Esta Navidad, ¡lee mi libro!



No hay nada como leer un buen libro. Sentarte y dejar que vuele la imaginación.

Esta es mi novela. Espero que esta Navidad puedas tomarte el tiempo de leerla. La puedes adquirir de manera electrónica en las ligas abajo, o en Monterrey en la librería La Vid (https://www.facebook.com/Librería-LA-VID-112191125489930/)

Reseña: Drama. Acción. Romance. Redención. "Mi Mesías" es una novela que busca tocar hasta lo más íntimo del alma. Benjamín es un joven pastor en Belén de Judea cuya vida cambia para siempre una noche en la que el cielo se ilumina y los ángeles anuncian la venida del Mesías. 

Pero aunque Benjamín está emocionado por la venida del Cristo... Yeshúa no es mas que un bebé. Y él—Benjamín—es un joven con muchos problemas. Su mamá está enferma y no tiene dinero para pagar los médicos. Su hermano, un zelote, no aporta nada a la casa. Frustrado, Benjamín decide probar la vida de ladrón. Y luego la vida de zelote—un religioso radical. 

Y así su vida comienza a dar en espiral hacia abajo... ¿Habrá algo, o alguien, que lo pueda redimir?

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Dónde comprar en pasta suave: Librería La Vid.


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¿Debemos celebrar la Navidad?

Peter Bruegel, "Belén en los tiempos de Cristo", 1566.

Esta época es una en que tenemos la oportunidad especial de dar testimonio de nuestra fe. Quisiera dar algunas razones por las cuales yo sí celebro la Navidad, algunos aspectos que no me gustan o no celebro, y una palabra para aquellos que no la celebran.

¿Qué es la Navidad?
Es importante tener una definición de lo que es la Navidad. Navidad viene del latín nativitas,[1] que quiere decir “nacimiento”. Así que, básicamente, la Navidad es la celebración de la encarnación; es decir el nacimiento del Dios hecho Hombre, nuestro Señor Jesucristo. En la Navidad se celebra algo que ninguna otra religión alega: que Dios se hizo carne con el propósito de salvar a sus criaturas de su pecado y su destino, el infierno.

Esa es, entonces—idealmente—la razón por la cual existe la Navidad. No son los regalos, ni las luces, ni el pinito, ni dar amor. Principalmente es una celebración. Es una fiesta de cumpleaños.

Sin embargo, muchos alegan que no debemos celebrar la Navidad. Me parece interesante que la mayoría de las personas que proponen esto no son ateos o personas de otra religión (ellos simplemente ignoran la razón y disfrutan de la época), sino Cristianos, normalmente conservadores, y con buenas intenciones. Una de las principales alegaciones es que no sabemos si Cristo nació el 25 de diciembre, y que más bien ésta es una celebración Católica con orígenes paganos que no tienen nada que ver con el deseo Cristiano-Protestante de ser regulados sólamente por la Palabra de Dios. Démosle, entonces, un vistazo al origen de ésta celebración.

El Origen de la Navidad.[2]
Dejemos en claro algo: la Biblia no dice cuándo nació Jesucristo. La mayoría de los teólogos hoy en día están de acuerdo que muy probablemente Cristo no nació el 25 de diciembre, y no voy a discutir las fechas que se proponen porque al final es hacer lo mismo, tratar de poner una fecha cuando simplemente no sabemos.

El registro histórico muestra que la primera persona en asociar el 25 de diciembre con el nacimiento de Cristo fue un historiador Cristiano llamado Sextus Julius Africanus, y ésto fue en el año 221 después de Cristo. Este dato es muy importante ya que la celebración del Sol Invictus fue inaugurada por el emperador Aureliano en el 274 d.C., casi 50 años después. Así que alegar que la fecha navideña es simplemente lo mismo al Sol Invictus es problemático.

Estamos hablando, entonces, que ésta asociación entre el nacimiento de Cristo y el 25 de diciembre comenzó hace más de mil setecientos años.

¿Pero qué no era la Navidad, específicamente el 25 de diciembre, una festividad romana/pagana que celebraba el Sol Invictus, o el dies solis invicti nati, es decir, “el día del nacimiento del sol inconquistable”? Hay que dejar otra cosa en claro: esta alegación no es segura, por las razones vistas arriba. ¿Una posibilidad? Sí. Pero el registro histórico no es claro al respecto, y hay otras teorías del porqué de la Navidad, así que decir con toda certeza que la Navidad no es más que una tradición pagana es ingenuidad. R.C. Sproul, teólogo y pastor, argumenta que si los Cristianos celebraban el 25 de diciembre de manera consciente y con el propósito de combatir, competir y suplantar la religión pagana que adoraba al sol, ¡bien por ellos!

