Un Buen Cambio.

Mi vida cambió hace seis meses. Después de cinco (largos) años estudiando las maestrías en el seminario, regresé a mi ciudad a enseñar teología e inglés en la Universidad Cristiana de las Américas.

Estar del otro lado del escritorio es diferente. Antes me preocupaba por estudiar para el examen, ahora me preocupo por escribir un buen examen. Antes me preocupaba por terminar la lectura, ahora me preocupo por qué lectura encargar. Antes me desvelaba seguido… ahora no. ¡Eso no lo extraño para nada!

Uno de los “problemas” de la docencia es que, como es bien sabido, no es un trabajo remunerado. Depende de cómo definimos “remunerar”. Si estamos hablando estrictamente de dinero, sin duda alguna, no es bien remunerado. Pero si agregamos a esa definición la habilidad de impactar personas, impactar la sociedad, y cambiar vidas para el bien, entonces es un trabajo soñado.

Los que son docentes saben de qué hablo. No puedo decir que tenga mucha experiencia en esto (tengo poco enseñando), pero pocas cosas se comparan con ver en un estudiante el momento “¡Eureka!” en sus ojos. O cómo se arquean las cejas cuando escuchan algo nuevo o interesante. O inclusive cómo se tornan los ojos vidriosos cuando das un ejemplo emocional.

Y no olvidemos que nuestro Señor Jesucristo era un rabí, un maestro. ¡Las enseñanzas de Cristo han cambiado millones de vidas, y el mundo entero!

No importa en qué ámbito te desempeñes. De alguna manera puedes impactar a otros. Si enseñas, produces, cuentas, investigas, curas, o planificas, puedes usar tus talentos para Dios.


Dios nos usa en donde estamos. ¿De qué manera te está usando a ti?


Párrafos

Como escritor, hay párrafos que leo y recuerdo que me encantó haberlos escrito.

"Mi Mesías" es hasta ahora la novela más larga que he escrito. Me tomó cinco largos años terminarla, ya que la escribí mientras estaba en el seminario.

Quiero compartir una de las muchas partes que me gustan de la novela. Esto es del capítulo 15. Espero que le guste.

--::--

Seguimos la travesía. El señor Jacob me dijo que llegaríamos pronto al lugar donde pastarían las ovejas. Aunque la región de Belén era relativamente árida, había varios lugares verdes que en mi opinión eran perfectos para las ovejas. Pero el señor Jacob me dijo que a sus ovejas no les daba lo bueno, sino lo mejor. Así que las guiaba a pastos verdes y delicados, junto a aguas quietas y de reposo, en donde podían comer y dormir sin temor.

El señor Jacob y Razzi trataban a sus ovejas bastante bien. Eran unos pastores modelo. En realidad no conocía a otros pastores, pero yo estaba completamente convencido en mi mente que no había en todo Israel mejores pastores que los dos con quienes caminaba en ese momento.

—¡Obstinada!—gritó el señor Jacob al ver a una ovejita que se alejaba hacia la derecha hacia unos árboles medio secos rodeados por matorrales. A esta oveja en particular le quedaba bien el nombre. Ya había intentado huir en tres ocasiones y nunca hacía caso cuando la llamaba el señor Jacob o Razzi. El señor Jacob había dicho que ésta era una de las problemáticas, y que por las noches siempre se aseguraba de tenerla cerca ya que era experta en escaparse. Parecía disfrutar de hacerles la vida difícil.

—¡Obstinada!—grito de nuevo el señor Jacob, y noté que sonaba molesto. Inclusive preocupado. La ovejita seguía su rumbo. Normalmente el señor Jacob caminaba hacia ellas y las tomaba por el cuello con su callado, pero esta ves comenzó a correr.

Con mi vista periférica noté alguien moviéndose rápidamente a mi izquierda, era Razzi, que venía a toda velocidad con algo en sus manos que no era su cayado. ¿Qué estaba pasando?

Cuando miré hacia donde estaba el señor Jacob, lancé un grito. Me di cuenta de por qué los dos pastores corrían.


De los matorrales había salido un inmenso oso.

