4 Razones bíblicas para celebrar la Navidad.



En la Biblia encontramos mandatos y principios bíblicos. Como creyentes, seguimos ambas cosas. Por supuesto, es más sencillo seguir los mandatos, ya que son explícitos. Con los principios es un poco más complicado ya que en algunas ocasiones los encontramos de manera indirecta.

La Biblia contiene historias y personas que nos proporcionan principios bíblicos a seguir. Encontramos un buen número de versículos bíblicos que nos exhortan a seguir el ejemplo o ejemplos que encontramos en las Escrituras (aquí algunos: 1 Cor. 10:6, 11; Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; Tito 2:7; Sant. 5:10; 2 Pedro 2:6).

Aún más, Cristo mismo nos exhorta no solamente a obedecer sus mandatos, sino también a seguir su ejemplo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15; ver 1 Pe. 2:21).

Es bien sabido que no encontramos un mandato bíblico explícito para celebrar la Navidad. ¿Quiere eso decir que es anti-bíblico? ¿O habrá algunos principios bíblicos para celebrarla? Me parece que sí. Quisiera sugerir algunos a continuación.

1. El ejemplo de los ángeles.
Me sorprende cuando algunos dicen que la Biblia no da ejemplo de celebrar el nacimiento. ¡Los ángeles mismos celebraron el nacimiento de Jesucristo con un canto! “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Luc. 2:14). Una de las formas en la que los judíos celebran un evento, es cantando. ¿Es la encarnación un evento digno de celebrarse? ¡Por supuesto que sí!

Cuando Jesucristo nació, el cielo festejó. Los ángeles lo hicieron con un canto, y siendo que los ángeles son mensajeros de Dios, y que solamente hacen lo que Dios les manda, podemos inferir que Dios también celebró el nacimiento de su Hijo. La Palabra nos manda celebrar las obras de Dios (Sal. 89:5; 145:4; Is. 12:4), ¡y que obra tan grande es la encarnación de Jesucristo!

Por cierto, ¿cuál fue la reacción de los pastores al ver a Jesús? ¡Celebraron! “Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Luc. 2:20).[i]

2. El ejemplo de los magos.
Los magos llegaron tiempo después el nacimiento de Jesús (aunque Mateo no especifica cuánto tiempo). Quizás, en parte, llegan después debido a que viajaron desde el oriente. Cuando llegan, se postran en adoración, indicando que reconocen que Jesús es Rey, y le ofrecen tres presentes: oro, incienso, y mirra.

Se pudiera objetar: “¡Los magos vinieron a adorar, no a celebrar!”. Sin embargo, celebrar y adorar no son dos conceptos opuestos. Por ejemplo, este verso: “Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zac. 14:16). Este no es el único ejemplo. En las siete fiestas judías, adorar y celebrar eran dos cosas que se hacían juntas. Entonces, por lo menos en las fiestas bíblicas, la adoración se hacía en el contexto de celebración.

Así como los magos, los creyentes debemos celebrar la Navidad como un tiempo de adoración. Si no hay adoración en nuestra celebración, nuestro festejo es hueco.

3. El ejemplo de Jesucristo.
He escuchado la siguiente objeción: “No debemos celebrar la Navidad, ya que la Biblia no manda su celebración”.[ii] Sin embargo, en el Evangelio de Juan vemos que Jesucristo mismo celebró una fiesta que no era mandada en las Escrituras.

Leemos lo siguiente: “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón” (Jn. 10:22-23). ¿Qué hacía Jesús en el templo? ¡Celebrando, por supuesto!

Se celebraba la fiesta de la dedicación, la cual “no estaba autorizada por las Escrituras Hebreas; era una institución relativamente reciente”.[iii] Esta fiesta se había este intuido en el periodo entre los dos testamentos, “para marcar la rededicación del templo después de ser desecrado por Antíoco Epifanes en el 164 a.C.”.[iv]

La fiesta de la dedicación era celebrada por los judíos ya que era algo digno de celebrarse. Jesucristo, siendo judío, la celebró. Nosotros no somos judíos, así que no tenemos por qué celebrar esta fiesta (además, el Nuevo Testamento es claro en el libro de Hebreos que toda celebración del Templo, con sus rituales y fiestas, se han cumplido por y en Jesucristo). Sin embargo, encontramos este principio: que la Biblia admite (por el ejemplo de Jesucristo mismo) el derecho a celebrar algo digno de celebrarse.