Digamos que sí, la Navidad es la “cristianización” del dies solis invicti nati. ¿Entonces qué hacemos? Ésto que voy a decir ahora es mi opinión, aunque basada en mi teología del Reino de Dios.

El Reino de Dios, representado por los hijos de Dios, es superior al Reino Terrenal. Por lo tanto los Cristianos tenemos el deber y el poder de “redimir” ciertos aspectos de nuestra cultura, siempre y cuando se haga con cuidado y con el propósito de expandir el Reino. Un ejemplo contemporáneo sería cómo muchos Cristianos celebran el Día de la Reforma el 31 de Octubre, en lugar de celebrar el Halloween.

Si hace mil quinientos años, los Cristianos, cuya Fe se expandía vorazmente por el Imperio Romano y hasta los lugares más remotos del mundo conocido, decidieron cambiar esa tradición pagana por una tradición Cristiana, hicieron una buena labor, porque hoy en día nadie sabe lo de la tradición pagana, y todo mundo sabe de la tradición Cristiana.

Es increíble que la celebración de la Navidad tiene cientos de años, cuando hoy en día nadie sabe ni se acuerda de la tradición pagana del Sol Invictus. Es decir, los Cristianos ganamos, si pudiera ponerlo de esa manera.

¿Pero... qué del pinito, las decoraciones, y Santa?
Es verdad que antiguamente algunas naciones paganas adoraban árboles. Igualmente, algunas civilizaciones (incluida la Hebrea) veían el árbol como símbolo de la vida eterna. Sin embargo, ninguna persona que pone un pino de navidad tiene remotamente en su mente el deseo de adorar el árbol.

El uso del pinito como decoración navideña se remonta a aproximadamente el siglo 16, en Alemania. En el siglo 17 se introdujo a los EUA a través de colonos alemanes, y en el siglo 18 era una tradición muy popular entre los Luteranos alemanes. Para el siglo 19 y 20 ya era una tradición Cristiana popular alrededor del mundo, y algunos argumentan que la figura del pino representa la Trinidad por su forma triangular; y por supuesto, la estrella en la cima representa la estrella de Belén.

Aunque puede ser que el pino venga de ciertas tradiciones alemanas no-Cristianas, para los Cristianos alemanes era ciertamente una tradición Cristiana.

La tradición de las luces es relativamente moderna por el obvio motivo de que la electricidad es una invención moderna. Sin embargo, esta tradición se remonta al siglo 17, en donde los Cristianos decoraban sus casas con velas para celebrar la Navidad.

La tradición de dar regalos data de los finales del siglo 18, y es un recordatorio de que así como Dios dio a su Hijo, y como los Magos trajeron presentes a Cristo, los Cristianos debemos igualmente ser dadivosos y dar regalos a los demás. Un regalo siempre es inmerecido, al igual que Cristo.

En cuanto a Santa Claus, el personaje moderno se parece poco al personaje histórico de Nicolás de Myra, el pastor que, según la leyenda, al llegar al concilio de Nicea, ¡le dio una cachetada a Arrio el hereje! [3] Lamentablemente, el Santa Claus de hoy se parece poco al personaje histórico. Si, tiene un traje rojo (como los obispos), y da regalos a los niños (se dice que Nicolás era muy generoso), pero además de eso… no mucho

Yo no soy uno que demonice a Santa Claus. No me "rasgo las vestiduras" cuando veo a un Santa en el centro comercial, o en la TV tomándose un refresco popular. Sin embargo, creo que aquellos que incluyen a éste personaje en su celebración deben de hacerlo con cuidado.

A mis hermanos que no celebran la Navidad
Ya di algunas razones por las cuales yo celebro la Navidad. Una última: la gran mayoría de la gente está espiritualmente un poco más sensible en ésta época. Es más probable que acepten una invitación a la reunión de la iglesia, que lean algún folleto, vean una película evangelística, escuchen villancicos o acepten una lectura de los Evangelios en Nochebuena.

Además, no celebrar la Navidad es visto con desconfianza por los que no creen. “¿Qué no son Cristianos? ¿Y no celebran el nacimiento de Jesús? Han ser de alguna secta”. Es decir, no celebrar la Navidad resulta muchas veces contra-producente.