--::--

Puedes comprar la novela en e-book o pasta suave aquí: http://www.amazon.com/Mi-Mes%C3%ADas-Novela-Redenci%C3%B3n-Spanish-ebook/dp/B008YMC7TS/

Y si te interesa ver mis otros libros, puedes ir aquí: http://www.amazon.com/Emanuel-Elizondo/e/B00589CSCQ/


Predícate a ti Mismo

No se dónde escuché por primera vez esta verdad transformadora: "Predícate el Evangelio a ti mismo". No sabrás de qué hablo hasta que lo pongas en práctica. Pero antes, ¿a qué me refiero? Me refiero a que cuando Satanás o tu carne te atacan con pensamientos anti-bíblicos, tú puedes y debes luchar en contra de ellos al predicarte a ti mismo las verdades de la Biblia.

Los salmistas ponían esto en práctica. Fíjate como usan la frase "alma mía" para predicarse a sí mismos.

En tiempo de temor, David escribe: "Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti" (Salmo 16:1-2).
En turbulencia interna, los hijos de Coré dicen: "¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío" (Salmo 42:5).

De nuevo David, en tiempo de dificultad, dice: "Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio" (Salmo 62:5-7).

Acerca de esto, Jerry Bridges escribe: "Predicarte el Evangelio a ti mismo, entonces, quiere decir hacerle frente a tu propia pecaminosidad y huir a Jesús por la fe en su sangre vertida y su vida justa. Quiere decir apropiarte, de nuevo por la fe, del hecho de que Jesús completamente satisfizo la ley de Dios, que Él es tu propiciación, y que la santa ira de Dios ya no está dirigida hacia ti" (La Disciplina de la Gracia [recomiendo mucho este libro]).

¿Y cómo se pone en práctica?

  • Cuando te sientes insatisfecho: "Alma mía, ¡Cristo es suficiente!" (Colosenses 2:10, "y vosotros estáis completos en Él").
  • Cuando no te sientes perdonado: "Emanuel, 'Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones' (Salmo 103:12)".
  • Cuando sientes la necesidad de hacer algo para ganarte el perdón: "Alma mía, 'Jehová cargó en él [Jesús] el pecado de todos nosotros' (Isaías 53:6)".
  • Cuando te sientes condenado: "Emanuel, 'Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús' (Romanos 8:1).


Hay más versículos: Sal. 130:3-4; Is. 1:18; 38:17; Miq. 7:19; Ef. 1:7; Col. 2:13-14; Heb. 8:12; 10:17-18, entre muchos otros. Por supuesto, no son oraciones "mágicas". Se necesita fe verdadera en las promesas de Dios. Es necesario "esforzarte en la gracia" por el poder de Cristo. Yo encuentro que constantemente tengo que luchar contra pensamientos anti-bíblicos que atentan contra la gracia de Dios. Para eso Dios nos ha dado su Espíritu y su Palabra.

Pues bien, cuando seas atacado en tu mente, usa el arma más poderosa--la Palabra--, y ¡predícate a ti mismo!





-Versos y cita tomada de: http://www.challies.com/quotes/jerry-bridges-preaches-the-gospel-to-himself
-El Libro de Jerry Bridges, "La Disciplina de la Gracia", se puede conseguir en librerías o en línea en: http://www.amazon.com/Disciplina-Gracia-Discipline-Grace-Spanish/dp/958914988X/


Sólo en Jesús


“Cuando vemos la salvación completa, cada una de sus partes se encuentra en Cristo, así que debemos tener cuidado de no derivar la gota más pequeña de ningún otro lado.

Porque si buscamos la salvación, el mismo nombre de Jesús nos enseña que Él la posee.

Si se buscan otros dones del Espíritu, en su un ungimiento se encuentran; fuerza, en su reino; y pureza, en su concepción; y ternura, expresada en su natividad, de la cual de todas las maneras Él fue hecho como nosotros, para que Él pudiera aprender a sentir nuestro dolor.

Cuando buscamos redención, es en su pasión que la encontramos; la absolución, yace en su condenación; y la libertad de la maldición, en su misma cruz es dada.