¿Es la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo algo digno de ser celebrado?

4. El principio de Pablo.
El apóstol Pablo era muy práctico. Pero su práctica estaba basada en teología profunda. En Romanos y Corintios escribe principios similares (aunque la situación en las dos ciudades no era idéntica). El debate en cuanto a celebrar ciertas fechas, comer o abstenerse de ciertas comidas es resuelto de la siguiente manera:

“6 El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven. 10 Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!” (Rom. 14:6-10, NVI).

Pablo nos recuerda lo que en verdad importa: glorificar a Dios. Independientemente de si celebras o no celebras, no eres mejor o peor creyente. Dios ve tu corazón. Dios no se centra en si celebras, sino por qué celebras.

Algunos hermanos, por razones bastante legítimas, deciden abstenerse de celebrar la Navidad. Esa es una libertad que la Biblia otorga (hay buenos ejemplos de hermanos en Cristo que se han abstenido de la celebración navideña, por ejemplo los Puritanos).

Pero de igual manera, hay libertad para celebrar la Navidad, y la gran mayoría de la iglesia por 1800 años (aproximadamente) ha celebrado el nacimiento de Jesucristo. Así que si celebras, ¡hazlo para la gloria de Dios!

Conclusión.
La Biblia dice: “hacedlo todo para la gloria de Dios”. Este mes de diciembre tenemos la oportunidad como creyentes de ser luz en las tinieblas. Cada vez más la fiesta del nacimiento de Jesucristo se convierte en una excusa para todo tipo de exceso. Nosotros podemos ser el ejemplo de lo contrario, celebrando con gozo y alegría, participando de dar regalos y recibirlos, comer pavo y tomar chocolate, cantar himnos navideños (¡y enseñarlos a nuestros familiares!), sabiendo que es un tiempo principalmente de adoración. Hagamos de esta celebración un tiempo de adoración, recordando el motivo de la Encarnación.

Si vas a celebrar la Navidad, celébrala para la gloria de Dios.




[i] Celebrar y glorificar no son cosas opuestas: “Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová” (2 Crón. 30:21).
[ii]  Esta parece ser una aplicación del “principio regulativo” de adoración. Sin embargo, este principio ha sido abusado y aplicado de manera excesiva, tanto que algunos han prohibido el uso de instrumentos en la congregación debido a dicho principio. Aunque estoy acuerdo con este principio en bastantes aspectos, creo que usarlo para prohibir la Navidad es un exceso.
[iii] D. A. Carson, The Gospel According to John (PNTC; Grand Rapids: Eerdmans, 1991), 391 (mi trad.).
[iv] New Bible Commentary: 21st Century Edition (ed. D. A Carson et al.; Downers Grove: InterVarsity Press, 1994), 1047 (mi trad.).




¡Comparte este artículo con otros!


Cinco elementos indispensables en la oración.



La oración es la manera en la cual nos comunicamos con Dios. Dios ha establecido las formas en las cuales nos podemos acercar a Él. Tristemente, cuando se trata de la oración, parece que hoy en día en el mundo evangélico reina el lema del libro de los jueces: “cada quien hacía lo que bien le parecía”.

Pero como cristianos, debemos saber que Dios no nos ha dejado a oscuras en cuanto a cómo comunicarnos con Él. Él nos habla a través de la Biblia, y nosotros le respondemos principalmente a través de la oración.

A lo largo de la Biblia, encontramos cinco elementos indispensables que debemos incluir en nuestras oraciones. Te puedo asegurar que si implementas estos elementos bíblicos, tu oración será más profunda, y lo más importante: más bíblica.