Pero si tú, mi hermano, por motivos de conciencia, o por cualquier otro motivo (por ejemplo, la secularización de la Navidad, lo cual a mí también me preocupa), no celebras la Navidad... estás en tu derecho. La Biblia dice que tenemos la libertad, y también la obligación, de no ir contra nuestra conciencia. Igualmente, ya que la celebración de la Navidad no es mandada en la Biblia, no estás obligado a celebrarla. Los Puritanos no la celebraban, y tú no tienes qué hacerlo. No me molesta ni me enoja, aunque no creo que sea la mejor decisión.

Concluyendo...
En cuanto a mí, sí celebro la Navidad. Me gustan las luces, el pinito, y dar regalos (¡y recibir también!). Y es verdad que el verdadero motivo de la Navidad se está perdiendo y está siendo suplantado por otras cosas. Pero por la gracia de Dios, no será así en mi vida.

Así que... ¿debemos celebrar la Navidad? No debemos (no es una obligación), pero podemos (es una oportunidad).

Sin más qué decir...

¡Feliz Navidad!


Nota: si te gustó este artículo, quizá también te interese: "4 razones bíblicas para celebrar la Navidad".





[1] Definición, Real Academia Española, http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=navidad
[2] Un buen lugar para consultar es la Enciclopedia Britannica,http://www.britannica.com/EBchecked/topic/115686/Christmas
[3] uno de los mejores artículos al respecto se puede encontrar (en inglés) En la siguiente liga: http://blogs.thegospelcoalition.org/kevindeyoung/2012/12/14/who-was-st-nicholas/ (consultado: Dic. 13, 2015).

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4 Razones bíblicas para celebrar la Navidad.



En la Biblia encontramos mandatos y principios bíblicos. Como creyentes, seguimos ambas cosas. Por supuesto, es más sencillo seguir los mandatos, ya que son explícitos. Con los principios es un poco más complicado ya que en algunas ocasiones los encontramos de manera indirecta.

La Biblia contiene historias y personas que nos proporcionan principios bíblicos a seguir. Encontramos un buen número de versículos bíblicos que nos exhortan a seguir el ejemplo o ejemplos que encontramos en las Escrituras (aquí algunos: 1 Cor. 10:6, 11; Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; Tito 2:7; Sant. 5:10; 2 Pedro 2:6).

Aún más, Cristo mismo nos exhorta no solamente a obedecer sus mandatos, sino también a seguir su ejemplo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15; ver 1 Pe. 2:21).

Es bien sabido que no encontramos un mandato bíblico explícito para celebrar la Navidad. ¿Quiere eso decir que es anti-bíblico? ¿O habrá algunos principios bíblicos para celebrarla? Me parece que sí. Quisiera sugerir algunos a continuación.

1. El ejemplo de los ángeles.
Me sorprende cuando algunos dicen que la Biblia no da ejemplo de celebrar el nacimiento. ¡Los ángeles mismos celebraron el nacimiento de Jesucristo con un canto! “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Luc. 2:14). Una de las formas en la que los judíos celebran un evento, es cantando. ¿Es la encarnación un evento digno de celebrarse? ¡Por supuesto que sí!

Cuando Jesucristo nació, el cielo festejó. Los ángeles lo hicieron con un canto, y siendo que los ángeles son mensajeros de Dios, y que solamente hacen lo que Dios les manda, podemos inferir que Dios también celebró el nacimiento de su Hijo. La Palabra nos manda celebrar las obras de Dios (Sal. 89:5; 145:4; Is. 12:4), ¡y que obra tan grande es la encarnación de Jesucristo!

Por cierto, ¿cuál fue la reacción de los pastores al ver a Jesús? ¡Celebraron! “Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Luc. 2:20).[i]

2. El ejemplo de los magos.
Los magos llegaron tiempo después el nacimiento de Jesús (aunque Mateo no especifica cuánto tiempo). Quizás, en parte, llegan después debido a que viajaron desde el oriente. Cuando llegan, se postran en adoración, indicando que reconocen que Jesús es Rey, y le ofrecen tres presentes: oro, incienso, y mirra.

Se pudiera objetar: “¡Los magos vinieron a adorar, no a celebrar!”. Sin embargo, celebrar y adorar no son dos conceptos opuestos. Por ejemplo, este verso: “Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zac. 14:16). Este no es el único ejemplo. En las siete fiestas judías, adorar y celebrar eran dos cosas que se hacían juntas. Entonces, por lo menos en las fiestas bíblicas, la adoración se hacía en el contexto de celebración.