Si buscamos el perdón de nuestros pecados, lo encontraremos en su sacrificio; limpieza en su sangre. Si reconciliación ahora necesitamos, para esto Él entró en Hades. Para vencer nuestros pecados debemos saber que en su tumba fueron puestos. Entonces vida nueva nos trae su resurrección y también inmortalidad viene con ese mismo regalo.

Y si también buscamos encontrar una herencia en el reino del cielo, su entrada ahí nos la asegura para nuestra protección, seguridad también, y bendiciones que abundan, todas fluyendo de su trono real.

La suma de todo es esto: para aquellos que buscan este cofre de todo tipo de bendiciones, en nadie más se pueden encontrar más que en Él, pues todas son dadas en Cristo solamente.”

-Juan Calvino. Institutes of the Christian Religion, John T. McNeill, Ed. Library of Christian Classics (Nashville: Westminster John Knox, 1960), Vol. I, Book 2, Chapter XVI, Section 19, p. 527. Mi traducción.



La Divina Transacción.

Lutero en la "Dieta de Worms".


“Al que no conoció pecado, [Dios] por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él [en Cristo]” 2 Corintios 5:21.

El Reformador Martín Lutero, cuando entendió que la justicia de Dios se refería a la justicia que Dios imparte para salvación, la justicia que es puesta sobre el creyente por la fe, escribió: “Entonces me sentí renacer y sentí que pasé por las puertas abiertas al paraíso. La Escritura entera cobró nuevo significado, y cuando antes la ‘justicia de Dios’ me llenaba de odio, ahora me parecía inexpresablemente dulce en gran amor”.

2 Corintios 5:21 es uno de los pasajes clave en la doctrina fundamental llamada, “La Justicia Imputada”. Esta doctrina es muy importante. Quiere decir que Dios mandó a su Hijo, quien nunca cometió pecado, para que muriera por nuestro pecado. De esa manera nosotros podemos tener la justicia de Cristo en nosotros.

La transacción es esta: al creer en Cristo, mis pecados son puestos sobre Él, y la justicia de Cristo es puesta sobre mí. A eso se refiere la frase, “Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 

Martín Lutero dijo de la doctrina de la Justificación: “Si este artículo está de pie, la Iglesia está de pie; si este artículo se colapsa, la Iglesia se colapsa”. ¡Así de importante es la justificación! Si yo no tengo la justicia de Dios puesta sobre mí, no puedo presentarme delante de Dios. Y si mi presento delante de Dios con mi propia justicia, ¡estoy muerto!

¿Cómo queremos presentarnos delante del trono de Dios? ¿Vestidos de nuestra justicia, o la de Cristo?

Uno de mis himnos favoritos es, “Maravilloso es el Gran Amor”, escrito por John Wesley. Termino con la cuarta estrofa, mi favorita: “Hoy ya no temo la condenación; Jesús es mi Señor, y yo suyo soy. Vivo en Él que es mi salvación, vestido en Su justicia voy. Libre acceso al Padre gozo ya, y entrada al trono celestial. ¡Oh, maravilla de su amor! ¡Por mí murió el Salvador!”. ¡Amén!

Nueva Criatura

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17.

La primera definición que la Real Academia Española da a la palabra metamorfosis es sencilla: “Transformación de algo en otra cosa”. Esta interesante palabra proviene del Griego que quiere decir, “Transformación”. La mariposa no es el único insecto que pasa por metamorfosis. Hay varios insectos y anfibios que pasan por este proceso. Pero la mariposa es el ejemplo más impactante porque pasa de ser una oruga—un insecto que muchos encuentran algo repugnante—a una mariposa, uno de los insectos más bellos en nuestro planeta.

2 Cor. 5:17 nos dice que el Cristiano, al creer en Cristo, pasa por un proceso de metamorfosis, por así decirlo. Este cambio no es natural, sino todo lo contrario. Para experimentar este cambio radical, hay una condición absoluta: estar en Cristo. La única manera de estar en Cristo es a través de la fe. Es la única manera de reconciliarnos con Dios (2 Cor. 5:19). Y es la única manera de ser transformado.