1. Adoración.
La oración típica del cristiano es una breve acción de gracias, y de ahí directo a las peticiones. Sin embargo, la adoración es un elemento indispensable. Vemos que nuestro señor Jesucristo ejemplifica esto al comenzar con “santificado sea tu nombre”.[i]

Adorar es alabar a Dios por quién es. Es darle el honor que merece por el simple hecho de que es Dios. Quizás te ayude algo que me ayudó a mi: hice una lista de los atributos de Dios, y los escribí en una libreta. En diferentes días, tomo uno de los atributos de Dios, y le alabo por ello. De esa manera, comienzo mi oración con adoración.

2. Acción de gracias.[ii]
Somos personas mal agradecidas. Nuestra cultura está acostumbrada a pedir y pedir, pero no a dar gracias. Nos gusta exigir, pero no agradecer.

¿Somos agradecidos ante Dios? Sólo tenemos que pensar un poco, y nos daremos cuenta que nos ha dado de manera sobre abundante. El hecho de que seguimos vivos es por su pura misericordia. Podemos respirar, hablar, amar, pensar, cantar, comer, y la lista sigue.

Hay un himno que en inglés dice: “cuenta tus bendiciones, nómbralas una por una”. ¡Qué buena idea! Te recomiendo escribir esas bendiciones, y darle gracias a Dios específicamente por ellas. Si queremos que Dios nos conteste nuestras peticiones específicas, ¡seamos específicos también nosotros!

3. Confesión.
Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”, escribió el salmista (Sal. 51:4). Cuando venimos ante el trono de la gracia, venimos cubiertos en la sangre de Jesucristo. Es por esta sangre—por la muerte redentora de Jesús—que podemos venir ante el Padre.

Cuando confesamos nuestros pecados, reconocemos que, como decía Lutero, somos “santos y pecadores”. Al confesar mi pecado, reconozco que soy quien soy por la gracia de Dios, y que busco tener una relación estrecha con él.

La Biblia dice que Dios es siempre fiel, y su justicia queda intacta al perdonar nuestros pecados (1Jn. 1:9), ya que somos perdonados no por quienes somos, sino por Jesús.

4. Petición.
El Señor Jesucristo enseñó a sus discípulos a pedir por el “pan nuestro de cada día”. Me llama la atención la frase de cada día. No pide por el mes, ni por la semana, sino por el pan diario.

Dios quiere que confiamos en que él suplirá nuestras necesidades diarias. Dice el proverbio: “No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario” (Prov. 30:8). En nuestras peticiones, debemos mantener una actitud de humildad y dependencia.

No caigamos en el error del pseudo-evangelio de la prosperidad, que predica una teología pediche y berrinchuda. No vengamos a Dios con nuestros caprichos, sino con nuestras peticiones.

5. Entrega.
“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno”[iii]. Debemos buscar entregarnos a Dios diariamente. Dijo Lutero que la vida del cristiano es una de constante arrepentimiento. Igualmente, es de constante entrega.

Al entregarme a Dios, le pido que me tome en sus manos y me use para su gloria. El entregarme a Dios es reconocer que él es Dios, y yo soy su siervo.

Espero que puedas implementar estos elementos bíblicos e indispensables en tu oración. Mientras más apegados seamos a las Escrituras,tendremos una relación más estrecha con Dios. En lugar de buscar experiencias místicas, vengamos a Dios de la manera que él ha establecido: a través de la oración bíblica y sólida.





[i] El elemento de adoración lo vemos muchas veces en el libro de los Salmos.
[ii] Algunos versículos que hablan de esto: Neh: 12:46; Rom. 14:6; Col 1:3; 1 Tes 1:2; 2 Tim 1:3.
[iii] Aunque normalmente traducido como “del mal”, la palabra griega en Mt. 6:13 incluye un artículo, y se puede traducir como “el maligno”.

¿Te gustó el artículo? ¡Compártelo con otros!

¿Existen los Milagros?




“¡Fue un milagro!”. Todos hemos escuchado esa expresión. Inclusive, quizá, la hemos dicho. A veces nos confundimos con las palabras, y usamos el término común pero no el correcto. La palabra milagro se usa tan casualmente que parece como si ocurrieran todos los días; pero en la Biblia vemos que los milagros no sucedían muy a menudo.      

