Espíritu del Dios viviente. Y lo increíble es que nosotros tenemos todos los libros completos. Tenemos la completa revelación de Dios. Dios nos habla hoy a través de la Biblia.
 

Me da vergüenza decir que a veces tomo a la ligera la Palabra. Tal vez estoy acostumbrado a ella, a tener muchas Biblias, en diferentes versiones e idiomas. Y por ello me olvido que la Biblia es mucho más que un libro, es un mensaje, es una carta del Creador a Sus criaturas, una carta de un Padre a sus hijos. ¡Ayúdanos, Señor, a amar, atesorar y deleitarnos en tus dichos, de la misma forma que el salmista se deleitaba en ellos!
 

Te pregunto lo mismo que me pregunto a mí mismo: ¿atesoras la Palabra de Dios? ¿La lees, memorizas, la amas?

"¡Que venga él a mí" (Parte A)


Serie: "Frases Míticas que los Cristianos Dicen". Parte 3a

Tú y yo hemos ofendido a otros muchas veces. Y probablemente hemos sido ofendidos un buen número de ocasiones también. La Biblia dice, “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Santiago 3:2).

¿Cual es tu reacción cuando alguien te ofende? Hace algunos años una persona me contó de un problema que tenía con un amigo. “Me dijo esto y aquello, así que estoy molesto con él”.

“¿Vas a ir a hacer la paces con él?”, le pregunté.

“No”, me contestó. “Él me ofendió a mí. ¿Por qué voy a ir yo a él? ¡Que venga él a mí!”.

Ése actitud es incorrecta a la luz de las Escrituras. Obviamente es lo que nos gusta, porque lo que queremos muchas veces no es reconciliación, sino humillación. Queremos que la otra persona se sienta mal y nos pida perdón para que podamos sonreír internamente y sentirnos superiores. Sentirnos que estábamos en lo correcto, y que la persona que nos ofendió recibió su merecido.

Vamos a contestar dos preguntas. Primero, ¿cuántas veces hay que perdonar? Segundo, ¿cual es el método a seguir?

Remontémonos al tiempo de Cristo y sus apóstoles. En Lucas 17, Cristo decide enseñarle a sus discípulos acerca del perdón. “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (vv. 3-4).

Trata de imaginar el escenario puesto por Cristo. Digamos que una persona que conoces--miembro de la iglesia--trabaja contigo. Por la mañana al llegar al estacionamiento te grita porque inadvertidamente te estacionaste en su puesto. Minutos después te pide perdón: “No debí haber reaccionado así, perdóname”. Así que lo perdonas. Una hora después te vuelve a gritar por algo, y esta vez en público. Media hora después te pide perdón. A la hora de la comida, ésta persona decide hacerse la graciosa y “sin querer” te golpea en la espalda cuando tomabas tu refresco, el cual se derrama en tu camisa. Todos se ríen. Pero después, sí, viene arrepentido y te pide perdón.

¡Y así siete veces! ¡En un mismo día! Cristo no dice, “A la cuarta, ya se la puedes regresar”. “A la quinta, te puedes enojar”. “A la sexta, dile que ya le queda solamente una”. Jesús no dice que le puedes poner condiciones. "Si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti diciendo: Me arrepiento; perdónale".

Los discípulos no lo podían creer. ¡Lo que Cristo pedía era demasiado radical! Su respuesta fue: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). En los siguientes versículos (6-10) Cristo deja en claro que no se trata de cantidad de fe, sino de obediencia.

Ahora bien, el propósito de Jesús no era limitar el perdón a sólo siete veces. Esto es claro en Mateo 18, en donde Pedro le pregunta a Jesucristo, “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” (18:21). 

Para Pedro, perdonar siete veces era el límite. Tal vez pensaba que eso era lo que Cristo quería. Además, los Rabinos de aquel entonces pensaban que perdonar más de tres veces era innecesario, ya que según ellos Dios había solamente perdonado tres veces a los enemigos de Israel.

Cristo le responde en hipérbole: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (18:22). El punto de Cristo no es que solamente se deba perdonar 490 veces, o siete a la setenta potencia, el punto es que hay que perdonar siempre.

“¿Cómo siempre?” te preguntarás. Así como se oye: siempre.

“¡Pero eso es imposible!” Déjame preguntarte: ¿cuántas veces te ha perdonado Dios? ¿Siete? ¿Cuatrocientos noventa? ¿Miles? Pero Dios no se cansa. Te perdona, te perdona, y te vuelve a perdonar.

Si Dios nos ha perdonado tanto (todos nuestros pecados), ¿cómo no podemos nosotros perdonar?

Sí, la enseñanza acerca del perdón que Cristo enseña es radical, pero su amor también lo es. Te aseguro que jamás perdonarás a nadie en el mundo más veces de las que Cristo te ha perdonado a ti.
Así que hay que perdonar siempre.


En el próximo post examinaremos el patrón específico que Cristo nos da a seguir cuando alguien ha pecado contra nosotros.

-----
Da click en el nombre para ver los otros posts en la serie.
Parte 2: "¡Así soy yo!"