Dice este verso que somos transformados en una nueva criatura. ¿A qué se refiere? Sin duda alguna no indica que dejamos ser de alguna manera humanos. No; es un cambio espiritual e interno. El Creyente adquiere un corazón limpio, un espíritu nuevo y renovado (Sal. 51:10), y una nueva naturaleza (Col. 3:10; Ef. 4:24).

Al adquirir esta nueva naturaleza, es como un “borrón y cuenta nueva”. Dios ya no nos toma en cuenta nuestros pecados gracias a Cristo. Lo pasado queda en el pasado, y todo es ahora nuevo.

Un maestro de consejería nos decía, “Cuando te sientas triste, afligido, o en medio de una prueba, di en voz alta: ‘Podré estar triste, ¡pero tengo a Cristo!’”.

Esta transformación es causa de gozo, independientemente de lo que estemos pasando.

Por Fe, no por Vista

“Porque por fe andamos, no por vista” 2 Corintios 5:7.

Está de moda ser radical, ir contra la corriente, ser “hipster”, diferente, nuevo, de mente abierta. La gente celebra la individualidad colectiva.

El Cristianismo bíblico verdaderamente va contra la cultura con esta frase de Pablo: “Porque por fe andamos, no por vista”. Hay un himno que dice, “Ando por fe, por vista no, y creo en lo que prometió”. El mundo se rige por lo que ve, mientras que el Cristiano se rige por la fe.

El Cristianismo no es una “fe ciega” en el sentido de que seguimos algo sin base alguna. No, tenemos bases firmes: históricas, filosóficas, teológicas, morales, etc. No hay una sola fe en el mundo que haya sido más atacada, examinada y defendida como el Cristianismo. Ha sobrevivido el escrutinio de los hombres y mujeres más inteligentes y escépticos, y sin embargo sigue en pie.

Pero el Cristiano tiene su fe en Cristo. Sí, hay bases históricas para creer en la Biblia, pero eso es circunstancial. Lo principal es Cristo. Creer en Él. Dejar que su Espíritu actúe en nosotros y nos convenza de la certeza de lo que creemos.

Para algunos, sin duda, esto es locura. Pero para nosotros los que hemos creído, es una certeza. Anselmo de Canterbury dijo, “Creo para poder entender”. Es decir, la fe viene primero, el conocimiento después.

Si lo que quieres es ver para creer, el Cristianismo no es para ti. Más bien, el Cristiano cree para entonces ver. Y es a través de Cristo que el Cristiano lo llega a ver todo.

Como dijo C.S. Lewis, escritor y profesor en Oxford, “Creo en el Cristianismo como creo en el sol; no sólo porque lo veo, sino porque a través de él veo todo lo demás”.


Con los Ojos en Cristo

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:2.

De chico me encantaba competir en carreras de cien metros planos. En mi escuela había una competencia anual, y mi meta era siempre el primer lugar. Tomaba la carrera bastante en serio. Unos días antes, papá y yo salíamos a algún parque a practicar la carrera. Inclusive algunas veces papá trajo a alguien para que me diera recomendaciones de cómo correr mejor.

Cuando llegaba el día, papá me decía: “Voy a estar al final, en la meta. Hagas lo que hagas, no mires a los lados o atrás. Sólo mírame a mí”. Las carreras se ganan o pierden por segundos, así que mirar atrás es uno de los peores errores que un competidor puede hacer.

Cuando sonaba el silbatazo, el sonido de las porras y los gritos desaparecían, y lo único que veía era a papá en la meta, agitando las manos animándome a correr más fuerte.

En la carrera de la vida, uno no puede mirar atrás. Cristo dijo, “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). Es verdad que hay dificultades en la carrera de la vida, pero la clave es esta: fijar los ojos en Cristo.

En Él encontramos la fuerza para seguir avanzando. En su gracia encontramos las ganas para dar un paso más. En su victoria encontramos la nuestra, y en su muerte nuestra vida.

¡Mire a Cristo! El mundo le insta a mirar atrás, para que se desanime con los que han fracasado. O mirar a un lado, para distraerlo con lo que otros piensan o dicen. Pero Cristo está al final de la meta, animándole a seguir.

El que mira atrás pierde. Ponga sus ojos en Jesús.