Así como los magos, los creyentes debemos celebrar la Navidad como un tiempo de adoración. Si no hay adoración en nuestra celebración, nuestro festejo es hueco.

3. El ejemplo de Jesucristo.
He escuchado la siguiente objeción: “No debemos celebrar la Navidad, ya que la Biblia no manda su celebración”.[ii] Sin embargo, en el Evangelio de Juan vemos que Jesucristo mismo celebró una fiesta que no era mandada en las Escrituras.

Leemos lo siguiente: “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón” (Jn. 10:22-23). ¿Qué hacía Jesús en el templo? ¡Celebrando, por supuesto!

Se celebraba la fiesta de la dedicación, la cual “no estaba autorizada por las Escrituras Hebreas; era una institución relativamente reciente”.[iii] Esta fiesta se había este intuido en el periodo entre los dos testamentos, “para marcar la rededicación del templo después de ser desecrado por Antíoco Epifanes en el 164 a.C.”.[iv]

La fiesta de la dedicación era celebrada por los judíos ya que era algo digno de celebrarse. Jesucristo, siendo judío, la celebró. Nosotros no somos judíos, así que no tenemos por qué celebrar esta fiesta (además, el Nuevo Testamento es claro en el libro de Hebreos que toda celebración del Templo, con sus rituales y fiestas, se han cumplido por y en Jesucristo). Sin embargo, encontramos este principio: que la Biblia admite (por el ejemplo de Jesucristo mismo) el derecho a celebrar algo digno de celebrarse.

¿Es la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo algo digno de ser celebrado?

4. El principio de Pablo.
El apóstol Pablo era muy práctico. Pero su práctica estaba basada en teología profunda. En Romanos y Corintios escribe principios similares (aunque la situación en las dos ciudades no era idéntica). El debate en cuanto a celebrar ciertas fechas, comer o abstenerse de ciertas comidas es resuelto de la siguiente manera:

“6 El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven. 10 Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!” (Rom. 14:6-10, NVI).

Pablo nos recuerda lo que en verdad importa: glorificar a Dios. Independientemente de si celebras o no celebras, no eres mejor o peor creyente. Dios ve tu corazón. Dios no se centra en si celebras, sino por qué celebras.

Algunos hermanos, por razones bastante legítimas, deciden abstenerse de celebrar la Navidad. Esa es una libertad que la Biblia otorga (hay buenos ejemplos de hermanos en Cristo que se han abstenido de la celebración navideña, por ejemplo los Puritanos).

Pero de igual manera, hay libertad para celebrar la Navidad, y la gran mayoría de la iglesia por 1800 años (aproximadamente) ha celebrado el nacimiento de Jesucristo. Así que si celebras, ¡hazlo para la gloria de Dios!

Conclusión.
La Biblia dice: “hacedlo todo para la gloria de Dios”. Este mes de diciembre tenemos la oportunidad como creyentes de ser luz en las tinieblas. Cada vez más la fiesta del nacimiento de Jesucristo se convierte en una excusa para todo tipo de exceso. Nosotros podemos ser el ejemplo de lo contrario, celebrando con gozo y alegría, participando de dar regalos y recibirlos, comer pavo y tomar chocolate, cantar himnos navideños (¡y enseñarlos a nuestros familiares!), sabiendo que es un tiempo principalmente de adoración. Hagamos de esta celebración un tiempo de adoración, recordando el motivo de la Encarnación.

Si vas a celebrar la Navidad, celébrala para la gloria de Dios.




[i] Celebrar y glorificar no son cosas opuestas: “Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová” (2 Crón. 30:21).
[ii]  Esta parece ser una aplicación del “principio regulativo” de adoración. Sin embargo, este principio ha sido abusado y aplicado de manera excesiva, tanto que algunos han prohibido el uso de instrumentos en la congregación debido a dicho principio. Aunque estoy acuerdo con este principio en bastantes aspectos, creo que usarlo para prohibir la Navidad es un exceso.
[iii] D. A. Carson, The Gospel According to John (PNTC; Grand Rapids: Eerdmans, 1991), 391 (mi trad.).
[iv] New Bible Commentary: 21st Century Edition (ed. D. A Carson et al.; Downers Grove: InterVarsity Press, 1994), 1047 (mi trad.).




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Cinco elementos indispensables en la oración.