Ahora, primeramente, quiero dejar algo claro: sí creo en los milagros. Si no creyera en ellos, no podría creer en la Biblia. Sin duda alguna el día de hoy Dios sigue haciendo milagros (y el más grande de todos es la regeneración).

Pero muchas veces usamos la palabra milagro cuando nos referimos más bien a la providencia de Dios.

¿Que es un milagro?
Hablando estrictamente, es cuando Dios interviene de manera sobrenatural en las leyes de la naturaleza.[i] Es como convertir agua en vino, o dar vista a un ciego. Un milagro es dividir un mar en dos, hacer flotar la cabeza de un hacha, o dar comida a miles de personas con cinco panes y dos pececillos. Es cuando, como dice el teólogo Louis Berkhof, Dios “produce efectos extraordinarios de modo sobrenatural”.[ii]

A veces creemos que los milagros pasaban muy seguido en la Biblia, pero la realidad es que no. Considerando que la Biblia narra aproximadamente de 5,000 a 6,000 años de historia, podemos ver que los milagros  narrados en las Escrituras representan una pequeña porción de tiempo (aproximadamente 300 años, probablemente menos).

Los milagros sucedieron principalmente en tres épocas, y cada época duró aproximadamente dos generaciones. Las épocas son:

  • Moisés y Josué.
  • Elías y Eliseo.
  • Jesús y los apóstoles.

Fuera de estos tiempos, rara vez vemos milagros, y más bien vemos visiones, profecías, y la providencia de Dios actuando en el mundo.       

¿Qué es la Providencia?
La Providencia es “la actividad de Dios al y dirigir el curso de eventos para cumplir sus propósitos”.[iii] Es el gobierno soberano de Dios sobre todo lo creado. Es la manera en que Dios arregla situaciones, personas, y el tiempo para cumplir su voluntad.

¿Alguna vez te ha pasado que justamente cuando más necesitabas ayuda, alguien estuvo cerca para darte la mano? ¿O que cuando pensabas que ya nada podía solucionarte un problema, de alguna manera todo resultó bien de una manera impresionante? Eso no es suerte o casualidad. ¡Esa es la providencia de Dios!

Dios mueve a personas, pensamientos, deseos, etc., para cumplir lo que Él quiere. Si nos ponemos a pensar, la providencia de Dios es absolutamente increíble. Nos enseña que Dios es un Dios detallista, que se fija en las pequeñas cosas, y que ajusta detalles para nuestro beneficio.

Sin duda alguna, los milagros son reales y existen. Pero de manera general Dios obra a través de la providencia, ya que los milagros son eventos esporádicos y especiales que normalmente están reservados para anunciar nueva revelación de Dios.

Termino con una de las frases que me gustan mucho del pastor John Piper: “Dios está siempre haciendo 10,000 cosas en tu vida, y quizá estás al tanto de tres de ellas”.[iv]

¿Haz experimentado la providencia de Dios últimamente? ¡Da gracias a Dios por ello!





[i] La mayoría de los teólogos tienen esta definición angosta de la palabra “milagro”. La idea es que es un acto sobrenatural—sobre la naturaleza. Un milagro no es una violación a las leyes de la naturaleza, sino cuando una ley superior (Dios) actúa sobre una ley natural (ver Louis Berkhof, Systematic Theology (edición gratuita por biblicaltraining.org), p. 193).
[ii] Berkhof, 193 (mi traducción).
[iii] Millard Erickson, Christian Theology (Baker Academic 1998), p. 414.
[iv] John Piper, Enero 1, 2013, http://www.desiringgod.org/articles/every-moment-in-2013-god-will-be-doing-10-000-things-in-your-life (consultado: Noviembre 10, 2015).


5 Consejos para tener un mejor devocional.



El devocional es indispensable para el crecimiento cristiano. Todos entendemos la importancia de pasar tiempo a solas con Dios, meditando en su palabra y orando. Lamentablemente, muchos de nosotros batallamos en tener un tiempo devocional provechoso. Quisiera darte algunos consejos que me han ayudado a mí.

