No
se me olvida aquella vez en que una amiga norteamericana me dijo con expresión
de dolor: “No puedo creer que mis papás sean racistas”. Sus padres le habían
hecho un comentario de uno de sus amigos (de raza negra) que era, sin lugar a
duda, racista.
Lo
más triste es que sus padres eran miembros mucho tiempo en una conocida iglesia
Cristiana. Pero esto no pasa sólo en los EUA. En nuestros países hispanos
abunda el racismo y el clasismo. Estas actitudes son anti-Cristianas y deben
por siempre desaparecer de nuestras iglesias.
En
cuanto al racismo, la Biblia dice claramente: “Y de una sangre he hecho todo el
linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”
(Hechos 17:26). Así que ya que todos somos descendientes de Adán, sólo hay una
raza: la raza humana.
En
cuanto a clasismo, Santiago capítulo dos nos advierte en contra de este pecado diciendo: “Pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado,
y quedáis convictos por la ley como transgresores.” (Santiago 2:9)
La
noticia del veredicto contra Donald Sterling por la NBA acerca de sus
comentarios racistas debe darnos felicidad y pena.*
Felicidad,
porque el mundo mismo está reconociendo el problema del racismo. Pena, porque
la Iglesia se ha quedado muy atrás en esto, tolerando el racismo y clasismo en
sus bancas.
Así
que deshagámonos de expresiones que denigren en base a color de piel o clase
socio-económica, y aprendamos de Cristo, el “amigo de pecadores” (Mt. 7:34).
*Hay algunos aspectos del tema contra Sterling con los cuales tengo reserva, pero en general opino que la actitud clara en contra del racismo por la NBA es de notarse.