La oración es la manera en la cual nos comunicamos con Dios. Dios ha establecido las formas en las cuales nos podemos acercar a Él. Tristemente, cuando se trata de la oración, parece que hoy en día en el mundo evangélico reina el lema del libro de los jueces: “cada quien hacía lo que bien le parecía”.

Pero como cristianos, debemos saber que Dios no nos ha dejado a oscuras en cuanto a cómo comunicarnos con Él. Él nos habla a través de la Biblia, y nosotros le respondemos principalmente a través de la oración.

A lo largo de la Biblia, encontramos cinco elementos indispensables que debemos incluir en nuestras oraciones. Te puedo asegurar que si implementas estos elementos bíblicos, tu oración será más profunda, y lo más importante: más bíblica.

1. Adoración.
La oración típica del cristiano es una breve acción de gracias, y de ahí directo a las peticiones. Sin embargo, la adoración es un elemento indispensable. Vemos que nuestro señor Jesucristo ejemplifica esto al comenzar con “santificado sea tu nombre”.[i]

Adorar es alabar a Dios por quién es. Es darle el honor que merece por el simple hecho de que es Dios. Quizás te ayude algo que me ayudó a mi: hice una lista de los atributos de Dios, y los escribí en una libreta. En diferentes días, tomo uno de los atributos de Dios, y le alabo por ello. De esa manera, comienzo mi oración con adoración.

2. Acción de gracias.[ii]
Somos personas mal agradecidas. Nuestra cultura está acostumbrada a pedir y pedir, pero no a dar gracias. Nos gusta exigir, pero no agradecer.

¿Somos agradecidos ante Dios? Sólo tenemos que pensar un poco, y nos daremos cuenta que nos ha dado de manera sobre abundante. El hecho de que seguimos vivos es por su pura misericordia. Podemos respirar, hablar, amar, pensar, cantar, comer, y la lista sigue.

Hay un himno que en inglés dice: “cuenta tus bendiciones, nómbralas una por una”. ¡Qué buena idea! Te recomiendo escribir esas bendiciones, y darle gracias a Dios específicamente por ellas. Si queremos que Dios nos conteste nuestras peticiones específicas, ¡seamos específicos también nosotros!

3. Confesión.
Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”, escribió el salmista (Sal. 51:4). Cuando venimos ante el trono de la gracia, venimos cubiertos en la sangre de Jesucristo. Es por esta sangre—por la muerte redentora de Jesús—que podemos venir ante el Padre.

Cuando confesamos nuestros pecados, reconocemos que, como decía Lutero, somos “santos y pecadores”. Al confesar mi pecado, reconozco que soy quien soy por la gracia de Dios, y que busco tener una relación estrecha con él.

La Biblia dice que Dios es siempre fiel, y su justicia queda intacta al perdonar nuestros pecados (1Jn. 1:9), ya que somos perdonados no por quienes somos, sino por Jesús.

4. Petición.
El Señor Jesucristo enseñó a sus discípulos a pedir por el “pan nuestro de cada día”. Me llama la atención la frase de cada día. No pide por el mes, ni por la semana, sino por el pan diario.

Dios quiere que confiamos en que él suplirá nuestras necesidades diarias. Dice el proverbio: “No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario” (Prov. 30:8). En nuestras peticiones, debemos mantener una actitud de humildad y dependencia.

No caigamos en el error del pseudo-evangelio de la prosperidad, que predica una teología pediche y berrinchuda. No vengamos a Dios con nuestros caprichos, sino con nuestras peticiones.

5. Entrega.
“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno”[iii]. Debemos buscar entregarnos a Dios diariamente. Dijo Lutero que la vida del cristiano es una de constante arrepentimiento. Igualmente, es de constante entrega.

Al entregarme a Dios, le pido que me tome en sus manos y me use para su gloria. El entregarme a Dios es reconocer que él es Dios, y yo soy su siervo.

Espero que puedas implementar estos elementos bíblicos e indispensables en tu oración. Mientras más apegados seamos a las Escrituras,tendremos una relación más estrecha con Dios. En lugar de buscar experiencias místicas, vengamos a Dios de la manera que él ha establecido: a través de la oración bíblica y sólida.





[i] El elemento de adoración lo vemos muchas veces en el libro de los Salmos.
[ii] Algunos versículos que hablan de esto: Neh: 12:46; Rom. 14:6; Col 1:3; 1 Tes 1:2; 2 Tim 1:3.
[iii] Aunque normalmente traducido como “del mal”, la palabra griega en Mt. 6:13 incluye un artículo, y se puede traducir como “el maligno”.

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