1. Dedica un tiempo específico.

La Biblia dice que debemos vivir “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:16). La verdad es que tú y yo estamos muy ocupados. ¿Tan ocupados como para no pasar un tiempo con Dios? ¡Espero que no!

La clave no es encontrar el tiempo, sino dedicar el tiempo. Es decir, ponerlo en la agenda y darle prioridad. Interesante como encontramos tiempo para checar el Facebook, nuestro e-mail, e inclusive ver nuestra serie favorita, pero para el devocional no.

Desde hace unos meses para acá el tiempo designado para mi devocional es de 7:30-8:00 am. Ese tiempo lo dedico específicamente para leer la Palabra y orar. Hago todo lo posible por no entrar al Internet sin antes haber pasado tiempo con Dios. De las 24 horas del día, selecciona de 15 minutos a 30 minutos para pasar tiempo con el Dios que te ha creado y te ha dado vida eterna.

2. Convéncete de su importancia.

Nunca le darás un tiempo designado a tu devocional si no estás convencido de la importancia que tiene en tu vida. Leer y meditar en la Palabra es esencial. Es cuestión de vida o muerte.         

Escribió el salmista que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. A través de la Biblia somos convencidos del pecado, y transformados a la imagen de Jesucristo. Debemos desear como niños la leche espiritual de la Palabra para que crezcamos en nuestra vida cristiana en santificación.

¡Tu alma depende de esto!

3. Encuentra el lugar perfecto.


Me gusta el silencio. Hay belleza en el silencio y en el tiempo de quietud. Encuentra un lugar en donde puedas estar a solas con Dios. Me llama mucho la atención como el Señor Jesucristo se retiraba al desierto o al jardín de Getsemaní para pasar tiempo a solas con Dios. Jesús pasaba largas horas en oración, y se retiraba en la noche o muy de mañana.

Para algunos como yo, el mejor lugar es donde puedan tener un poco de silencio y solitud. En mi caso es mi oficina. Para otros, quizás sea un Café, o en la cama, o en el cuarto, o algún otro lugar. Para algunos, ¡el mejor lugar será el metro!

Sea como sea, encuentra tu lugar. Tu desierto; tu Getsemaní.

4. Usa las herramientas adecuadas.

Ya tengo más de un año usando mi iPad para mi tiempo devocional. Las razones son prácticas. Uso una aplicación llamada OliveTree que mantiene un registro de mi lectura anual (para un estudio más profundo, uso Accordance). Además, tengo acceso inmediato a un buen número de versiones. Las que más uso son la Reina Valera 1960, la Nueva Versión Internacional, la Nueva Traducción Viviente, la English Standard Version, y el NA27 (Griego).

Para apuntar uso una libreta Moleskine y una pluma Pigma Micron. No siempre tomo apuntes, pero cuando lo hago, uso mi libreta o a veces la app misma.

Algunos preferirán su Biblia impresa, ¡adelante! (Yo aún estoy esperando que alguien publique una Biblia en español como esta, y entonces regresaré a la Biblia impresa).

5. Ten un plan específico.

A mí me gustan las rutinas. No tienes que caer en la rutina, pero sí recomiendo que tengas un plan. Como dice el dicho, “el que fracasa en planear, planea fracasar”. Aquí un plan sugerido:
  • Oración de iluminación: 2 minutos.
  • Lectura bíblica consecutiva: 15 minutos.
  • Lectura breve de un libro: 5 minutos.[i]
  • Oración intencional: 10 minutos.

Al final, este plan te tomará aproximadamente 30 minutos. Quizá tendrás que modificarlo dependiendo de tu tiempo.

Estos fueron algunos consejos sencillos que me han ayudado. Me gustaría escuchar de ti. ¿Qué consejo puedes dar para tener un mejor tiempo devocional?




[i] *Recomiendo El valle de la visión, una compilación de oraciones Puritanas.

¡Comparte este artículo con otros!